Fibromialgia (una enfermedad silenciosa)

Fibromialgia (una enfermedad silenciosa)

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La organización mundial de la salud (OMS), la reconoce como enfermedad desde el 1992 pero, cada país tiene la potestad de aceptarla o no. Se define como una patología de reumatismo no articular. La persona sufre un dolor crónico y generalizado. Acompañado de cansancio y de sueño no reparador. Es decir, la persona está agotada. Le duele todo, desde las uñas de los pies hasta la raíz del pelo. Mismo un abrazo, le causa dolor. Es hipersensible. Le duelen los músculos, los tendones, las articulaciones, los lumbares, la cabeza, etc. El organismo está pidiendo reposo absoluto. Lo curioso de esta enfermedad, es que nunca estás bien. Esta palabra no existe en tu vocabulario. Tienes días malos y días peores. Dices: – hoy estoy mejor o peor que ayer. Además, por muchas pruebas médicas que te hagas, siempre salen negativas. Es decir, te duele todo el cuerpo pero, no tienes nada lesionado.

Se desconoce su origen y afecta al 4% de la población mundial. Esto quiere decir que seguramente todos conocemos a alguien con fibromialgia. Quizás no diagnosticado pero sí que la sufre. Lo curioso es que afecta principalmente a mujeres. Hablamos de un 80% de los casos. No hay ninguna prueba objetiva que permita diagnosticarla. Pero se ha llegado a un acuerdo para intentar hacerlo. Es una prueba universal. No científica. Los puntos dolorosos. Son 18 y están repartidos por todo el cuerpo. Si sientes dolor en 11 de ellos, el médico puede diagnosticar la enfermedad. A partir de ellos, se harán las pruebas médicas, para descartar cualquier lesión. Para que se pueda considerar la enfermedad como tal, los dolores tienen que ser continuos durante mínimo tres meses. Estos puntos son necesarios para que el médico tenga una idea del posible diagnóstico. Imagínate que eres médico y te llega un paciente quejándose de dolores por todo el cuerpo.  Algo tendrás que decirle. ¡No hay nada peor que desconocer qué te pasa!

No se puede hablar de herencia genética pero, se ha visto que cuando alguien es diagnosticado de fibromialgia, se percata de que en su familia siempre había alguien que se quejaba de dolor crónico. Esto quiere decir que la genética predispone y la historia personal la desencadena.

La teoría actual defiende que se desencadena por situaciones traumáticas. Ya sean físicas o psicológicas. Puede ser un golpe en la cabeza, romperse un brazo, una pierna o simplemente una operación de cualquier cosa. Y también puede ser debido a un periodo prolongado de estrés. Un día cualquiera empiezas a sentir que te duele el cuerpo y no encuentras explicación. Es una situación de desamparo. Vas de médico en médico. Al neurólogo, al endocrino, al reumatólogo, etc. Vas a todos. Quieres descartar cualquier daño posible. Claro, esto dificulta tu jornada diaria, sobre todo la laboral. No importa tu profesión (economista, camarera, vendedora, policía, periodista, abogada, etc.) Lo peor de todo es que los mismos compañeros y amigos no te creen. Entonces aparte de sufrir dolor, sufres el rechazo de los demás. Te señalan y te tratan de vaga. Te diagnostican la enfermedad de la perezosa.

Con el paso del tiempo, se adquieren asociaciones de acción-dolor. Te anticipas a él. Aunque sea un abrazo de tu pareja o hijos. Les dices: – no me toques -. Causas rechazo. Tampoco te acercas a las barandillas, para no rozarte con ellas, porque te duele. Vives constantemente en un estado de alerta, agravando todavía más la situación. De aquí la importancia del ocio. De practicar alguna actividad física porque, nos distrae la mente (Mindfulness). Significa ser consciente de lo que estás haciendo en ese preciso momento. Desde respirar a caminar. Saborear cada instante, sin ponerle ningún adjetivo calificativo. A nivel físico la persona está tan cansada que no le apetece hacer nada. Pero tampoco quiere dormir, porque sabe que no es efectivo. Aunque duerma 12 horas, se levantará cansada y sin fuerzas. Esta enfermedad muchas veces conduce a la depresión. Porque te puede aislar si no la manejas adecuadamente. Dejas de quedar con los amigos y la cabeza empieza a dar vueltas. A pensar por qué te pasa esto, lo injusto que es y entonces caes en el victimismo. Otro añadido al problema es el cambio de humor. Te vuelves irascible, agresiva o todo lo contrario. Dejas de discutir, todo te da igual. Sientes tanto dolor que lo único que quieres es paz.

Hasta hace poco se pensaba que era una enfermedad reumática y las investigaciones han ido por ese camino pero, ahora ya se empieza a decir que es más una enfermedad neurológica porque, afecta al sistema nervioso central (SNC). El organismo percibe e interpreta el dolor de una forma exagerada y esto hace que esté siempre en alerta. De ahí viene la ansiedad, el estrés, la depresión, los dolores musculares, los dolores de cabeza, etc. El malestar generalizado. Porque es un bucle. No duermes, no descansas y el organismo no se recupera. Decir también que las personas activas son las que más sufren esta enfermedad porque por lo general las pasivas, no se inmutan. Encuentran normal sentir dolor después de una determinada edad. De ahí la famosa frase que dice: después de los 40 es normal que te duela el cuerpo. Si no es la pierna, es la cabeza o la espalda. Las activas, en cuanto perciben que su rendimiento está bajando sin motivo aparente, acuden al médico. Quieren recuperarse, para seguir con el mismo nivel de exigencia.

Para acabar, daré el perfil de la persona afectada: es diagnosticada entre  los 20 y 40 años. Mayoritariamente es mujer y activa. Va de aquí para allí. O es deportista o simplemente no para quieta. Empieza a darse cuenta de que cada vez le cuesta más mantener ese ritmo. Duerme mal, entonces no descansa. Las manos o la espalda nunca le han dolido y ahora empieza a sentir molestias. Le viene algún que otro dolor de cabeza. Pasados uno meses se generaliza y se vuelve crónico. Migrañas, problemas estomacales, poca tolerancia a la luz y al ruido, dolor en las articulaciones, etc.

Por Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

 

 

 

 

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