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Omar El Bachiri

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Llevo dos años sin trabajar. Busco y no encuentro.

También he intentado montar mi propia empresa pero de momento no es factible. No tengo el dinero suficiente para comprar el material, pagar el alquiler y hacer frente a los gastos mensuales. Estoy recibiendo el paro y las ayudas sociales, gracias a esto voy tirando. Por lo menos tengo cubiertas mis necesidades básicas pero moralmente, estoy destrozado. Te voy a contar cómo se hunde una persona cuando está obligada a no trabajar, a no ser productiva para la sociedad. Puedo ser tu padre o tu madre. Tengo 57 años y a los 55 la empresa para la que trabajaba bajó la persiana, dejándonos a mí y a otros 36 compañeros en la calle. Una cosa es no querer trabajar e ingeniárselas para vivir de las ayudas sociales y otra muy diferente es sentirse excluido del sistema. Porque por mucho que quieras trabajar, nadie te contrata. Ya sea porque no hay trabajo o porque te consideran demasiado mayor. Mi historia es una más, no creas que soy un caso aislado. La empresa privada me considera viejo como para contratarme y el estado afirma que soy joven para poder jubilarme. No importa mi oficio. Afecta a todos los sectores, médico, abogado, mecánico, camarero, empleado de comercio, etc.

Los primeros siete meses tenía mucha esperanza en encontrar trabajo. Además, lo veía como una oportunidad para cambiar de vida. Me levantaba optimista y con energía. Desayunaba, entraba en las redes sociales, buscaba en la prensa y en las páginas de ofertas de trabajo. Conseguía unas 8 entrevistas por semana. Pero en todas me decían lo mismo, ya te llamaremos. Así fueron pasando los meses y así también se iba reduciendo la cuenta bancaria. Yo, todavía soy afortunado, tengo ahorros, pero, muchos de mis ex-compañeros vivían al día y en cuanto dejaron de recibir su nómina, empezó el infierno para ellos. Algunos fueron desahuciados de sus viviendas, ya fueran de alquiler o de hipoteca. Imagínate el panorama. Sin empleo y sin vivienda.  En menos de 120 días pasas de ser un ciudadano respetable a ser un desecho de la sociedad. Desde el momento en el que no tienes una dirección de correos no eres nadie. Si un organismo público quiere contactarte y no tiene tu número de teléfono, estás perdido. Dejas de existir para el sistema. Es lo peor que le puede suceder a alguien, perder su vivienda. Desde ese mismo instante pierdes la condición de ser humano. Significa no dormir en un lugar seguro y confortable. Te vas a preguntar todo el día, dónde dormirás hoy.

Esta situación modifica nuestro comportamiento. Nos volvemos pesimistas y no tenemos ilusión por el futuro. Entramos en un bucle del cual es muy difícil salir. Cuando llevas ya nueve meses buscando y ves que no aparece nada, te desesperas. Te cambia el humor, te irritas y tienes malas contestaciones. Esto condiciona que puedas encontrar trabajo. Somos lo que reflejamos y los demás lo perciben. Tus ahorros se van agotando y te vuelves previsor y meticuloso con los gastos. Sólo compras lo necesario. Dejas de quedar con los amigos para no gastar pues no sabes cuándo vas a volver a trabajar. Tampoco quedas con ellos porque no quieres que te inviten siempre. Son tus amigos y entienden tu situación personal pero no lo aceptas. Te avergüenzas de ti mismo, te sientes culpable y prefieres alejarte de tu entorno. Te aíslas, no sales de casa. Pero también está la otra cara de la moneda, donde sucede lo contrario.

Los amigos y familiares que dejan de relacionarse contigo porque no tienes nada que ofrecer. Tengo ex-compañeros que sus propios hijos han dejado de ir a visitarlos porque ya no hacen comidas, ni celebraciones. Esto demuestra que cuando no tienes dinero, no vales para nada. Cuando enfermas ya no vas tan seguido al médico. Esperas hasta el último momento, cuando ya no soportas el malestar. El dentista y el oculista ya mejor ni mencionarlos. Aceptas que tienes peor la vista y que estás perdiendo los dientes. Por suerte, soy de los afortunados que todavía tienen dinero para pagar el alquiler, poco, pero me llega. Una vez he pagado las obligaciones, me queda lo justo para la compra mensual. Esto quiere decir que no me puedo permitir ningún capricho, como ir al cine, comer fuera de casa, comprar ropa que no sea realmente la necesaria, etc. Como verás, es un estilo de vida restrictivo. Vivo al céntimo justo. Compro según el precio, no la calidad. Tengo que recorrer varios centros comerciales antes de comprar. Comparo los precios y me llevo el más económico.

Para no caer en el aislamiento, voy a varias asociaciones. Para relacionarme con más gente. Me obligo a madrugar y mantener unos horarios de comida y sueño. Por las mañanas salgo a buscar trabajo y por las tardes voy a las asociaciones. Hay veces que me pregunto para qué madrugo si no tengo a donde ir, pero luego recuerdo que es por el bien de mi salud mental, para no enloquecer. Tener tiempo libre puede ser peligroso si no sabes gestionarlo. Hay que mantener la mente ocupada. Si no cuidas tus pensamientos, te puedes preguntar si el motivo de no encontrar trabajo eres tú. Que eres un incompetente y no sirves para nada.

Estos pensamientos negativos te pueden llevar a cometer actos estúpidos. Simplemente por la impulsividad del momento. El aislamiento te lleva a la soledad y esta te empuja a la depresión. Una vez entras en ella, es muy difícil salir. Si te descuidas un poco y te dejas llevar, ya no cuidarás tu higiene. Te despreocuparás por completo de tu aspecto físico y entonces, ya no habrá vuelta atrás. Habrás entrado en la penuria. Es muy fácil bajar de escalón social. Pasar de la clase social trabajadora a la pobre es sólo cuestión de tiempo. Tres o cuatro meses sin cobrar la nómina y más de la mitad de la sociedad se volvería pobre.

¿Tú cuánto tiempo aguantarías sin cobrar tu nómina?

 

 

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La muerte es ineludible, nos recuerda que estamos vivos. Es una carrera contracorriente, en contra de la vida. Si sabes que te vas a morir ¿por qué no haces lo que te hace feliz? Si es por el qué dirán, te recuerdo que en la tumba o en la incineradora estarás tú, no los demás. Nadie tiene el derecho a juzgarte. Sólo la ley tiene ese poder. Así que, cualquier conducta que esté dentro de sus límites, es legal. Cambiar de opinión las veces que quieras, ir con chanclas en invierno, pintarte el pelo de cualquier color, pasear bajo la lluvia sin paraguas, etc.

La muerte no entiende de clases sociales, de género sexual ni de edades. Viene y sin pedir permiso se lleva a quien quiere. Puedes ser tú, él, ella, yo o los cuatro. Por mucho dinero que tengamos, no vamos a poder comprar ni un segundo más de vida. Le da absolutamente igual que hayamos nacido ahora mismo como que tengamos cien años. Le pertenecemos. Durante un tiempo nos ha prestado a su hermana, la vida. El problema es que vivimos en una sociedad de consumo devastadora y sin escrúpulos. Nos quiere hacer creer que somos inmortales. Nos vende cremas para rejuvenecer, tintes para enmascarar las canas, cirugía estética e hipotecas a 40 años. Todo esto hace que muchas personas se olviden de que en la escuela estudiaron historia y como bien dice su nombre, significa pasado. Hoy estás, creas o dices algo y desapareces.

