Editorial

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La organización mundial de la salud (OMS), la reconoce como enfermedad desde el 1992 pero, cada país tiene la potestad de aceptarla o no. Se define como una patología de reumatismo no articular. La persona sufre un dolor crónico y generalizado. Acompañado de cansancio y de sueño no reparador. Es decir, la persona está agotada. Le duele todo, desde las uñas de los pies hasta la raíz del pelo. Mismo un abrazo, le causa dolor. Es hipersensible. Le duelen los músculos, los tendones, las articulaciones, los lumbares, la cabeza, etc. El organismo está pidiendo reposo absoluto. Lo curioso de esta enfermedad, es que nunca estás bien. Esta palabra no existe en tu vocabulario. Tienes días malos y días peores. Dices: – hoy estoy mejor o peor que ayer. Además, por muchas pruebas médicas que te hagas, siempre salen negativas. Es decir, te duele todo el cuerpo pero, no tienes nada lesionado.

Se desconoce su origen y afecta al 4% de la población mundial. Esto quiere decir que seguramente todos conocemos a alguien con fibromialgia. Quizás no diagnosticado pero sí que la sufre. Lo curioso es que afecta principalmente a mujeres. Hablamos de un 80% de los casos. No hay ninguna prueba objetiva que permita diagnosticarla. Pero se ha llegado a un acuerdo para intentar hacerlo. Es una prueba universal. No científica. Los puntos dolorosos. Son 18 y están repartidos por todo el cuerpo. Si sientes dolor en 11 de ellos, el médico puede diagnosticar la enfermedad. A partir de ellos, se harán las pruebas médicas, para descartar cualquier lesión. Para que se pueda considerar la enfermedad como tal, los dolores tienen que ser continuos durante mínimo tres meses. Estos puntos son necesarios para que el médico tenga una idea del posible diagnóstico. Imagínate que eres médico y te llega un paciente quejándose de dolores por todo el cuerpo.  Algo tendrás que decirle. ¡No hay nada peor que desconocer qué te pasa!

No se puede hablar de herencia genética pero, se ha visto que cuando alguien es diagnosticado de fibromialgia, se percata de que en su familia siempre había alguien que se quejaba de dolor crónico. Esto quiere decir que la genética predispone y la historia personal la desencadena.

La teoría actual defiende que se desencadena por situaciones traumáticas. Ya sean físicas o psicológicas. Puede ser un golpe en la cabeza, romperse un brazo, una pierna o simplemente una operación de cualquier cosa. Y también puede ser debido a un periodo prolongado de estrés. Un día cualquiera empiezas a sentir que te duele el cuerpo y no encuentras explicación. Es una situación de desamparo. Vas de médico en médico. Al neurólogo, al endocrino, al reumatólogo, etc. Vas a todos. Quieres descartar cualquier daño posible. Claro, esto dificulta tu jornada diaria, sobre todo la laboral. No importa tu profesión (economista, camarera, vendedora, policía, periodista, abogada, etc.) Lo peor de todo es que los mismos compañeros y amigos no te creen. Entonces aparte de sufrir dolor, sufres el rechazo de los demás. Te señalan y te tratan de vaga. Te diagnostican la enfermedad de la perezosa.

Con el paso del tiempo, se adquieren asociaciones de acción-dolor. Te anticipas a él. Aunque sea un abrazo de tu pareja o hijos. Les dices: – no me toques -. Causas rechazo. Tampoco te acercas a las barandillas, para no rozarte con ellas, porque te duele. Vives constantemente en un estado de alerta, agravando todavía más la situación. De aquí la importancia del ocio. De practicar alguna actividad física porque, nos distrae la mente (Mindfulness). Significa ser consciente de lo que estás haciendo en ese preciso momento. Desde respirar a caminar. Saborear cada instante, sin ponerle ningún adjetivo calificativo. A nivel físico la persona está tan cansada que no le apetece hacer nada. Pero tampoco quiere dormir, porque sabe que no es efectivo. Aunque duerma 12 horas, se levantará cansada y sin fuerzas. Esta enfermedad muchas veces conduce a la depresión. Porque te puede aislar si no la manejas adecuadamente. Dejas de quedar con los amigos y la cabeza empieza a dar vueltas. A pensar por qué te pasa esto, lo injusto que es y entonces caes en el victimismo. Otro añadido al problema es el cambio de humor. Te vuelves irascible, agresiva o todo lo contrario. Dejas de discutir, todo te da igual. Sientes tanto dolor que lo único que quieres es paz.

Hasta hace poco se pensaba que era una enfermedad reumática y las investigaciones han ido por ese camino pero, ahora ya se empieza a decir que es más una enfermedad neurológica porque, afecta al sistema nervioso central (SNC). El organismo percibe e interpreta el dolor de una forma exagerada y esto hace que esté siempre en alerta. De ahí viene la ansiedad, el estrés, la depresión, los dolores musculares, los dolores de cabeza, etc. El malestar generalizado. Porque es un bucle. No duermes, no descansas y el organismo no se recupera. Decir también que las personas activas son las que más sufren esta enfermedad porque por lo general las pasivas, no se inmutan. Encuentran normal sentir dolor después de una determinada edad. De ahí la famosa frase que dice: después de los 40 es normal que te duela el cuerpo. Si no es la pierna, es la cabeza o la espalda. Las activas, en cuanto perciben que su rendimiento está bajando sin motivo aparente, acuden al médico. Quieren recuperarse, para seguir con el mismo nivel de exigencia.

