Burn-out (el empleado quemado)

Burn-out (el empleado quemado)

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¿Te suena esta frase?, mi trabajo me apasiona pero, no puedo más, estoy harto.

¿Vale la pena sufrir o morir por un trabajo que después vendrá otra persona y lo hará peor pero estará mejor valorada que tú?

El bur-nout básicamente es esto: un estado de ansiedad elevado y prolongado en el tiempo. Es causado por un exceso de trabajo. Por falta de recursos materiales y / o de personal.

Empieza con un poco de estrés pero, si no se controla y se reduce su intensidad, se transforma en ansiedad. Pasado un tiempo, el organismo se agota, cae enfermo y aparece la depresión. Aunque en ocasiones, la depresión aparece sin haber sufrido antes ansiedad.

Pero en el burn-out sigue esta línea: estrés – ansiedad – depresión.

Una persona que coge la baja laboral por este motivo, no se recupera en menos de 18 meses. Está agotada tanto física como mentalmente. Ya no es capaz ni de hacer correctamente el trabajo que hacía con anterioridad. Está anulada. Le ha cogido pánico a su trabajo. En muchas ocasiones, cuando vuelve a trabajar, cambia radicalmente de sector. También decir, que este síndrome no distingue ni entre clases sociales ni sexos. Lo puede padecer cualquier persona apasionada por su trabajo. Ya sea el empleado, el encargado, el director o el propio dueño del negocio. Es dar más del 100%. Te apasiona lo que haces y te entregas por completo.

– Estrés: no saber o no poder hacer frente a la situación, esta te sobrepasa. Puede ser por falta de preparación, de material y/o de personal.

Aunque no lo parezca, el estrés es nuestro aliado, porque nos mantiene activos y atentos. Sin él, moriríamos a los pocos días de nacer. Se encarga de motivarnos para conseguir los objetivos que nos proponemos y cuando las cosas no salen como deseamos, nos da la energía para buscar las posibles soluciones. El problema surge cuando se mantiene en el tiempo.

– Ansiedad: surge cuando pensamos demasiado en el futuro (inmediato o a largo plazo). En este caso, es porque como estamos estresados, damos por hecho que mañana también lo estaremos y tenemos miedo de volver a sufrir los efectos del día anterior. La ansiedad se podría definir como el miedo a tener miedo. No pensamos y nos dejamos llevar. Nos vienen ideas catastrofistas e irreales pero las vivimos como si fuesen reales.

– Depresión: estado anímico apático, no sabes qué te pasa y no tienes ganas de nada. Lo que antes te gustaba, ahora ya no te atrae. Sólo quieres quedarte en casa y aislarte del mundo.

– ¿Cómo actuamos frente al burn-out? Tienes pánico a ir al trabajo porque ya sabes lo que te espera. Has convertido lo que antes era una motivación para emprender cualquier proyecto, en una excusa para abandonar. Entonces o coges la baja laboral o reduces el ritmo de trabajo. Haces lo mínimo para justificar tu sueldo.

– La baja laboral: no es voluntaria, llega un punto en el que no te queda más remedio. No funcionas, no tienes energías y caes enfermo. Pero no acudes al psicólogo, sino, al psiquiatra o al médico de cabecera y éstos sólo te medican. Te quedas atontado con tantas pastillas que te recetan. La ansiedad se supera con terapia y algo de medicación. Alrededor de un 80% y un 20%, respectivamente.

– Reducir el ritmo de trabajo: es decir, pasas de ser Batman a ser un mediocre. Sólo haces lo que te piden, ya no aportas nada extra. Te dices a ti mismo: para lo que me pagan, ya hago bastante.

El perfil de esta persona sería: auto-exigente – perfeccionista y no sabe delegar. Piensa, si no lo hago yo, nadie lo hará y si lo hacen, lo harán mal. Es el primero en llegar al trabajo y el último en irse. Sabe que hace muchas horas pero lo encuentra normal, es más, se justifica. Cree que es indispensable, peor aún, está convencido de que los demás esperan eso de él. Esto es lo que se llama el efecto Pigmalión (me comporto según pienso que los demás esperan que haga).

Consecuencias del estrés y de la ansiedad

– Insomnio

– Dificultad para concentrarse

– Tomar decisiones erróneas

Como no descansas, tienes dolor de cabeza, de cervicales, de lumbares, hipertensión (ataque al corazón) y se te cansa la vista. Este estado físico y anímico impide que te concentres en el trabajo y en consecuencia tomas decisiones no muy acertadas.

– ¿Qué hacer para no caer en el burn-out? revisa tus expectativas, quizás son demasiado altas y tienes que replantearlas. No esperes la aprobación de todos. En el trabajo, por muy bien que lo hagas, no todo el mundo te lo agradecerá y menos aún te felicitará. 

Resumo las tres fases del burn-out con un ejemplo muy típico: «El encargado de la tienda»

1- Estoy entusiasmado e ilusionado con el trabajo que desempeño. Tengo buenas expectativas, trabajo contento y en equipo.

2- Me empiezan a exigir cada más por el mismo sueldo, o yo mismo me lo autoexijo. Aquí empieza la frustración y la desilusión. Estoy viendo cómo se esfuman mis expectativas. Me doy cuenta de que no facturaré la cantidad deseada. El trabajo me agota, tengo que hacer más en el mismo tiempo y muchas veces, con menos personal.

3- Llega el estrés y la apatía, me  resigno porque no he alcanzado los objetivos marcados. Estoy cansado, la ansiedad no me permite dormir, ni descansar. Me vuelvo histérico, a la mínima estallo. El buen rollo en el equipo ya no existe. Entonces para soportarlo, me auto-engaño, me digo a mi mismo: «puedo con todo, soy fuerte«. Empiezo tomando tilas para calmarme y en menos de 5 semanas ya estoy con ansiolíticos y antidepresivos. Aparte de esto, el café se ha vuelto su mejor aliado, sin él, no funciono.

 

Omar El Bachiri

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