Pues todo este conjunto de creencias, hace que se la infravalore. Ella es la encargada de que disfrutes de tu vida. De vez en cuando te enferma para avisarte de que estás procrastinando demasiado tus objetivos. Te está recordando que en cuanto te recuperes, vayas a por ellos. Cuando te duele la cabeza, una muela, una rodilla, etc. Lo único que deseas es recuperarte para seguir con tu rutina pero cuando estás sano ¿por qué no haces lo que te gusta? Entonces es cuando la vida te vuelve a dar otro aviso. Se lleva a algún ser querido tuyo. Vuelves a reaccionar y afirmas que la vida es una porquería, que no es justa y que a partir de ahora, vas a luchas por tus objetivos. Que la vida son dos días y hay que disfrutarla. Pero pasado un tiempo se te olvida y vuelves a la misma rutina.

Las personas mueren para enseñarnos a los que estamos vivos que hay que vivir como lo sentimos. En vez de enfocarte en la parte negativa, que es la ausencia de esa persona que tanto quieres, enfócate en el mensaje que te ha dejado. Actúa y vive como lo deseas. Si eres creyente, genial, tu ser querido estará con tu dios. El único inconveniente es la ausencia que ha dejado. Tu dios te quiere y te está pidiendo que aproveches el tiempo. Para ello te ha dotado de capacidad de elección y emociones. Con estas dos virtudes, se forma tu actitud. Será buena o mala, tú decides qué hacer. Dios no quiere ni tanto lamento ni tanta resignación. Reza como si todo dependiera de él, pero trabaja como si todo dependiera de ti.

Sácate de la cabeza que sólo se mueren los demás. Si no eres creyente, también es genial. Refuerza tus teorías, cualesquiera que sean. Como he mencionado anteriormente, tienes las capacidades necesarias para vivir como quieres. El mensaje es el mismo: – aprovecha el tiempo que te queda -. Mientras estés vivo, todo es posible. Además, cuando nos morimos dejamos de preocuparnos por satisfacer las necesidades fisiológicas. El hambre, el frío y el sueño. Con lo cual no tiene sentido que te pases el día quejándote, te vas a morir igual. ¿No será mejor disfrutar del poco tiempo que tenemos?

Piensa por un momento qué pasaría si te mueres ahora mismo. La respuesta es que no pasaría nada. Siento informarte pero es la verdad. Tus seres queridos llorarán un tiempo, pero acabarán aceptando tu ausencia. El estado ya tiene recursos para esta situación. Te recuerdo que no serás ni el primero ni el último en morir.

Te dejo un texto de mi libro “Feliz y con ahorros” donde una mujer no es consciente de que el tiempo en la vida es limitado. Se titula: el tiempo y el dinero.

Ana, es una mujer de 35 años, es economista y trabaja para una reconocida firma de ventas por internet. Está felizmente casada y con dos hijos. Trabaja todos los días, incluido los fines de semanas. Su objetivo es  conseguir un millón de euros para llevar la vida deseada y así poder pasar más tiempo con los suyos. Cuando su marido, hijos o amigos le proponen  ir al cine o a tomar algo, siempre les contesta que ahora no puede. Ha de conseguir ese millón para poder luego dedicarse a ellos.

Ana, ahora tiene 55 años y ha conseguido su preciado millón de euros, pero sus amigos ya no la llaman para quedar, su marido la ha dejado y sus hijos ya son independientes. Un buen día tocan al timbre de su casa y abre la puerta, en frente tiene a un ser vestido de negro y sonriente.

Hola, le dice. Soy la muerte y vengo a buscarte. Ha llegado tu hora.

Toda sorprendida le responde, no. No puedes llevarme contigo. Ahora tengo el millón  de euros y puedo hacer lo que quiero. Vamos a hacer un trato le dice, te doy diez mil euros si me das dos años más de vida.

No, le contesta la muerte.

Bueno, cien mil euros, le vuelve a proponer Ana.

La muerte sigue sin ceder un segundo.

Pues medio millón por un mes de vida.

Siendo negativa otra vez la respuesta de la muerte.

Desesperada, le propone darle el millón de euros por unos segundos más de vida, para poder despedirse de sus seres queridos, volviendo a responder la muerte que no. Lo siento. Te ha llegado la hora y te vienes conmigo, le contesta.

 Moraleja de la historia: Ni un millón de euros pueden comprar tan siquiera un segundo de tiempo. La vida es lo que pasa mientras la planificamos.

Si no sabes cuánto tiempo vas a estar vivo, actúa y disfruta de los placeres que esta te ofrece. Quizás no sean los que quieres, pero mientras los consigues, disfruta de ellos.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo y Escritor

Libros de Omar el Bachiri

 

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Es una enfermedad que afecta tanto a la persona como a su ambiente social. Familia, amigos y trabajo. No distingue entre géneros sexuales, afecta a ambos. Lo padece el 0.8% de la población mundial y es crónico. No tiene cura. Entrelaza periodos de euforia y de mucha actividad con periodos de tristeza y apatía. Es decir, totalmente opuestos. A los primeros periodos se les llaman manías y a los segundos, depresión. Estos brotes psicóticos suelen darse unas 3, 4 veces al año y duran entre tres y cinco semanas. Anteriormente esta enfermedad se denominaba trastorno maníaco-depresivo. Durante el transcurso de un periodo a otro la persona tiene emociones intermedias. Puede llevar una vida como cualquier otra persona.

Durante la semana o el día, todos vivimos experiencias buenas y no tan buenas, pero la diferencia con estas personas, es que ellas, las experimentan a niveles muy elevados. Se van al extremo, o están eufóricas o deprimidas.

Se diagnostica entre los 20 y los 50 años de edad. Es en esta franja cuando la persona siente que sus conductas no son muy normales. Son muy exageradas y decide acudir a un especialista (médico, psiquiatra, psicólogo). Aunque los signos más característicos ya empiezan a destacar en la adolescencia. No es sencillo de diagnosticar porque el paciente suele omitir información. Sólo explica la parte depresiva y esto presta al error del diagnóstico, con las posibles consecuencias negativas de usar una medicación errónea. Si se le diagnostica depresión, se le medicará con antidepresivos y puede ser muy peligroso porque si durante la etapa de manía ya está eufórica, con los antidepresivos, todavía lo estará más y durante más tiempo. Sin embargo, con la medicación adecuada, estas personas pueden llevar una vida como cualquier otra persona. Pasa totalmente desapercibida. Esta medicación es una maravilla. Desde que se creó, en los años 50, los hospitales psiquiátricos han visto reducida su población.

Es de origen genético. No hay un gen específico, son varios los genes dañados y con su interacción surge la enfermedad. Se basa en un desequilibrio químico en la comunicación neuronal. Afectando los neurotransmisores de la dopamina y la serotonina. Entre otros, son los responsables de los estados anímicos. Cuanta más dopamina haya en el cerebro, más eufóricos estamos y cuanta más serotonina, más calmados. Con esto quiero decir que no se desarrolla por haber tenido una infancia traumática o un estilo de vida estresante. Quiero puntualizar que el abuso de ciertas drogas ilegales, puede incidir en su desarrollo. Porque piratean la comunicación neuronal. Entre ellas destacan el cannabis y las metanfetaminas.

La primera porque activa la segregación de dopamina y la segunda porque además de activar su segregación, también inhibe su  recaptación, con lo cual está más tiempo en el cerebro. Para su tratamiento se fusionan la medicación y la terapia psicológica. Con la medicación se busca estabilizar la comunicación neuronal y con la terapia, se enseña a identificar los episodios maniaco-depresivos. Cuando se está entrando en ellos. Para anticiparse y ponerles freno. Se trabaja más la fase de la manía. Para controlar la euforia, porque es la que detona el proceso. Durante el periodo de manía, la persona se vuelve impulsiva, desarrolla muchas actividades a la vez. Lo quiere decir todo al mismo tiempo. Está llena de energía, se siente capaz de todo. Tiene la autoestima por las nubes. Esto puede llevar a realizar actividades de alto riesgo, sin tomar las precauciones necesarias (sexo sin protección, beber alcohol desmesuradamente, abuso de drogas ilegales, conducir a toda velocidad, etc.) Puede gastarse la nómina del mes en una tarde. Entra en un centro comercial, bingo, casino, etc. Y no sale hasta haberse gastado todo el dinero. Son actos puramente impulsivos.