Para acabar, daré el perfil de la persona afectada: es diagnosticada entre  los 20 y 40 años. Mayoritariamente es mujer y activa. Va de aquí para allí. O es deportista o simplemente no para quieta. Empieza a darse cuenta de que cada vez le cuesta más mantener ese ritmo. Duerme mal, entonces no descansa. Las manos o la espalda nunca le han dolido y ahora empieza a sentir molestias. Le viene algún que otro dolor de cabeza. Pasados uno meses se generaliza y se vuelve crónico. Migrañas, problemas estomacales, poca tolerancia a la luz y al ruido, dolor en las articulaciones, etc.

Por Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

 

 

 

 

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¿Cómo reacciono si mi hijo me dice que es homosexual? ¿Acepto una hija lesbiana o un hijo gay?

La respuesta tendría que ser la misma que si me dijera que es heterosexual pero, lamentablemente no siempre es así. Esta reacción viene condicionada por la cultura y las creencias de cada uno.

Por los estereotipos sexuales y los prejuicios. Es muy importante conocer cómo se crean estos dos conceptos para comprender la respuesta de los padres. También es un factor importante saber qué facetas del hijo se valoran más. Si su orientación sexual o su capacidad para ser feliz. Porque la orientación sexual no se elige, viene determinada por la biología de cada uno.

Está plenamente demostrado por la ciencia. Ser homosexual no es una elección, es una condición igual que ser heterosexual o bisexual. Sin embargo ser feliz, si que es una elección y tu hijo ha optado por esta última. Seguramente no ha sido fácil para él reconocerte su orientación sexual. No es lo mismo informar a los amigos que a los padres. Si tienes intención de preguntarle desde cuándo siente que es homosexual, piensa en tu caso. ¿Desde cuándo sientes que eres heterosexual? Verás que la respuesta es la misma para ambos. No hay diferencia.

Ten presente que cuando juzgas a alguien, estás haciendo un juicio introspectivo. Estás confrontando la realidad social con tus creencias propias. Estás mostrando tus prejuicios sociales.

Predominan tus ideas preconcebidas sobre el significado de la homosexualidad y estás reflejando tu rigidez mental hacia la heterosexualidad como única vía de relación entre dos personas.

Estas ideas vienen condicionadas por la información que tienes en ese momento. Una información no contrastada científicamente, sino, basada en estereotipos y conversaciones entre amigos. Se generaliza cualquier conducta y se asocian entre ellas. Te lo explico con un ejemplo para que lo entiendas mejor: ves a dos chicas bailando juntas o agarradas de la mano y piensas que es algo normal. Que son amigas.

Sin embargo, eso lo hacen dos chicos y automáticamente piensas que son gays. En ningún momento piensas que puedan ser hermanos o padre-hijo.

Hay muchos padres/madres que se preguntarán en qué momento de su educación han fracasado. Cómo es que su hijo no ha salido normal. Lo aceptarán pero sentirán pena por él, por ser diferente y están convencidos de que le espera una vida desgraciada. Otros, sin embargo lo rechazarán.

Por ignorancia, desconocimiento sobre cómo funciona la biología o simplemente por vergüenza ajena. Por el qué dirán los demás. Familiares, amigos y conocidos. Por suerte, esto es una minoría de los casos. Actualmente, en el año 2019 ya es un tema aceptado y la mayoría de padres/madres aceptan incondicionalmente a su hijo. Prestan más atención a otras facetas de su vida. Como por ejemplo que sea feliz y esté bien de salud, dejando en segundo plano la orientación sexual. Al final es lo que importa. Que tu hijo esté sano y disfrute de la vida.

Responde a esta pregunta:

¿Por qué la das tanta importancia a la orientación sexual? Si es porque no te hará abuelo/a, te recuerdo que también puede ser estéril y aunque fuera heterosexual tampoco te daría un nieto o también, si elige ser sacerdote, tampoco de lo dará.

Si hablas con él, verás que tenéis muchas cosas en común y vas a renunciar a él simplemente porque no comparte tu orientación sexual. Es tu hijo, no tu mini yo. Es un ser independiente y con capacidad de decisión. No lo juzgues por no seguir a la mayoría. Ámalo por sus ideas. No por las tuyas.

Dicho esto paso a definir que son los estereotipos y los prejuicios. Los primeros son creencias generales sobre alguna clase social o grupo en concreto. Es la forma de trabajar que tiene nuestra mente. Lo hace para ahorrar energía ya que su capacidad de procesamiento es limitada.

De esta forma con solo ver o ir algo referente a ese grupo, sabe cómo interactuar con él. Esto permite que se juzgue por igual a cualquier persona perteneciente a esa clase o grupo. Se les achaca ciertos aspectos físicos, formas de vestir y de comportamiento. Hasta cierto punto es factible pero, el problema es que se deja de lado la mente crítica. No se analiza la información obtenida ni su origen. Se usa la mente reactiva. Dando lugar a muchos errores de juicio. De aquí surgen los prejuicios. Estos son opiniones anticipadas.

Se juzga a la persona, clase social o grupo antes de conocerlos. Son juicios basados en los estereotipos. Se sigue la idea de causa-efecto. Sin tener en cuanta otros factores. Te voy a dejar un ejercicio para que veas cómo nos influyen los estereotipos a la hora de juzgar. Visualiza esta imagen. Joven de 25 años con un Ferrari viviendo en Colombia, viviendo en Hollywood o en Andorra.

