¿Por qué nos gusta el cine de terror?

¿Por qué nos gusta el cine de terror?

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A la gente nos gusta sentir miedo cuando nos sentimos seguros.

Los seres humanos compartimos tres miedos. Tememos a lo desconocido, a la muerte y a la soledad impuesta.

El cine de terror se basa en estos tres conceptos. La muerte del protagonista, el lugar donde se desarrolla y el sentimiento de soledad. Estas películas están hechas para excitarnos, son pura adrenalina. Los amantes de estas películas segregan tanta adrenalina como la gente que se tira por un puente, en paracaídas, o subiéndose a una montaña rusa. Además, son una buena terapia para desensibilizar la ansiedad, miedos exagerados o cualquier fobia. Es una terapia de exposición con prevención de respuesta.

El motivo del placer surge de la capacidad de predecir un poco el relato. Hace que empatices con el protagonista y al mismo tiempo, que odies al malo. Te hace trabajar la imaginación, buscando alternativas a su conducta. Te dices – “No, no vayas por ahí o no hagas esto, mejor haz aquello” -.

 – El miedo: puede ser innato o adquirido y se adquiere por condicionamiento clásico o por aprendizaje vicario (viendo la conducta de otros). Asociamos una situación u objeto con malestar. También tenemos el miedo real y el irreal. Su mala gestión conduce a la ansiedad. Se podría resumir como, el miedo al miedo. Tengo miedo a pasarlo mal, me anticipo a lo que pasará y mi organismo se pone a la defensiva.

En una película de terror o suspense, tenemos miedo a lo que le pasará al actor, no a lo que le está pasando, (capacidad de anticipar, me pongo en su piel). Además, es una de las emociones básicas de nuestro repertorio. Junto con el asco, alegría, sorpresa, ira y tristeza. Nos mantiene alerta, se encarga de nuestra supervivencia. Sin miedo, nos volveríamos temerarios y moriríamos a los pocos días de nacer. El miedo provoca respuestas parecidas al estrés: atacas, huyes o te paralizas. Pero hay que decir que todas las emociones son positivas, el miedo también. El problema viene cuando no lo sabemos gestionar o identificar.

– El miedo real: aquí te juegas la vida. Estás en peligro. Es adaptativo.

– El miedo irreal: está fundamentado en el catastrofismo y en la imaginación. Proviene de tus pensamientos y te crean angustia e inseguridad, porque no sabes lo que pasará. Te crea incertidumbre. Es NO adaptativo.

Para entender mejor lo que estoy escribiendo, te lo explicaré desde la biología. Te voy a mencionar el sistema límbico. Se encarga de gestionar las respuestas emocionales y fisiológicas. Es decir, procesa las emociones y regula la conducta. Está relacionado con la supervivencia de uno mismo. Según lo que interpreta, así se comporta. Se le conoce como el cerebro emocional. También es más sensible a los gestos e intenciones que a las palabras bonitas. Nos hace imaginar, interpretar, y sentir las emociones. Distingue entre lo que es agradable y lo que no lo es.

Hay que decir que el cerebro se divide en tres subcerebros: el reptiliano, que es la parte más antígua del cerebro. Luego le sigue este, el emocional y el tercero, que es el racional. También denominado neocortex. Es el que razona las situaciones, procesa las emociones y les da un sentido de peligro o no. El sistema límbico está compuesto por un conjunto de estructuras como la amígdala, el hipocampo, el tálamo, el hipotálamo, y otras más. En este caso sólo tocaremos dos, el hipocampo y la amígdala.

– Hipocampo: se encarga de almacenar la información a largo plazo. Todo lo que vamos aprendiendo se va introduciendo aquí. Su relación con las emociones es esencial ya que recordamos mejor los sucesos que tienen un vínculo emocional fuerte, ya sea bueno o malo. También explica por qué asociamos una música en concreto con una escena o situación. Esto explica por qué antes de los 4 años, apenas tenemos recuerdos. Porque hasta esta edad todavía no está desarrollado del todo. También influye en la memoria asociativa. Esto es, cuando no entiendo algo en una situación concreta, busco en la información que ya poseo, para crear nuevas asociaciones y darle un sentido. Transformo lo desconocido en conocido. Cuando te lesionas esta zona, eres incapaz de generar nuevos recuerdos, pero sin dañar a los que ya tienes (amnesia anterógrada).

– Amígdala: mantiene el equilibrio fisiológico del organismo, regula la temperatura interna del cuerpo, equilibra la presión sanguínea, el ritmo cardíaco y el nivel de azúcar. Es la encargada de gestionar las emociones. En ella se almacenan las emociones básicas que he mencionado anteriormente. Hay un estudio donde se inhabilita la amígdala a unos monos y estos al ver una serpiente, como no sienten miedo, no se alejan y la serpiente les acaba picando. Sin embargo, en otro estudio, a otros monos se les estimula y aunque no haya nada ningún peligro, se comportan como si estuvieran acorralados. Están en señal de alarma. Esto es lo que vendría a ser la ansiedad. El miedo irreal. También, es la encargada de que actuemos por reflejos, sin pensar. Por simple supervivencia. Primero sentimos y luego pensamos, porque toda la información pasa primero por ella y posteriormente accede a la corteza cerebral. (Raciocinio).

– La importancia del sonido: crea el ambiente, le da un sentido a lo que vemos. Experimentamos emociones como el miedo, la rabia, la alegría, etc. Anticipa la aparición de otra escena, ya te imaginas lo que pasará. Luego, también el silencio tiene su parte. Este habla por sí mismo, hace que interpretemos los gestos corporales y faciales de los actores. Esto crea angustia o miedo. Muchas veces por no decir siempre, asociamos una canción o un sonido con una película. El cerebro no distingue entre lo que es real y lo que no lo es. Esto es muy bueno porque se le puede engañar y hacer que manifieste emociones de hambre, tristeza, alegría, etc. Es lo que se viene a ser la capacidad de manipulación. Ves un anuncio de comida o bebida y te entra hambre o sed.

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