También puede darse el caso que entre en una sucursal bancaria y pida un préstamo innecesario pero, en ese momento le resulta imprescindible. Está viviendo el aquí y ahora. Se distrae fácilmente, si empieza algún proyecto lo deja al poco tiempo, para dedicarse otro. Puede haber invertido muchas horas o mucho dinero pero de buenas a primeras, después de unos días, decide dejarlo y empezar con el otro. Muchas veces tiene un habla acelerada. No siente la necesidad de dormir y al mismo tiempo, le faltan horas para hacer todo lo que se propone. Mientras dura la manía, refleja mucho optimismo y entusiasmo pero que en estado habitual, es tímida o introvertida. Estamos hablando de unos cambios extremos.

El estado de euforia es tan elevado que la persona empieza a delirar. A ver y oír lo que no hay. En ocasiones puede llegar a desarrollar esquizofrenia. Sin embargo, durante el periodo depresivo, es todo lo contrario. Está apática, ya nada le gusta, ni le llama la atención. No sale de casa, puede pasar días encerrada. Se altera su alimentación, come en exceso o pierde el apetito. Incluso puede llegar a tener ideas suicidas. Un 30% de las personas con este trastorno se intenta suicidar.

Dentro de la enfermedad, según qué estado destaque más, se distinguen dos grupos. El de tipo II y el de tipo I. En el de tipo II predomina la manía y en el de tipo I predomina la depresión. Poder diferenciar estos grupos es importante porque a la hora de tomar la medicación, los pacientes del tipo II son más reacios ya que no reconocen su problema y abandonan el tratamiento médico. Se sienten fuertes y con mucha energía. No entienden por qué tienen que medicarse. Sin embargo, los pacientes del tipo I son conscientes de su estado anímico y quieren  superarlo.

Explicado esto, tengo que mencionar la ciclotímia. También es un trastorno del estado anímico pero, de menor gravedad. La gran diferencia entre ambos es que los brotes psicóticos se dan unas 30 veces al año. Es decir, muy seguidos pero son de menor intensidad. No son tan extremos. En este caso, hablaríamos de hipomanía.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo y Escritor

Libros de Omar el Bachiri

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Si te lo estás pensando es que vives en un país democrático porque si no, no tendrías la opción. Si vivieras en una dictadura, te impondrían al jefe de estado y seguramente serías capaz de pagar por votar, para cambiar el sistema. Además, si eres mujer, quiero que sepas que hace apenas 80 años, no tenías derecho a votar. Con lo cual, más a tu favor para hacerlo porque, muchas mujeres han luchado para conseguir este derecho.

Tu capacidad de elegir entre votar o no, está determinada por tus experiencias pasadas. Seguramente habrás votado en varias ocasiones y no han tenido el efecto deseado. Con lo cual, ahora las generalizas y piensas: – ¿Para qué votar, si las cosas no cambian? Ahora yo te pregunto, – ¿seguro que no han cambiado? – Quizás no todas las que tú querías, pero algunas seguramente que sí.

Hay una cosa que tienes que tener clara y es que los políticos no son máquinas, son seres humanos igual que tú y que yo. Preocúpate un poco en ver cómo viven y verás que tienen los mismos problemas emocionales y económicos que la mayoría de los ciudadanos. También tienen familia, padre, madre, hijos, hermanos, etc.

A esta forma de pensar hay que añadirle el locus de control. Este puede ser interno o externo. Cuando es externo, crees que nada depende de ti. Todo está en el destino, la suerte o en los demás. Sin embargo, cuando es interno, crees que depende de ti. Del esfuerzo y tus capacidades. Esta segunda forma de pensar es la que conduce a la fuerza emocional y a pensar en un futuro mejor. Sabes que todo puede cambiar de un día para otro. Cuando usas la primera opción como forma de pensar, te vas a dejar llevar por las opiniones de los demás. En cuanto oigas a otras personas decir que votar no sirve de nada, te dejarás influenciar por sus ideas. Aquí es donde tienes que usar el pensamiento crítico. ¿Estas personas piensan realmente así o lo están haciendo para manipularte y conseguir que no votes? Así su partido no tendrá votos en contra.

Dejo tres rasgos de una persona con locus interno: 1 – Tiene iniciativa. 2 –  Es propensa a tomar responsabilidades por sus acciones. 3 – Se siente segura ante los retos.

El locus externo es típico en las dictaduras porque por mucho que quieras y hagas, las cosas no dependen de ti. Sino, de factores externos.

Recuerda esta frase: “durante la campaña electoral no hay amigos, solo negocios”

Los seguidores del partido que está gobernando, votarán para que la situación siga igual y los seguidores de los partidos opositores, lo harán para que cambie. Entonces, ¿qué pasa cuando no votas? Opción A: si tu partido es el que gobierna actualmente, puede perder las elecciones y opción B: si tu partido es de la oposición, puede que no las gane. Te habrás dado cuenta que tu voto suma. Puede cambiar el rumbo del país o dejarlo tal cual está. Puedes seguir disfrutando de tus privilegios o perderlos. Así que tú decides si dejarlo al azar o ir a votar.

Luego tenemos las personas que no se sienten identificadas con ningún partido o no les interesa la política. En el primer caso sería recomendable votar por el partido que crean que menos les perjudicará. Sin embargo, en el segundo caso quiero anunciarles que cualquier forma de vida está condicionada por la política. Lo hace a través de los impuestos, la sanidad, el empleo, la cultura, la seguridad, la vivienda y cualquier actividad que hagamos. Con lo cual, si quieres mantener tus derechos, tener más o no perderlos, no te queda más remedio que informarte sobre la política que se ejerce en tu país.

Seguramente tienes muchas excusas para no votar y te aferras a ellas para no hacerlo. Son del estilo: no tengo tiempo, ese día trabajo, hace mal tiempo, estoy enfermo, siempre ganan los mismos, los políticos sólo quieren robarnos, etc.  Pero si aún así no quieres votar, es una decisión respetable pero entonces, tampoco te quejes. Si lo haces, estarás infravalorando la opinión de los demás ciudadanos. Nosotros hacemos el esfuerzo por mantener las cosas tal cual están o de cambiarlas, según nuestros intereses. Sin embargo, tú estás siendo una persona tóxica. Contaminas el ambiente con críticas y chismes. Conseguirás que la gente se aleje de ti, porque una persona que se queja pero no hace nada por cambiar la situación, es una persona que en vez de sumar, resta. Además, es un día especial porque es el único día del año en el que no hay diferencias sociales. Ya seas un mendigo, de clase obrera, media o rica. Seas obeso, musculado, delgado, feo o guapo. Tu voto tiene el mismo valor que el de los demás.

Es un día para disfrutar porque a partir del siguiente, todo puede cambiar. ¿Te das cuenta del poder que tienes? Les puedes cambiar la vida a muchas personas. Puedes hacer que el mendigo tenga un futuro mejor o que el obrero baje de escalón social y sea mendigo. Según las leyes que apruebe el nuevo gobierno. Subir o bajar los impuestos, recortar derechos sociales o ampliarlos, invertir en educación, generar más empleo, reducir la brecha salarial entre hombres y mujeres, etc.

Para acabar, si tan enfadado estás con la clase política, ¿por qué no te afilias a un partido o creas tú mismo uno, para aportar ideas y soluciones? Quizás llegues a ser ministro o jefe de estado.