Seguramente, para el primero te ha venido a la mente un narcotraficante, para el segundo, has pensado en un actor famoso y para el tercero, un hijo de papá o youtuber. En ningún caso has pensado que pueda ser un joven empresario o un brocker de la bolsa. Pues en los estereotipos sexuales sucede exactamente lo mismo. Las personas que se aferran a ellos sin cuestionarlos, juzgarán a la gente que se salen de su estandarte.

Ahora que ya sabes cómo funcionan, no juzgues a tu hijo por no ser heterosexual. Júzgalo por su personalidad y lo que aporta a la sociedad. Pero sobretodo, por el amor y respeto que te tiene.

Por Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

 

 

 

 

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El duelo es una etapa de la vida por la cual todos pasamos. Ya sea por la pérdida de un ser querido, por la pérdida de un trabajo, de un animal de compañía o por el abandono de la pareja. No importa el motivo, el proceso es el mismo en todos los casos. Es un sentimiento de indefensión. Estás viendo que no puedes hacer nada por cambiar el resultado. Este proceso te puede destruir, si no lo afrontas de la manera adecuada. Primero, hay que aceptar que si estás vivo significa que tarde o temprano morirás. Es una realidad y no va a cambiar. A partir de aquí según tus creencias, cultura y experiencias  personales, te afectará de una forma o de otra. Siendo consciente de esta realidad, te ahorrarás muchos problemas y vivirás más en el presente. La vida nos lo está recordando a diario. Nacemos solo y morimos solo. Cada día nace y muere gente.

Pues el duelo es el proceso de separación. En este caso en particular, te das cuenta de que nunca más volverás a ver a tu ser querido. Si la relación ha sido la adecuada, no será tan doloroso. Con esto quiero dejar claro la diferencia entre estar con alguien por voluntad propia o por necesidad. Según el motivo, tendremos una sensación u otra. En la primera opción hablamos de amor, has escogido estar con él porque te gusta su forma de tratarte. En cambio, en la segunda, estabas con él por alguna carencia, ya sea emocional o material. Cuando es la segunda opción, el duelo es más difícil de superar.

En este artículo me centraré en la primera opción. La del amor. Este proceso se compone de 5 fases. Negación, Ira, Negociación, Depresión, Aceptación, (NINDA). La depresión es la variable independiente porque si la negociación surge efecto, se pasa directamente a la aceptación. Es importante ser consciente de estas fases, para no asustarse cuando lleguen.  Ten presente que lo pasarás muy mal, no entenderás qué te está pasando y seguramente te cuestionarás el sentido de la vida. Te preguntarás para que venimos al mundo si al final, tenemos que morir. Anímicamente estarás yendo de un extremo al otro. Habrán días en los estarás como si nada y habrán otros en los que no podrás parar de llorar. Pero,  tranquilo/a, este proceso dura unos 6 meses. Es el tiempo necesario para adaptarte a tu nueva situación. No debe interferirse con medicación. Hay que dejar fluir estos sentimientos porque fortalecerán tu personalidad. Adquirirás herramientas y estrategias para afrontar nuevas situaciones delicadas.

También aumentarás tu umbral al dolor emocional. Tan importante para gestionar la frustración. Además, decir que sufrimos el duelo por una razón, tenemos motivos para estar tristes. Ahora, si transcurrido este tiempo, tu estado anímico no mejora, pide ayuda profesional. Acude al psicólogo. En este caso, quizás, si que te medicarás, porque el motivo ya es diferente. Es posible que no sepas vivir sin este ser querido. Te has hecho dependiente emocionalmente.

Cómo he dicho antes, la primera fase es la negación: no te crees lo que te está pasando. Te resignas a aceptarlo. No puede ser que te haya pasado a ti. Si eres buena persona y no haces daño a nadie. Después llega la fase de la ira: estás enfadado con el mundo. No es justo y nadie te comprende. Te encuentras perdido, nada tiene sentido. Te sientes culpable y piensas, – si hubiera hecho esto o aquello, podría haberlo evitado – Tu cabeza no para de dar vueltas al asunto. Seguidamente, entras en la tercera fase.

La negociación: dejas volar la imaginación. Quieres pactar con quién sea para que la situación vuelva a ser la de antes. Estás dispuesto a hacer cualquier sacrificio. Aquí es cuando entras en la fase de la depresión: estás viendo que tus súplicas no tienen efecto. Te das cuenta de que tienes que asimilar tu nueva realidad. Te hundes, tu mundo ha cambiado y tienes miedo de volver a empezar. Echas de menos tu vida anterior. Seguidamente llega la última fase. La aceptación: has superado el estado depresivo y haces frente a tu nueva realidad. Eres consciente de que no lo volverás a ver nunca más.

Ahora que ya sabes lo que te espera cuando pierdas a tu ser querido, no dejes pasar una sola ocasión para demostrarle cuánto lo quieres o aprecias. Haz la prueba e imagínate cómo sería tu vida sin esta persona que tanto te importa. Haz lo mismo con tu trabajo o mascota. No esperes a perderlo para recordar los buenos momentos. Créalos. Sal a pasear, habla durante horas, discute si hace falta.

No tienes por qué pensar igual. Esto es lo que echarás de menos cuando ya no esté. Ten presente que después de una sensación viene una emoción pero, está condicionada. Cómo he dicho antes, dependerá de tus creencias.

