MASAJE EN LOS CABALLOS Parte 6

MASAJE EN LOS CABALLOS Parte 6

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PRINCIPIOS GENERALES PARA DAR UN BUEN MASAJE

PRINCIPIOS GENERALES PARA DAR UN BUEN MASAJE

Para que un masaje se desarrolle correctamente de manera que tanto cuidador como caballo obtengan los mejores resultados, deberán respetarse una serie de principios generales, que a continuación detallamos:

1. APROXIMACIÓN AL CABALLO: los primeros minutos que se pasan con el caballo resultan cruciales para el desarrollo posterior del masaje; sólo si conseguimos desde el principio transmitir una imagen de seguridad, nos aseguraremos de que el caballo se sienta cómodo y relajado.

Por ello es aconsejable que, antes de lanzarnos, observemos durante un rato al animal tratando de comprobar cuál es su estado.

Por supuesto nosotros también debemos calmarnos y nunca empezaremos un masaje si tenemos prisa, estamos cansados o simplemente hay algo que nos inquieta, puesto que todos estos sentimientos pueden transmitirse al caballo.

Durante la aproximación deberemos hablarle con voz suave y tono tranquilizador.

Nos acercaremos por los flancos, nunca de frente y siempre con las manos a la altura de la cintura. Por supuesto deberemos dar signos de nuestra presencia antes de tocar al caballo, puesto que de otra forma puede asustarse.

2.EL PRIMER CONTACTO: serán necesarias unas grandes dosis de tranquilidad y sensibilidad para el primer contacto. Nos tomaremos nuestro tiempo, la prisa en este caso es también mala consejera.

Conviene comenzar tocándole el cuello a la altura del hueso occipital, de forma muy sutil.

El contacto se deberá ir aumentando progresivamente, tanto en su duración como en su profundidad.

3.LA POSTURA: un masaje puede alargarse durante más de una hora, por ello mantener una correcta postura no sólo nos va a ayudar a no cansarnos en exceso, sino que además conseguiremos conservar la energía necesaria, exprimiendo al máximo la eficacia mecánica del cuerpo.

Una buena postura permite que la energía que fluye de las manos del masajista pase al caballo.

Los principios de una correcta postura son:

  • Espalda recta: pero sin rigidez ni tensión.
  • Hombros sueltos y con suficiente movilidad.
  • Cabeza alineada con la columna.
  • Estirar brazos, flexionando los codos ligeramente (debemos sentir que el trabajo se realiza desde los codos y no sólo con las manos).
  • Flexionar ligeramente los rodillas, manteniendo los pies separados, a una distancia equivalente a al ancho de los hombros.
  • Cuando deba aplicar presión, conviene trabajar desde la pelvis, puesto que es la única manera de ejercer la fuerza necesaria. Revise que su postura es la correcta varias veces a lo largo del masaje.

4. PERCIBIR SENSACIONES A TRAVÉS DE LAS MANOS: aunque al principio puede que no nos resulte muy sencillo, debemos aprender a traducir los datos que el caballo nos transmitirá a través del contacto con nuestras manos:

Temperatura: la temperatura corporal de un caballo es de 38º, cualquier cambio en esta cifra es el síntoma de un problema. Así si notamos una zona demasiado fría en comparación con el resto del cuerpo es muy posible que sea el signo de un problema como una contracción muscular, tensión profunda… Por el contrario una zona que aparezca máscaliente es síntoma de una inflamación.

• Textura: densidad y elasticidad de la piel y de las fibras musculares. Si un tejido está demasiado blanco o demasiado hinchado puede indicar la presencia de un edema o la existencia de una afección inflamatoria.

• Terneza: se trata de la respuesta dada por el animal al contacto: una sensibilidad excesiva indica la existencia de algún problema (lesión). Tenga en cuenta que la reacción del animal ante el contacto siempre será proporcional a la gravedad del problema en ese momento.

• Tensión: la tensión muscular es el resultado de un exceso de trabajo o de ejercicio. Un exceso de tensión produce la disminución de la circulación y de la cantidad de nutrientes y oxígeno. Si esta sobretensión se produce tras el ejercicio es totalmente normal, pero si se produce tras un periodo de descanso, será la respuesta de compensación ante un problema.

5. LA PRESIÓN: puede que en principio nos resulte difícil calcular la cantidad de presión que ejercemos sobre el cuerpo de nuestro caballo, para conseguirlo muchos realizan prácticas previamente en la báscula del baño o de la cocina, así sabremos el nivel de presión ejercido en cada momento y hasta dónde podemos llegar (empezamos por 2/5 kilos, después de 5 a 10 kg….); teniendo en cuenta que:

• Roce con el dedo: supone una presión entre 45 y 450 gr.
• Roce ligero: presión entre 1 y 1,5 kg.
• Roce medio: presión entre 1,5 y 2,5 kg.
• Roce firme: 3,5 a 4,5 kg. (5,5 en un caballo pesado).

A la hora de trabajar con nuestro caballo será importante no ejercer demasiada presión, puesto que podemos llegar a lesionar las fibras musculares.

La presión puede variar en cada caso, dependiendo de los síntomas que presente el caballo y de la finalidad buscada con el tratamiento; si bien siempre comenzaremos con poca presión y la iremos aumentando progresivamente a medida que avanza el masaje.

6. EL CONTACTO: a través de nuestras manos se transmite gran cantidad de información, tanto del caballo al masajista como a la inversa. Resulta fundamental ser capaces de enlazar todas las caricias, dando una sensación de continuidad a todo el movimiento y evitando perder la relación establecida entre caballo y amo.

7. EL RITMO: en principio debemos decir que el ritmo de movimiento deberá ser pausado, lento, con lo que se consigue la completa relajación del sistema nervioso.

Los ritmos rápidos tienen la función de estimular al caballo y suelen ser utilizados como preparación antes de la monta o antes del trabajo, o simplemente para calentarle cuando siente frío.

 

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