Con todo lo que has leído, ¿todavía piensas que votar es una pérdida de tiempo? Si no lo haces por ti, hazlo por los demás, pero vota querido ciudadano.

 

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¿Qué es un hijo tirano? Es un hijo que no conoce límites – Cree que se lo merece todo, exige en vez de pedir – Impone sus normas en casa – Falta al respeto a los padres. Cuando se queda sin argumentos para discutir, te dice, “Yo no he pedido nacer, ¿Para qué me has traído al mundo?, Ahora me cuidas”. Está exigiendo derechos, pero no quiere obligaciones.

Estos críos están acostumbrados a ser el centro de atención de sus padres. Han crecido con demasiada sobreprotección y no han desarrollado la resiliencia (son más sensibles a la frustración, no saben enfrentar obstáculos, ni tomar decisiones). Sus padres les solucionan todos los problemas y en consecuencia, no tienen estrategias de defensa.

A los hijos nunca hay que hacerles los deberes (ayudar si, hacer no.) Tienen que entender que si no los hacen, mañana en clase tendrán consecuencias. Así, la próxima vez, los harán. Cuando van al colegio o ha practicar cualquier actividad no cargues con su mochila, que carguen ellos con el material. También es muy importante el aburrimiento. Hay que darles tiempo libre. No llenarles la agenda de actividades extraescolares (que sepan lo que es aburrirse y así trabajarán la mente. Buscarán alternativas. Leer, ver un poco la televisión, jugar. Se volverán, creativos.) Si se rompe la cadena de la bici, se les ayuda a cambiarla. No se les cambia, se les enseña a cambiarla y así con todo. Hay que criar seres independientes, no dependientes.

Se sobreprotege por dos motivos. Por miedo a que les pase algo y por evitarles el sufrimiento que eso conlleva. Pero claro, si yo impido que mi hijo haga algo, estoy impidiendo que aprenda nuevas conductas de enfrentamiento. Que desarrolle su potencial.

Este prototipo de crío es cada vez más común en la sociedad actual. Es fruto de la época en que vivimos. Demasiados derechos y pocas obligaciones. Si alguien le llama la atención a tu hijo, te enfadas y le dices: – “A mi hijo no le digas nada, que tú no eres nadie”– Lamentablemente, estas recriminaciones se hacen delante de él y se le está afirmando que es el emperador de la casa. – “Hijo, haz lo que quieras, que estamos a tu servicio” –

Tener un hijo emperador es más sencillo de conseguir de lo que parece. Se hace sin querer. Nadie quiere un hijo así. Cuando educas a tu hijo, lo haces con la intención de que sea alguien de provecho en la vida pero también, sin querer le vas a transmitir tus miedos. Lo harás con el consentimiento. Con el miedo a perder su amor o tu estatus como padre/madre. Cederás a sus peticiones.

El consentimiento descontrolado conduce al hijo hiperregalado. Le compras objetos innecesarios pensando que así te querrá más. Lo estás condicionando a que crea que felicidad es tener muchos objetos. Regalos para su cumpleaños, fiestas de navidad y más fechas. Sin pedirle nada a cambio. Esta situación se ha acentuado desde el año 2.000. Actualmente, hay muchas parejas separadas. Esto dificulta jugar al poli bueno y al poli malo. Como están separados, ninguno quiere ser el poli malo. Ambos son el poli bueno.

Otro factor añadido es el económico. Muchas veces hay que hacer horas extras o tener pluriempleo para afrontar los gastos mensuales. Entonces los padres se sienten culpables por no dedicar más tiempo al hijo y para compensarlo, creen erróneamente que comprándole un objeto, estará mejor. Los hijos piden sin cesar porque no distinguen entre quiero y necesito y acaban exigiendo porque nunca han tenido un NO como respuesta. Aquí es donde se vuelven tiranos. Conocen tus debilidades y juegan con tus sentimientos. Te manipulan. Saben que lo pasas mal y por eso acabarás cediendo a sus deseos.

Vosotros, los padres/madres tenéis que explicarle la diferencia entre un capricho y una necesidad. Si le compras un juguete, tiene que jugar con él un mínimo de horas a la semana, si no, no es rentable. Que entienda el valor del dinero y del tiempo. Así, aprenderá a distinguir entre me gusta y necesito (esto me gusta, pero no lo necesito, no tengo tiempo para jugar con él). Los padres de hoy están haciendo el rol de los abuelos, que es consentir sin pedir nada a cambio. Lo hacen porque están con ellos unas horas al mes, pero los padres, no. Los padres han de educar y poner límites rígidos y con consecuencias si no se respetan.

Somos lo que reflejamos, no lo que decimos. Si te impongo un castigo, lo cumplo. Igual que si te prometo algo, también lo cumplo. Que vea que somos coherentes. Los psicólogos distinguimos entre 4 estilos de educación: la autoritaria, la indiferente, la democrática y la permisiva. Esta última es la que crea estos adolescentes.

La permisiva es la que usan los abuelos y cualquier persona que no sean los padres. La autoritaria, es la que se usa en el ejército y en la cárcel. Se hace así y punto. No hay nada que discutir y quien no acate las órdenes, se atendrá a las consecuencias. Luego, tenemos la indiferente, que es la que usan los padres irresponsables y despreocupados. Creen que la escuela y el estado son los encargados de educar a sus hijos (si son rebeldes o maleducados, es culpa de la sociedad). Como resultado tenemos jóvenes con baja autoestima y dependientes de la opinión de los demás. Y para acabar, está la democrática, que es la que usan los padres responsables o la gente que te educa (normas, valores y conductas).

– Normas: las obligaciones y los derechos. Tanto los suyos como los nuestros. Colaborar equitativamente en el hogar (ordenar sus juguetes, hacer la cama, limpiar la casa, etc.)

Hay que explicarle al hijo qué son las emociones para que las entienda y les ponga un nombre. Así las podrá trabajar y expresar en su justa medida.

Se le dice: entiendo tu malestar, pero no es motivo para tratarme así. Estás triste, enfadado, es normal pero la conducta de insultarme, pegarme o quererme humillar no es la respuesta, porque lo único que consigues es que te castigue y así no avanzamos ni tú ni yo.

Que entienda que hay otras formas de expresar las emociones. Con la comunicación se llega a la negociación. Entonces se pasa de la autoridad a la democracia. Es decir, cumples con tus obligaciones y obtienes tus derechos.

 

 

 

 

 

 

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A la gente nos gusta sentir miedo cuando nos sentimos seguros.

Los seres humanos compartimos tres miedos. Tememos a lo desconocido, a la muerte y a la soledad impuesta.

El cine de terror se basa en estos tres conceptos. La muerte del protagonista, el lugar donde se desarrolla y el sentimiento de soledad. Estas películas están hechas para excitarnos, son pura adrenalina. Los amantes de estas películas segregan tanta adrenalina como la gente que se tira por un puente, en paracaídas, o subiéndose a una montaña rusa. Además, son una buena terapia para desensibilizar la ansiedad, miedos exagerados o cualquier fobia. Es una terapia de exposición con prevención de respuesta.

El motivo del placer surge de la capacidad de predecir un poco el relato. Hace que empatices con el protagonista y al mismo tiempo, que odies al malo. Te hace trabajar la imaginación, buscando alternativas a su conducta. Te dices – “No, no vayas por ahí o no hagas esto, mejor haz aquello» -.

 – El miedo: puede ser innato o adquirido y se adquiere por condicionamiento clásico o por aprendizaje vicario (viendo la conducta de otros). Asociamos una situación u objeto con malestar. También tenemos el miedo real y el irreal. Su mala gestión conduce a la ansiedad. Se podría resumir como, el miedo al miedo. Tengo miedo a pasarlo mal, me anticipo a lo que pasará y mi organismo se pone a la defensiva.