Quiero que entiendas que las puedes cambiar. Muchas veces ves a alguien llorar y cuando te acercas, te das cuenta que está llorando de risa. A partir de ahora cuando te venga a la mente el recuerdo de tu ser querido, en vez de llorar o estar triste, intenta sonreír y agradece a tu cerebro por haberlo traído a ti. Estás alegre por haber pensado en él. No triste porque no está contigo. La mejor forma de enfrentar estas etapas es siendo conscientes de las emociones que estamos sintiendo.

Es muy importante identificarlas y entenderlas porque son fruto de las sensaciones. La emoción es dual. Es buena o mala. Según la interpretes, así te condicionará. Todas tienen su función. Ya sea la tristeza, la ira, el miedo, la sorpresa, la alegría o el asco. Te calmarán o te excitarán. Si aun así no lo puedes superar, practica la técnica de la silla vacía. Coges una silla y te imaginas que tu ser querido está sentado en ella. Exprésale tus sentimientos y explícale cómo te sientes y que harás para superarlo. Lo tienes que hacer cada día, te servirá de motivación para hacer frente a tu realidad. Llegará un momento que lo encontrarás tanto ridículo que dejarás de hacerlo pero, ya te sentirás mejor y con las fuerzas necesarias para continuar sin él.

Por Omar el Bachiri

Psicólogo y escritor

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Es una conducta difícil de entender. ¿Cómo alguien puede maltratar psicológicamente o físicamente a la persona que ama? En este artículo te explicaré el proceso que usa la persona agresora. Su objetivo es destruirte y para ello, primero te deshumanizará. Es decir, te quitará la condición de ser humano y lo hará eliminando cualquier emoción hacia ti. No te confundas, no te ama. Segundo, buscará dominarte. Debes saber que esta persona es celosa y posesiva. También decir que es cobarde porque no se atreve a dejarte. Depende emocionalmente de ti. Eres el eje central de su vida pero, malinterpretas las señales que te envía. Nunca irá de frente, usará la subjetividad. Te dirá: – esto que haces me hace sentir mal – Por tu culpa me siento así – Tu forma de vestir o hablar me lastima –

He dicho que usa la subjetividad, porque su intención es que te sientas culpable pero, ten presente que nadie puede decidir sobre el estado anímico de otra persona. Tú sólo eres responsable de lo que dices y haces, no de lo que los demás interpreten. Si esta persona perdiera la vista o se quedara sorda ahora mismo, no se ofendería ni por tu forma de vestir ni por tus palabras. Esto demuestra que es su forma de interpretar las situaciones lo que le está lastimando. No tus conductas. No sabe gestionar su frustración y está buscando culpables.

Es ella la que tiene que cambiar, no tú. Estas malinterpretaciones te llevan a sentirte culpable y a cambiar de hábitos. El proceso no suele ser muy largo, pero si continuo. Dependerá de la víctima. Si es extrovertida y tiene un amplio círculo de amistades o por el contrario, es introvertida y con pocas amistades. Pero el proceso es el mismo en ambos casos. Aislar la persona de su zona de confort y crearle dudas sobre si misma. Sobre sus valores. Es conseguir que esté en un estado de indefensión absoluta. De esta forma no podrá ni huir, ni denunciar. Estará confusa.

Ahora te explicaré los dos pasos del proceso: el aislamiento social y el deterioro de la autoestima. Así es como se consigue que la persona esté a tus órdenes. Le haces creer que no vale para nada y que sin ti, no es nadie. Voy a contarte una historia para que entiendas mejor lo que he explicado. Puede ser una mujer o un hombre. No hay diferencias de sexo en la violencia de género. Ambos lo sufren. La relación puede ser entre dos mujeres, dos hombre o heterosexuales.

Mi pareja empezó por aislarme de mi entorno más cercano, amigos y familia. Dejé de relacionarme con ellos. Vivía sólo para ella y mi hijo. Pasé de ser una persona extrovertida y deportista a quedarme en casa. Empecé a priorizar las tareas del hogar al deporte. Una vez aislada, para degradar mi autoestima, empezó a menospreciar mis logros y a exagerar mis fracasos. Pasó de ser atenta y cariñosa a ser exigente y autoritaria. Cada vez que salíamos, me humillaba en público diciéndome que iba demasiado arreglada para hacer simplemente la compra o ir al parque con el niño. En las reuniones escolares, no me dejaba opinar. Decía que no tenía nada que aportar. Que era una inculta. Las primeras veces no le hacía caso y seguía con mi rutina pero, a base de insistir en mis errores, empecé a dudar de mí misma y me lo acabé creyendo.

Lo que más intranquilidad me producía era cuando llegaba a casa con ganas de descansar y no sabía qué iba a hacer conmigo. Si golpearme o sonreírme. Para justificarse, me decía: – Tú tienes la culpa de mis cambios de humor – y como he dicho antes, me lo acabé creyendo y pensaba que me lo merecía. Que era culpa mía por no satisfacerla como amante ni como madre/padre de su hijo. Unas veces me pegaba por un motivo en concreto y otras veces no me hacía nada. Estaba confundida, no sabía por dónde saldría la próxima vez. A esto se le sumó que en el trabajo no estaba pasando por un buen momento. La baja autoestima me llevó a ser desconfiada y me estaba perjudicando en el desarrollo de mis funciones laborales. Si veía a dos compañeros chismorreando y mirándome, ya daba por hecho que me estaban criticando. Me sentía el centro de atención de todas las miradas. Tenía el ego muy subido, pero como fachada, pues me sentía como una basura. En vez de preguntar, daba las cosas por hechas y si no salían como quería, me irritaba.

Ahora te explico cómo consiguió dominarla y espero que aprendas de sus errores para que no hagas lo mismo: Dejó de hacer lo que le gustaba para complacer a su pareja. Empezó a pensar en los demás antes que en ella. Invertía todo su tiempo y dinero para complacerlos. Dejó de mimarse y cuidarse físicamente. Se creía indispensable (si no lo hacía ella, nadie lo iba a hacer) y dejó de confiar en la gente. Todo este repertorio de conductas la aisló también de su ambiente laboral, quedándose totalmente sola. Sin familiares, ni amigos, ni compañeros de trabajo.

Ten presente que cualquiera que te motive a salir de tu zona de confort, está pensando más en él que en ti. La zona de confort no se abandona, se amplía. Si algo te gusta y te proporciona paz, no lo dejes.

Por Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

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Mi nombre es azúcar pero, vengo en forma de glucosa, fructosa, sacarosa, dextrosa, lactosa, maltosa, melaza, miel, etc. Quiero que sepas que no soy el mismo que se encuentra en los alimentos, ya sea en la fruta, verdura o los cereales. Yo soy el añadido. El que usas para beber tu café o preparar tus pasteles. Debido a los nombres que me han puesto, paso desapercibido y tengo acceso a cualquier persona. Tengas un año o noventa, me deseas y es lógico. Produzco placer y cuanto más me consumes, más me quieres. Soy la alegría de la fiesta y he conseguido que me asocies con bienestar.

Tiene sentido e incluso se podría decir que es normal, porque formo parte de las denominadas drogas legales. Junto al café, el alcohol, el tabaco, los medicamentos psicotrópicos y otros. Fíjate que muchas veces vamos en equipo. Bebes café y me añades, luego fumas y te tomas una copa de cualquier sustancia alcohólica. Soy pura química y afecto a la bilogía de tu cerebro. Actúo en el sistema de recompensa del cerebro. En cuanto llego a esa zona, produzco la segregación de dopamina. Inundo tu cerebro. Es el neurotransmisor común a cualquier sustancia o conducta placentera. Se encarga de que las repitamos. Lo hace por nuestra supervivencia. Se mueve por inercia. No distingue entre perjudicar y favorecer. Si el organismo lo segrega, significa que debe ser útil para la supervivencia. El alimento dulce se asocia a energía y eso es vida.

Si intentas alejarte de mí, te ataco con la abstinencia. Dolor de cabeza, cansancio y ansiedad. Mientras hagas un uso moderado de mí, no te pasará nada, pero si abusas haré que tengas caries, diabetes, obesidad y entres en depresión. Además, por mucho que quieras deshacerte de mí, no te será fácil. Aunque dejes de tomar azúcar refinado, los refrescos o no comas bollería industrial. No me perderás de vista. Estoy por todas partes. Incluso en la comida salada. Supongo que formarás parte de la mayoría de las personas que comen alimentos procesados. Alimentos que pueden ser almacenados durante días o semanas. Legumbres, verduras, salsas, mayonesa, pizzas, carne, pescado, embutidos, etc. Tu paladar se ha acostumbrado al gusto del azúcar por eso no me distingues en dosis pequeñas. La próxima vez que hagas la compra, lee la lista de ingredientes y te sorprenderás. ¡Estoy en ella!

Para que sepas la proporción de azúcar que hay en el producto, fíjate en su orden de aparición. Están en orden descendente. Esto quiere decir que si me ves entre los tres primeros, es que estoy en abundancia. Mi función es hacer de conservante, modificar y potenciar el sabor de los alimentos. Además de crear adicción. Esta última es la más importante porque es la encargada de que vuelvas a consumir el alimento, o por lo menos, que hables bien de él. ¿No te has fijado que el sabor es diferente cuando creas el plato de forma natural? Los alimentos cocinados de forma casera no necesitan conservantes, pero cuando son para la venta al mayor, deben respetar unas normas de seguridad. Pero esto tiene su motivo de ser. La sociedad quiere comida buena, barata y fácil de preparar. Las empresas de alimentación tienen que competir entre ellas para llegar al máximo número de clientes. Es lo que viene a ser la guerra de precios.

¿Cuál es el mensaje que transmiten? Compra mi producto. Es más barato y más sano que los demás. Como he dicho antes, la comida procesada es práctica porque además de ser barata, no hay que cocinar. Simplemente se calienta o descongela y listo. En unos pocos minutos tienes un delicioso plato de comida. Cada día puedes comer alimentos de una cultura diferente y esta forma de alimentarse tiene unas consecuencias. El abuso de azúcar y las enfermedades que eso conlleva.

Se recomienda consumir un máximo de 50 gramos de azúcar diarios. Unas 10 cucharadas de café y la mejor forma de controlar mi consumo es bajo el asesoramiento de un nutricionista. Te explicará las diferencias entre el azúcar añadido y el natural. Pero tranquilo, porque llevando una alimentación variada y practicando deporte regularmente, no tienes nada que temer. Conclusión, hay que hacer caso a Darwin. Tienes que adaptarte al mundo o desparecerás entes de tiempo. El problema no es el uso, si no, el abuso. Aparte de esto, hazte pruebas médicas anualmente y así controlarás tu nivel de azúcar.  No es lo mismo reducir su consumo que tener que privarse.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo y escritor

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Tengo 34 años y estoy lleno de deudas. Una hipoteca, dos préstamos, viajes y los muebles de la casa, financiados por centros comerciales y dos tarjetas de crédito en su límite. Mi vida se podría resumir en trabajar para pagarle al banco y al centro comercial. He investigado un poco y he visto que la palabra hipoteca significa esclavitud. Soy esclavo de la identidad financiera o persona que me presta el dinero. Hasta que no se lo reembolso, no soy libre. ¡Ah! y en el caso de los bancos, el estado se encargará de que devuelvas hasta el último céntimo. No hace mucho, la sociedad luchaba por su libertad y en la actualidad, la vende. En ocasiones, se mueven montañas por firmar un contrato de esclavitud.