En una película de terror o suspense, tenemos miedo a lo que le pasará al actor, no a lo que le está pasando, (capacidad de anticipar, me pongo en su piel). Además, es una de las emociones básicas de nuestro repertorio. Junto con el asco, alegría, sorpresa, ira y tristeza. Nos mantiene alerta, se encarga de nuestra supervivencia. Sin miedo, nos volveríamos temerarios y moriríamos a los pocos días de nacer. El miedo provoca respuestas parecidas al estrés: atacas, huyes o te paralizas. Pero hay que decir que todas las emociones son positivas, el miedo también. El problema viene cuando no lo sabemos gestionar o identificar.

– El miedo real: aquí te juegas la vida. Estás en peligro. Es adaptativo.

– El miedo irreal: está fundamentado en el catastrofismo y en la imaginación. Proviene de tus pensamientos y te crean angustia e inseguridad, porque no sabes lo que pasará. Te crea incertidumbre. Es NO adaptativo.

Para entender mejor lo que estoy escribiendo, te lo explicaré desde la biología. Te voy a mencionar el sistema límbico. Se encarga de gestionar las respuestas emocionales y fisiológicas. Es decir, procesa las emociones y regula la conducta. Está relacionado con la supervivencia de uno mismo. Según lo que interpreta, así se comporta. Se le conoce como el cerebro emocional. También es más sensible a los gestos e intenciones que a las palabras bonitas. Nos hace imaginar, interpretar, y sentir las emociones. Distingue entre lo que es agradable y lo que no lo es.

Hay que decir que el cerebro se divide en tres subcerebros: el reptiliano, que es la parte más antígua del cerebro. Luego le sigue este, el emocional y el tercero, que es el racional. También denominado neocortex. Es el que razona las situaciones, procesa las emociones y les da un sentido de peligro o no. El sistema límbico está compuesto por un conjunto de estructuras como la amígdala, el hipocampo, el tálamo, el hipotálamo, y otras más. En este caso sólo tocaremos dos, el hipocampo y la amígdala.

– Hipocampo: se encarga de almacenar la información a largo plazo. Todo lo que vamos aprendiendo se va introduciendo aquí. Su relación con las emociones es esencial ya que recordamos mejor los sucesos que tienen un vínculo emocional fuerte, ya sea bueno o malo. También explica por qué asociamos una música en concreto con una escena o situación. Esto explica por qué antes de los 4 años, apenas tenemos recuerdos. Porque hasta esta edad todavía no está desarrollado del todo. También influye en la memoria asociativa. Esto es, cuando no entiendo algo en una situación concreta, busco en la información que ya poseo, para crear nuevas asociaciones y darle un sentido. Transformo lo desconocido en conocido. Cuando te lesionas esta zona, eres incapaz de generar nuevos recuerdos, pero sin dañar a los que ya tienes (amnesia anterógrada).

– Amígdala: mantiene el equilibrio fisiológico del organismo, regula la temperatura interna del cuerpo, equilibra la presión sanguínea, el ritmo cardíaco y el nivel de azúcar. Es la encargada de gestionar las emociones. En ella se almacenan las emociones básicas que he mencionado anteriormente. Hay un estudio donde se inhabilita la amígdala a unos monos y estos al ver una serpiente, como no sienten miedo, no se alejan y la serpiente les acaba picando. Sin embargo, en otro estudio, a otros monos se les estimula y aunque no haya nada ningún peligro, se comportan como si estuvieran acorralados. Están en señal de alarma. Esto es lo que vendría a ser la ansiedad. El miedo irreal. También, es la encargada de que actuemos por reflejos, sin pensar. Por simple supervivencia. Primero sentimos y luego pensamos, porque toda la información pasa primero por ella y posteriormente accede a la corteza cerebral. (Raciocinio).

– La importancia del sonido: crea el ambiente, le da un sentido a lo que vemos. Experimentamos emociones como el miedo, la rabia, la alegría, etc. Anticipa la aparición de otra escena, ya te imaginas lo que pasará. Luego, también el silencio tiene su parte. Este habla por sí mismo, hace que interpretemos los gestos corporales y faciales de los actores. Esto crea angustia o miedo. Muchas veces por no decir siempre, asociamos una canción o un sonido con una película. El cerebro no distingue entre lo que es real y lo que no lo es. Esto es muy bueno porque se le puede engañar y hacer que manifieste emociones de hambre, tristeza, alegría, etc. Es lo que se viene a ser la capacidad de manipulación. Ves un anuncio de comida o bebida y te entra hambre o sed.

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Definición: sujeto que te perturba emocionalmente, te transmite su malestar con quejas y chismes. Es cruel, despiadado, mentiroso y controlador, eres su marioneta. No le importas lo más mínimo. Siempre quiere ser el centro de atención y se inventará cualquier historia para conseguirlo. Es psicópata y narcisista, está convencido de que sus virtudes son mejores que las tuyas y sus dolencias, son peores. Con esta descripción quiero que entiendas que alguien puede ser tóxico para ti pero, no para mí, y viceversa.

Las personas tóxicas son peligrosas. Se pasan el tiempo criticando a unos y a otros. Si están contigo, critican a los demás y cuando tú no estás, te critican a ti. Todavía peor, cuando están entre ellas y una se va, también la critican. Les gusta hacer el mal. No conocen otro modo de expresar sus emociones.

Viven cómodamente y sin tomar riesgos, no quieren esforzarse. Tampoco tienen ni disciplina, ni determinación. Se conforman con lo que tienen, aunque no les satisfaga. Se quejan todo el tiempo pero no hacen nada por cambiar la situación. Son envidiosas, mentirosas y vagas. Al sentirse inferiores a los demás, han de criticarlos y así rebajarlos, para sentir que están por encima. Hagas lo que hagas, lo van a menospreciar. Van a infravalorar tus logros y exagerar tus fracasos. Te vas a enterar de cosas que todavía no has hecho y con el paso del tiempo, si no te alejas de ellas, te autodestruirás. Tú mismo vas a machacarte.Te sentirás inútil e incapaz de hacer nada bien. Empezarás con el efecto Pigmalión y acabarás con la indefensión aprendida.

– Efecto Pigmalión “profecía autocumplida”: te comportarás según creas que  los demás esperan de ti. Si crees que piensan que eres torpe o inútil, así te comportarás.

– Indefensión aprendida: has aprendido que aunque te defiendas de sus ataques, siempre acaban venciendo y que no tiene sentido invertir ni tiempo, ni esfuerzo. Seguramente, en algún momento intentaste defenderte y no surgió efecto. Has generalizado esa situación y das por hecho que siempre será igual. No tienes en cuenta que las circunstancias cambian.

Estas personas se comparan constantemente con todos, sólo para recalcar que son mejores que ellos. Te intentan desmotivar en todo lo que emprendes. Aunque a veces no lo digan con palabras, su cuerpo no lo puede disimular. Sus gestos y miradas lo están afirmando, son el reflejo de su maldad. Te juzgan diciéndote que son sinceras y que es por tu bien, pero curiosamente, sólo se fijan en tus defectos.

Es difícil alejarse de ellas, están por todas partes. Pueden ser tus padres, familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc. Suelen creer que los cuidados que recibieron durante la infancia fueron insuficientes y para compensarlo, buscan incesantemente más atención de los demás en su etapa adulta. Esta la consiguen manipulando a los demás, lo cual les deja un gran vacío interior. Se sienten frustradas y abandonadas y esa sensación les lleva a un comportamiento desesperado e impulsivo. Por eso, haz siempre lo que te plazca y te haga sentir bien. Si te equivocas, al menos habrás disfrutado.