Todo empezó cuando tenía 26 años. Mis padres y amigos me incitaron en la compra de una vivienda. No digo que la compra esté mal. Lo que digo es que la compré a un precio muy por encima de su valor real. Me dejé llevar por el miedo de mis padres y la euforia de mis amigos.

He vivido en casa de mis padres hasta los 24 años y nunca he colaborado financieramente. Me decían que el dinero era mío y debía gastarlo como quisiera. Nadie me enseñó a gestionarlo. Con lo cual, con 19 años y con el carnet de conducir en las manos, pedí un préstamo de 20.000€ para un coche. No tenía problemas para reembolsarlo. Toda mi nómina era para mí. Para mis caprichos. Sin darme cuenta estaba entrando en el mundo de las deudas. De las compras a plazos. Llevo trabajando desde los 17. En apenas 3 años liquidé el préstamo. Cuando cumplí los 24, conocí a la chica que actualmente es mi mujer y la madre de mi hijo. Ella también era de las que no colaboraba financieramente en casa. Sus padres le decían que tenía toda una vida por delante para ahorrar. Que tenía que vivir la vida. También estaba endeudada, la adquirió con su expareja. Ascendía a 26.000€. Ella tenía que pagar la mitad y también la liquidó sin problemas porque cuando se separó de él, volvió a casa de sus padres.

Nadie nos habló de la importancia de adquirir y potenciar la inteligencia emocional y la financiera. Ambas importantísimas para no caer en las deudas y sobretodo para no dejarse llevar por la opinión de los demás. Para empezar, mi vivienda está alejada del centro. Dependo totalmente de mi vehículo. No tengo ninguna parada de transporte público a menos de un kilómetro. Tampoco un comercio. Esto ya es un indicativo de que he pagado demasiado por ella. Mi mujer no tiene vehículo y para no depender de mí, nos metimos en el préstamo de uno. Viendo nuestra experiencia pasada y lo sencillo que fue devolverlo, pedimos 20.000€ y al mismo tiempo me di un capricho y pedí otro de 16.000€. Para una moto. Cuando llegaron las vacaciones, también las financiamos. Esto lo hicimos durante los 4 años siguientes. Viajar a crédito. Tirar de tarjetas. Cada uno teníamos una. Nos sentíamos los reyes del mambo. Quiero esto o aquello, lo compro y ya lo pagaré. A los dos nos han enseñado que debemos vivir el ahora. Que el mañana no existe. Que ahorrar es de agarrados. Cuando no hay dinero, se pide un préstamo y se devuelve a plazos y si tengo una tarjeta de crédito, que haga lo mismo. Gastar hasta llegar al límite y después devolverlo en cómodas cuotas. ¡Para eso trabajamos!

Todo iba viento en pompa hasta que llegó un día en que las cuotas a devolver superaban los ingresos. A partir de aquí, se instaló la ansiedad en casa y hasta día de hoy, no se ha ido. De vez en cuando nos visita también la depresión. y nos recuerda la importancia de las inteligencias financiera y emocional. El banco se ha apiadado de nosotros y ha cedido a juntar todas las deudas en la hipoteca. Ahora sólo tenemos una cuota a devolver. Más elevada pero por lo menos, podemos hacerle frente.

 

Volviendo a la hipoteca, la cuestión del transporte público es un aspecto que pasé por alto y que ahora estoy pagando por ello. Hace dos meses me rompí un pie y actualmente voy a recuperación. Tengo que caminar dos kilómetros para llegar a la parada de transporte público. Esto lo hago con muletas. Imagínate qué calvario estoy sufriendo. Durante los dos meses que he llevado el pie inmovilizado, he sido prisionero de mi casa. He dependido totalmente de mi mujer. Luego, mi hijo depende de nosotros para ir al colegio. No puede ir ni a pie, ni en transporte público. Como no tenemos inteligencia, financiera, desconocemos la diferencia entre un interés variable y otro fijo. Nos hemos metido en uno variable y la cuota a devolver varía cada año. No tiene nada que ver la que empezamos pagando, con la estamos pagando ahora. Casi se ha duplicado.

Si tuviéramos estas inteligencias, la opinión de los demás no nos hubieran influenciado. Primero, porque no hubiera hecho caso a lo que me decían sobre el mercado inmobiliario. Que una vivienda nunca pierde valor. – Si la vendo ahora, no me dan ni la mitad de lo que he pagado.  – Segundo, no me hubiera dejado llevar por el miedo que me transmitían mis padres. – O me compras una vivienda o cuando te jubiles no tendrás donde vivir – Mis padres, igual que la mayoría de personas de su edad están convencidos de que un alquiler es tirar el dinero a la basura. No se han parado a pensar que una hipoteca, supone pagar intereses y que una propiedad, también supone pagar una comunidad de vecinos e impuestos al estado.

A mi hijo le voy a inculcar el hábito de ahorrar el 20% de sus ingresos anuales y disfrutar del 80% restante. Si empieza a hacerlo a los 20 años, cuando tenga 50, se podrá comprar una vivienda. La podrá pagar al contado o por lo menos, tendrá para más de la mitad de la hipoteca. Esto se consigue razonando antes de gastar. ¿Por qué lo quiero, para qué y cuánto tiempo lo haré servir?

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo y Escritor
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El alcohol es la segunda droga legal con más adictos. Sólo superada por el tabaco. Ambas tienen más adictos que cualquier droga ilegal. Antes de empezar el artículo, definiré las palabras droga y adicción. La primera significa: sustancia que una vez en el organismo crea o modifica una conducta. Puede ser azúcar, café, té, medicamentos psicotrópicos, tabaco, cocaína, heroína, cannabis, etc. Por su parte, la segunda significa: ser esclavo de la sustancia, la persona dedica todos sus recursos materiales y/o económicos para satisfacer la necesidad. Todo lo demás queda en segundo plano (familia, amigos y trabajo).

Quiero dejar claro que nadie quiere ser alcohólico y depender de una sustancia para funcionar. Se llega por asociaciones erróneas. Se empieza por el uso, luego le sigue el abuso y acaba en la adicción. Se empieza por el placer de beber pero, se mantiene por necesidad. Para no sufrir la abstinencia. Es una adicción donde no hay culpables, si no, víctimas. La sociedad entera sufrimos el mal, pero al mismo tiempo es la que incita a beber, para luego juzgarnos y llamarnos borrachos. Se ha normalizado su consumo. Se encuentra por todas partes. – Acudes al centro comercial o bar, lo compras y te lo bebes – Así de simple. No te piden receta médica ni carnet de identidad para conseguirlo. No es como una droga ilegal, donde vas a prisión por su compra.

El proceso del alcoholismo no es muy largo, pero si continuo. Depende mucho del ambiente que te rodea, si es protector o precipitante. Es decir, si te facilita su acceso o no. También influye la genética. Viene a ser un 50% herencia y otro 50% ambiente. Si tus padres son o han sido alcohólicos, tienes más probabilidades de caer adicto. El motivo es que eres sensible al alcohol. No es que haya un gen del alcohol. Digamos que eres alérgico a él. Si tus amigos necesitan cinco cervezas para desinhibirse, tú necesitas sólo dos.

Para entender mejor la relación con el alcohol hay que conocer la diferencia entre el uso, el abuso y la dependencia. Hay que entender que el alcohol no es el problema, sino, nuestra relación con él. Podemos ser su esclavo o ser simplemente amigos. Vernos de vez en cuando. De aquí la importancia de ser consciente de su consumo. Saber el motivo del porqué de se hace. ¿Qué busca la persona del alcohol? -¿El sabor, el placer de beber? -¿La euforia y la desinhibición? – ¿Pasar el tiempo muerto, combatir el aburrimiento o, por el contrario, olvidar sus problemas?

– Uso: puede ser esporádico o continuo pero la cantidad consumida no tiene incidencia sobre el organismo. Ni a nivel mental, ni físico. Se está buscando satisfacer una necesidad. Puede ser disfrutar del sabor, desinhibirse o estar eufórico. En cuanto se consigue, se deja de consumir

– Abuso: afecta a la salud mental, física o a ambos. Tu entorno te está diciendo que bebes demasiado. Lo aceptas pero, aun así te compensa porque buscas la euforia o la desinhibición. No llegas a tener temblores y además tienes cierto control sobre el impulso de beber. Pero empiezas a tener cuadros de ansiedad, estados depresivos, cambios bruscos de humor e insomnio. Esto se debe a la tolerancia. Es lo contrario a la sensibilidad. Ahora tienes que consumir más cantidad para sentir los mismos efectos. También, puede ser que estés buscando olvidar. Si el motivo es esta última opción, vas muy equivocado. Hay mejores terapias y menos perjudiciales.

– Dependencia, adicción: haces lo que sea por consumir. No hay placer en beber, sino, necesidad. Lo haces para frenar la abstinencia. Te tiemblan las manos, el cuello, vomitas y bebes para calmarte y funcionar. Para volver a ser el de antes.

Esta persona con el tiempo se queda sola. Su familia ha quedado destruida. Entre la depresión y la ansiedad sufridas al ver que no se deja ayudar. Lo han intentado de todas las formas posibles pero, si el adicto no reconoce su problema y decide poner remedio, no hay nada que hacer por él. Además, la persona adicta es policonsumista. Es decir, tiene varias adicciones. Tabaco, medicamentos psicotrópicos, cocaína, cannabis, heroína, etc. Es capaz de salir de casa el jueves por la noche y no volver hasta el lunes por la tarde. Con el tiempo se ha vuelto mentirosa y se inventará cualquier excusa para justificar su desaparición.

¿Pero por qué causa efectos de euforia, relajación y sueño? Esto sucede porque es química y afecta a la biología de nuestro organismo. Es un depresor del sistema nervioso central (SNC). Igual que los barbitúricos y la benzodiacepinas (ansiolíticos, calmantes, somníferos). Su función es proporcionar bienestar. En dosis bajas o moderadas, segrega serotonina. La causante de la euforia y la tranquilidad. En dosis elevadas, segrega dopamina. La causante de la actividad y de motivarnos a actuar. Luego, en dosis más elevadas, segrega el GABA. Es el causante de la relajación y del sueño. Vendría a ser el ejemplo del denominado borracho de bar. El que se queda dormido apoyado en la barra. Debido a estos efectos tan parecidos a los medicamentos psicotrópicos, muchas personas usan el alcohol para conseguir estos mismos efectos. Le cambia su función. Usan el alcohol, para olvidar, relajarse o estar contentos. Cuando se consume por su sabor o por compartir un momento entre amigos, es casi imposible entrar en el alcoholismo. El problema surge cuando se hace por los otros motivos, porque no podrás parar de consumir. Nunca estarás satisfecho porque te harás tolerante al alcohol. Si antes con tres cervezas o tres copas de whisky ya encontrabas el punto de relajación, ahora tienes que beber seis o más.