El perfil de este sujeto tiene dos características: es envidioso y vago, en consecuencia tiene baja autoestima. Entonces para superar esa barrera, te hará sentir culpable de sus males. Cuando nacemos todos somos o negativos u optimistas pero con las circunstancias de la vida, hay gente que se vuelve tóxica. – ¿Por qué? – como he dicho antes, es vago y lo quiere todo hecho, como tiene baja autoestima, se siente inferior a los demás y cree que si posee lo que el otro tiene, se sentirá mejor, de ahí la envidia. Esta no te deja disfrutar de lo que tienes, siempre te sabe a poco. Con lo cual, siempre quieres más. Además, va de víctima. Sus dos frases favoritas son:

1- Pobre de mí, – ¿qué voy a hacer? – el mundo es injusto, todo me pasa a mí.

2- Tú ganas bien y yo apenas tengo para pasar el mes.

– En algún momento todos podemos ser tóxicos, ¿cómo saber si eres tóxico?

Cuando le envidias algo a alguien, ¿qué piensas? “Deseo lo que tiene el otro y utilizo esa energía para superarme y conseguirlo pero sin dañarlo a él. Es decir, lo hago por mí, para estar mejor. O por el contrario, le deseo lo peor y lo critico para hundirlo”.

Expongo los tres ámbitos donde más nos suelen perjudicar: el trabajo, la pareja y los amigos.

– Trabajo: chismes, críticas y rencores. Se forman grupos para aíslarte y los cargos son a dedo. Se premia más el amiguismo que la competencia de la persona. Por muy competente que seas o por muchos estudios que tengas, si no eres amigo del superior, no tienes nada que hacer.

– Pareja: te aísla socialmente, te separa de tu entorno y destruye tu autoconfianza. Te vuelve sumiso a sus exigencias. Lo hace de forma consciente y tú cedes inconscientemente. Todo empieza por no discutir, vas cediendo y cuando te das cuenta, te tiene atrapado en la soledad. Dependes de ella para hacer cualquier cosa y tomar cualquier decisión. Tu círculo de amigos y familiares ha desaparecido.

– Amigos: el interesado/a. Sólo te llama para pedirte dinero o cuando está aburrido/a. En cuanto tiene pareja, desaparece. ¿Quién ha dejado dinero a alguien y cuántos lo habéis recuperado?

¿Cómo enfrentarse al sujeto?: primero hay que aceptarlo como es. No vamos a cambiarlo, no mezclemos el deseo con la realidad. No se pasa de ser malo a ser bueno de la noche a la mañana. Nos enfrentaremos de forma pasiva, con la indiferencia hacia sus comentarios (actitud de acero), me resbala lo que me digas. Lo que queremos es que nos deje en paz.

No olvides que el problema es suyo y tampoco sabes cuáles son sus intenciones. Muchas veces querrá sacarte información para luego girarla en tu contra.

1- Le damos la razón, nos compadecemos de él y además, exageramos la situación, somos irónicos, a un tóxico se le contesta con su misma medicina.

Le decimos: si, tienes razón – es verdad – qué mal está el mundo – pobre de ti y exageramos todavía más la situación.

Dejará de contarte sus penas y chismes porque se dirá, “cada vez que hablo con este, salgo peor”.

– Cuando te pida tu opinión, usa las 5 palabras mágicas: ¡ajá!, ya ves, ya te digo, tú verás, ¡sé tú mismo! 

 Estás dando tu opinión pero sin mojarte. Recuerda que no sabes cuál es su intención.

Las órdenes: no hay que decir ni que si, ni que no. Si dices de no, creas un conflicto y si dices que si, te estás creando una obligación.

Se dice: ya voy, ahora mismo, estoy llegando, etc. No te niegues, simplemente hazlo cuando a ti te vaya mejor.

 

Omar el Bachiri Psicólogo y Escritor

 

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El éxito es subjetivo, es conseguir los objetivos que me marco y ser consciente de ello. Porque muchas veces lo alcanzamos y no nos damos cuenta. Yo lo defino como ir consiguiendo los objetivos y saborearlos. Es decir, no menospreciarlos, en su momento fueron una fuente de alegría y motivación. Ahora, esto sólo será posible si le damos un valor emocional al tiempo que le dedicamos para alcanzarlo.

Me explico: cuando alcanzas una meta sin esfuerzo, no la valoras tanto, sin embargo, si te ha costado un esfuerzo, le das un valor añadido. Las horas sin dormir, la angustia, los nervios, etc.) Esta forma de pensar e interpretar la vida, viene condicionada por tu forma de ser. Si eres perfeccionista o ambicioso. Porque depende de cómo seas te ofrecerá estrés, ansiedad y depresión o por el contrario, te ofrecerá alegría y tranquilidad. El éxito es un arma de doble filo. Te proporcionará tranquilidad por haber conseguido lo que querías o ansiedad, porque podría haber sido mejor.

La perfección: me lleva a la baja autoestima porque veo que no consigo lo que me propongo o por lo menos, como yo quisiera que fuera. Esto me lleva a la frustración y pierdo autoconfianza. En consecuencia me vuelvo pesimista y abandono los objetivos. Con el paso del tiempo puedo caer en la medicación antidepresiva o el abuso de ansiolíticos. Para calmar mi ansiedad. Además, seguramente que adquiriré un TOC (trastorno obsesivo compulsivo). Lo voy a comprobar todo varias veces.

Ambicioso: Cuando me marco un reto, siempre me pregunto: ¿es realista y si no lo consigo, me voy a frustrar?

Lo que realmente importa, ya no es haber conseguido el objetivo marcado, sino, la persona en que nos hemos convertido durante el proceso. Adquieres cultura y otros conocimientos que antes desconocías. A lo mejor, no alcanzas aquello que te propusiste en un primer momento porque ahora tienes más conocimientos y otra forma de pensar. Quizás prefieras cambiar de idea e ir a por otra cosa. Pero mientras vas consiguiendo tus metas, las saboreas y nunca las menosprecias. No les restas valor. 

Frente al mismo problema interpretaremos la situación según nuestra forma de ser.

Si soy perfeccionista, me diré a mí mismo: tengo poca capacidad, no sé hacerlo y soy torpe. Con esta forma de pensar, te volverás rancio, amargado y estarás frustrado porque con todo el esfuerzo que has dedicado, nunca es lo suficiente bueno. Sin embargo, si soy ambicioso, me diré: tengo un problema con el objetivo. Exteriorizo el problema. No es mío. Pensaré: ¿Qué puedo hacer para encontrar una solución? Yo he hecho lo que debía. Convierto el fracaso en un reto.

Muchas veces no depende sólo de nosotros, vivimos en sociedad y eso quiere decir que hay más gente luchando por el mismo objetivo. Así que ojo, con no saborear el éxito y no darle su justo valor. El objetivo es tuyo y tú has marcado las pautas para conseguirlo. Es tu obra de arte, no la desprecies.

Aunque hayan pasado 30 años. Siendo ambicioso, esto nunca te pasará. Siempre estarás agradecido por lo que has conseguido. Te dejo un ejemplo para que entiendas mejor la frase «exteriorizar la culpa»

Ejemplo del carnet de coche: el examen era muy difícil pero sabía que si me esforzaba, tarde o temprano iba a aprobarlo. Porque eso sí que dependía de mí. Sin embargo, si durante el trayecto de mi casa al lugar del examen hay un accidente de tráfico y llego tarde y no puedo examinarme, ya no es culpa mía, porque no depende de mí. «Es externo a mi voluntad»

Otra diferencia entre ambos es que el perfeccionista, hasta que no lo tiene todo, no actúa. Sin embargo, el ambicioso, en cuanto tiene algo, ya se mueve.

Digamos que ambos tienen un jardín. El perfeccionista hasta que no lo tiene, no hace nada. sin embargo el ambicioso, ya ha comprado las herramientas y está pensando en cómo cortará el césped y cada cuándo regarlo.

Mucha gente piensa que el éxito es tener dinero, un buen trabajo, un cochazo. Pues bien, si para esa persona, ese es su significado y consigue acumular fortuna, hay que decir que sí, es exitosa. Como bien he dicho, el éxito es alcanzar tus objetivos.

Ahora bien, tu actitud es la que determinará el éxito. Por mucho dinero que tengas o vivas en un país rico o tengas una gran familia, si no tienes una buena actitud, no tienes nada que hacer.

– Definición de buena actitud: Tendencia a ver e interpretar lo que ocurre a nuestro alrededor de forma positiva o de una forma favorable. Se enfocan las situaciones como retos para afrontar y superar. 

– Esta actitud se divide en dos factores: la capacidad para gestionar la frustración y la constancia.

– Saber gestionar la frustración: influirá en mi autoconcepto: puede ser positivo o negativo. Es la opinión que tengo sobre mismo, cómo percibo mi forma de pensar, amar, sentir y de comportarme con los demás. Desempeña un rol importante en cómo enfrento las situaciones diarias. Me va a incitar a abandonar lo que empiezo o a seguir con ello.

– La constancia: influirá en la resiliencia. Esta es la capacidad que tenemos para recuperarnos después de una mala situación. La hemos superado y volvemos a estar como antes, si éramos una persona alegre, volvemos a ese mismo estado. No es ser inmune a los acontecimientos de la vida, como puede ser la muerte de un ser querido, una ruptura sentimental, una mala situación laboral, sino, que aceptas los reveses de la vida, no vas en contra de ellos. Lo que te ha pasado, te ha marcado pero no te condiciona.

Durante el camino al éxito habrán baches que superar y te dirás, paro aquí y lo dejo estar. Vas a empezar a buscar excusas para abandonar. Pero con una buena resiliencia, harás justo lo contrario. Buscarás motivos para seguir. Te preguntarás: ¿cómo me sentía cuando me propuse este reto? Me sentía bien, ¿verdad? Pues sigo hacia adelante. Además, sabía que no iba a ser fácil, entonces, ¿de qué me quejo? 

Para acabar, dejo un breve resumen de las diferencias entre ser perfeccionista y ser ambicioso: 

La persona perfeccionista: es una persona insegura, duda mucho de sí misma, de ahí que compruebe tantas veces lo que hace. Se marca unos retos demasiado altos y cuando no los alcanza, se juzga irrealmente. Se declina por los extremos. O esto es muy bueno o es muy malo. No tiene término medio. Para esta persona lo importante es llegar, de la forma que se propuso desde un principio. No es flexible. Sin embargo, la persona ambiciosa, nunca se juzga desde los extremos, se dirá: no está mal o podría ser mejor. Acepta la frustración y la usa como motor para superarse. Se marca retos realistas y sigue una ruta para alcanzarlos. Pero tiene la capacidad de amoldarse y de cambiar la ruta. Es flexible. Se dirá ¿por qué no pruebo esta forma de trabajar en vez de esta? Lo que importa es llegar, no cómo.

 

Omar el Bachiri Psicólogo y Escritor

 

 

 

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 – Ser feliz en el trabajo: no significa sentirme satisfecho con él ni que me guste, sino, que no me desagrade. Es muy importante tener en cuenta esta diferencia. Puedo pensar, tengo un trabajo que no me gusta pero me compensa. Ya sea por el sueldo, el horario, la ubicación, el ambiente laboral, etc.

– Definición de felicidad: sensación emocional de calma y de bienestar. Se consigue con la acumulación de experiencias agradables. Asimilando cada situación. Una persona que no es feliz en el trabajo, raramente lo será fuera. Somos un reflejo de cómo somos en casa. Además, nos pasamos más de una tercera parte del día en él. Aunque sean 8 horas, si contamos el tiempo del desplazamiento, vienen a ser unas 9h30 diarias que le dedicamos.

Para poder hablar sobre la felicidad, primero he de explicar qué son las emociones y sus funciones. Tanto de las positivas como de las negativas, ambas son necesarias para sobrevivir y disfrutar de la vida.

– Las negativas: digamos el miedo y la ansiedad, están relacionadas con la supervivencia. El miedo nos previene del peligro y la ansiedad nos mantiene en tensión hasta que superemos la situación. Estoy triste porque no estoy bien, quiero un cambio. Con estas dos emociones presentes, me motivaré para buscar una solución.

– Las positivas: digamos la alegría y el placer, su funciones son  que podamos disfrutar de las situaciones. Son las encargadas de que tengamos ganas de vivir, de hacer cosas y de pensar en un futuro mejor. Estas situaciones forman parte de los tres tiempos. Presente, pasado y futuro.

Del presente, se disfruta de lo que hemos conseguido (aquí y ahora). Del pasado, se disfruta de su recuerdo, de cuando nos planteamos conseguirlo y de cómo nos sentíamos en ese momento. Del futuro, tenemos la esperanza de mantenernos igual o mejor todavía.

De aquí nos llega estrés: cuando las emociones negativas superan a las positivas. Cuando la báscula se decanta más hacia el miedo. Me quedo sin recursos.

– Las tres maneras de hacer frente al estrés: huir, atacar o paralizarse.

Estas tres formas son ancestrales y universales para todos los animales del planeta. Cuando vivíamos en la selva y nos encontrábamos un león en frente, teníamos que decidir qué hacer. Aunque actualmente este peligro ya no existe, el instinto de supervivencia todavía persiste. Entonces, en el trabajo actuamos de la misma forma. Cuando tenemos un problema o la situación laboral no nos compensa, lo enfrentamos de las tres maneras mencionadas.

– Pido la cuenta: acabo con el problema de golpe (ataco).

– Defiendo mis derechos: actúo para mejorar la situación (ataco).

– No hago nada: me vuelvo sumiso y espero a que vayan pasando los días. Esperando y deseando que la situación se resuelva por sí misma (estoy huyendo o estoy paralizado).

Pues todo esto que acabo de explicarte se podría resumir en tener una actitud optimista o negativa.

– Actitud: es tu forma de hacer frente a las situaciones diarias. Tú decides si te afectan o no. En cada situación se debe procurar buscar sus ventajas. Es decir, fijarse más en los aspectos agradables que en los desagradables. Ten presente que no son las circunstancias las que te hacen sufrir, sino, como las interpretas. El valor emocional que les quieras dar (malo, muy malo, fatal, o no pasa nada. No es para tanto).

– Dejo esta metáfora como ejemplo: el mismo agua que oxida una barra de hierro, le saca brillo a una de acero. O también, el mismo agua que hierve un huevo, ablanda una patata. Como verás, la diferencia está en el material del que estás hecho.

Te explico esto para que entiendas que el lunes puede ser un buen día o un mal día, según cómo lo interpretes y lo que esperes de él. Aparte de esto, cuando alguien pide la cuenta en su trabajo, raramente lo hace por la labor que desempeña, sino, por el ambiente laboral que hay (la relación entre compañeros). De aquí la importancia de nuestra actitud.

– Ser negativo: sólo te espera quejarte y criticar a los compañeros. Con esta actitud ya tienes una ensalada de malestar diaria. Me quejo, te critico y aún me pregunto cómo puede ser que me vaya tan mal. Todo me pasa a mí, ¡el mundo es injusto!
– ventajas de ser optimista:
soy proactivo, me quejo sólo una vez y si la situación no cambia, actúo en consecuencia. Soy consciente de que todo depende de mi punto de vista. Cada mañana decido cómo me irá el día, no dejo que nadie ni ninguna situación me altere. Cuando lo doy por finalizado, dedico un rato a los problemas (1/2 hora). Siempre a la misma hora, no importa el lugar, pero si el momento.

Para poder disfrutar del trabajo y del tiempo que le dedicamos, debemos ser coherentes con nuestros pensamientos y conductas. Esto se consigue respondiendo a estas 4 preguntas:

1- ¿Por qué tengo este trabajo, que espero de él, dinero, tiempo libre, me gusta o por la seguridad económica que me aporta?

2- ¿Qué espero del ambiente laboral, hacer buenos compañeros? Y yo qué ofrezco, ¿criticas, quejas, malestar o alegría y buen rollo?

3- ¿Qué valor añadido aporto a la empresa? Es muy sencillo, sólo tienes aportar bienestar, porque una persona contenta y satisfecha trabaja mejor y factura más.

4- ¿Cómo enfrento el estrés rutinario? con el ocio que me proporciona el dinero ganado, con el ocio que me proporciona el tiempo libre, con el ocio que me da la seguridad económica o con el ocio que me da tener un trabajo que me gusta.

Como verás, el ocio es una parte fundamental para superar el estrés. Por eso insisto en que hay que ser coherente con los pensamientos y la conducta. Si quiero el trabajo por el dinero que gano, pero lo malgasto y no me queda para disfrutar del ocio. No es coherente. Si tengo el trabajo por el tiempo libre que me queda y me paso el día durmiendo o en el sofá, tampoco es coherente. Si tengo el trabajo soñado pero sólo hago que criticar a los compañeros y fomentar el mal rollo, acabaré amargo. Tampoco es coherente.

Dicho esto, si aun así, no eres feliz, el problema no es el trabajo, sino, tu manera de enfocarlo y las expectativas que tienes de él.

Omar el Bachiri Psicólogo y Escritor

 

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¿Qué es el acoso? Es querer hundir anímicamente a una persona a través de la indiferencia y el miedo, se la trata de inútil. Es un ataque contra su salud mental. El perfil de la persona acosadora sería: baja autoestima, cobarde y vaga.

Como es vaga, no hace ningún esfuerzo en mejorar su autoestima y para compensarlo, intentar empeorar la de los demás trabajadores. Básicamente lo hace por dos motivos: por miedo a perder su cargo y por envidia.

– ¿Cómo afecta a la víctima? Sufre ansiedad e insomnio. En consecuencia, no puede descansar y se vuelve irritable. En algunos casos, puede llegar a abusar de los psicofármacos y del alcohol. Lo hará para desconectar y evadirse mentalmente de su realidad.

– ¿Pero a qué trabajador se acosa, porque no todos lo sufren? Se ataca al buen trabajador, al que sobresale y pueda ser un rival.

Cuando el acosador es un responsable o encargado, el motivo es el miedo. No soporta la idea de que la víctima pueda arrebatarle el cargo. En contrapartida, cuando el acosador es o son los compañeros, el motivo es la envidia. No soporta que alguien trabaje mejor que él, (esto conlleva trabajar más, de cara al jefe).

Con esta explicación quiero que entiendas que hay dos tipos de acoso: el vertical y el horizontal. El primero va desde el responsable hacia el empleado y el segundo, se da entre compañeros. Es lineal y es el peor de los dos porque que se añaden los sentimientos de odio, rabia y asco. No hay ningún beneficio económico, sólo la satisfacción del ego.

* El vertical: el motivo principal es la incompetencia de los cargos intermedios (responsables y encargados) no saben dar órdenes. Han obtenido el cargo a dedo. Son amigos o familiares de algún miembro de la dirección o porque llevan mucho tiempo en la empresa. Hacen muy bien el trabajo, pero no saben liderar. Aquí es donde radica el problema, gente incompetente dirigiendo el equipo.

Con esta afirmación lo entenderás mejor. Un burro hace tonterías, ¿no? entonces, un incompetente hace incompetencias. ¡Así de simple!

Por parte de la dirección no es muy habitual acosarte porque sabe que si lo hace, como represalia, harás mal el trabajo y por lo tanto, dejará de facturar (conspiración). La gran mayoría de las veces no se entera hasta que pides la cuenta y luego, por mucho que te quieran subir el sueldo para que no te vayas, te niegas en rotundo y tu respuesta es: “O se va el responsable o me voy yo”

El motivo de la incompetencia por parte de los responsables es que no conocen la diferencia entre ser el líder y ser el jefe. Como responsable eres el líder y eso significa ser empático. Dar ejemplo y hablar siempre en plural (estamos facturando o no estamos facturando). Sin embargo, el jefe habla en singular (estoy facturando o no estoy facturando).

El jefe (la dirección) motiva a los empleados con dinero y el líder lo hace con emociones. Reforzando la conducta con premios, tan básicos como dando permiso al empleado para que se vaya un poco antes o que empiece un poco más tarde. También puede ser con una sonrisa o unas palabras bonitas como por ejemplo: bien hecho, buen trabajo, continúa así, etc. Pero claro, eso no lo hacen porque tienen miedo a perder su cargo. Piensan, si yo he llegado aquí de esta manera, él también lo puede hacer.

* El horizontal: es causado por las envidias de los compañeros. Se sienten inferiores a ti y no les gusta que alguien haga el trabajo mejor que ellos. Entonces, empiezan a criticarte, hacerte el vacío e inventarse historias sobre ti y tu familia.

A partir de aquí nos afectará de una forma otra, dependiendo del motivo por el que hemos aceptado el trabajo. Hay 4 básicamente:

1- Por sueldo. Aquí me pagan más que allí.

2- Para el horario o la ubicación. Me compensa.

3- Porque me gusta. Es una vocación.

4- No hay nada más. Me adapto a todo.

– ¿Cómo actuar frente a estas personas? Lo haremos de forma asertiva. Cualquier forma que no sea ésta, está destinada al fracaso porque, permite al agresor violar nuestros derechos. No olvidemos que estamos hablando de una conducta subjetiva. No se ve. Si actuamos con pasividad (dejamos pasar los días), estamos dando a entender que nuestros sentimientos y pensamientos no son tan importantes como los del agresor. A partir de aquí se ve afectada nuestra autoestima, con sus respectivas consecuencias. Si actuamos agrediendo, lo estamos haciendo de forma objetiva y estamos dando pie a represalias legales por la parte contraria.

– Actuar con asertividad: nos permite defender nuestros derechos, expresar nuestros pensamientos y sentimientos. De forma clara, directa y con educación. Desde el primer momento en que nos sentimos incómodos con la situación, tenemos que hablar y dar nuestra opinión. Recuerda que el acosador es cobarde y ni sabe defenderse, ni quiere hacerlo. Si te callas, estás muerto. Sin embargo, con una sola vez que te enfrentes, te dejará en paz. Es demasiado vago como para buscar alternativas.

– En el vertical: Hay que preguntar al acosador para qué lo hace, ¿qué quiere conseguir con esta conducta? Acto seguido vas a informar a la dirección. Nunca tengas miedo a defender tus derechos. Cuando la dirección te contrató, lo hizo por alguna razón en concreto y dudo mucho que haya cambiado. Recuérdalo siempre, eres buen trabajador.

– En el horizontal: aquí no hay motivo para que nos afecte. Dudo mucho que cuando aceptaste el trabajo, fuera para hacer amigos. Lo aceptaste por uno de los 4 motivos mencionados anteriormente y como podrás ver, hacer amigos, no lo he mencionado en ningún momento. Al trabajo no vas a hacer amigos. Si los haces, mejor para ti, pero este no es el objetivo principal.

Omar el Bachiri Psicólogo y Escritor

 

 

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