 

Por: Omar el Bachiri

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Trabajo, entonces existo. Cuando el trabajo se vuelve mi única identidad, cuando soy lo que hago laboralmente. Estoy traspasando la línea entre el modo de subsistir y el modo de percibirme como persona. Mi trabajo es lo más importante de mi jornada diaria, lo antepongo ante cualquier momento de ocio u obligación.

Hay que diferenciar entre un momento puntual y un modo de vida. No es lo mismo hacer horas extras con el objetivo de ahorrar para conseguir algo en concreto, que trabajar para evadirse. Cuando se ha normalizado la segunda situación, empieza la adicción y es como cualquier otra. Te acabará aislando. Te arrebatará la familia y las amistades. Decir que no es fácil salir de esta adicción porque la persona quiere reducir el ritmo y no puede, quiere hacer menos horas y tampoco puede. Cada vez que lo intenta tiene el sentimiento de culpabilidad, ansiedad o de incompetencia. Se ha convertido en una necesidad. Tiene que rendir más que nadie y ser la mejor. Es comprensible porque ha fusionado el trabajo con su personalidad. Se ha convertido en superman/woman, pero sin los poderes. Cara a los demás es un ejemplo a seguir. Menos para su familia y amigos, que no paran de recordarle que dedica mucho tiempo al trabajo y los está descuidando.

A esto se le añaden los cambios de humor y problemas de salud. Como no puede dormir correctamente, se irrita fácilmente. Para compensarlo abusa de los ansiolíticos y los antidepresivos y en ocasiones, de drogas psicoestimulantes (tabaco, café, alcohol, cocaína, anfetaminas, etc.) Para poder aguantar las jornadas maratonianas. Agravando todavía más su salud. El alcohol es un tema particular, porque lo usa más bien para relajarse. Se convierte en una vía de escape. Su pensamiento es: “como dedico muchas horas al trabajo, soy mejor persona que los demás”. Con esta definición ya habrás visto que la persona adicta al trabajo tiene un problema de autoestima o quiere suplir una carencia emocional. No se encuentra a gusto consigo misma y quiere demostrar al mundo que es capaz de hacer bien su trabajo. Está confundiendo trabajar muchas horas, con trabajar bien. Está obviando que el buen trabajador es la persona que hace el mayor trabajo en el menor tiempo posible. De esta forma hay más beneficios. Tanto para él como para la empresa. Él dispondrá de más tiempo libre y la empresa ganará más dinero. Es el matrimonio perfecto.

Esta persona trabaja eufóricamente porque tiene miedo. Es una forma de no expresarlo y al mismo tiempo, de no pensar en él. Le sirve de máscara porque esta adicción tiene una peculiaridad que las demás no tienen y es que socialmente, está bien vista. Cuando se dice que alguien trabajo mucho y duro, se asocia con alguien valiente y decidido. En ningún momento se cuestiona. Simplemente se acepta como algo digno de admirar.

No es miedo a la muerte ni a ningún peligro real. Es miedo a enfrentarse a sí misma. A su vacío interior. En su mente sólo existe la palabra trabajar. Si no lo hace, tiene la sensación de estar perdiendo el tiempo, además de sentirse inútil y que no vale para nada. Es curioso porque muchas veces su intención es avanzar trabajo, para después tener tiempo libre pero, se choca de frente con la realidad. No tiene vida fuera del trabajo. Se ha quedado sin círculo social. Sólo tiene a los compañeros de trabajo. Durante la jornada laboral se siente pleno, disfruta de lo que hace y socializa con los demás. Se ríe y disfruta de buenos momentos pero cuando llega la hora de irse y todos abandonan su puesto, ella se queda pero, la sensación de placer se transforma en angustia y desesperación. Ya no disfruta porque trabaja contrarreloj. Quiere acabar algo en concreto y en cuanto lo hace, le surge otro nuevo y así sucesivamente.

Es la primera en llegar y la última en irse. Le gusta la sensación de poder y de control. Cree que controla el tiempo y que tiene poder sobre su entorno social. También se siente indispensable pero, lamentablemente nadie lo es, ya seas empleado o autónomo. Si te mueres ahora mismo, en menos de una hora ya habrá alguien ocupando tu puesto. Vivimos en una sociedad de consumo y la máquina no se detendrá ni por ti, ni por nadie. Con lo cual, empieza a analizar qué buscas de tu trabajo y qué te aporta. Seguramente lo que buscabas al principio ya no es lo mismo que buscas ahora. Antes buscabas ganar más dinero y ahora que ya lo tienes, sólo buscas calmar la ansiedad o aumentar tu ego. El trabajo se ha convertido en tu ocio, tu pasatiempo y eso es un grave error. Tomas las decisiones en base a él. Tu personalidad se ha modificado y tu forma de relacionarte con los demás depende de cómo te vaya en la jornada laboral. Van pasando los meses, años y paralelamente vas envejeciendo. Cuando te quieres dar cuenta, llega la hora de jubilarte o la empresa te ha despedido. El efecto es el mismo. Te has muerto anímicamente. Te han arrebatado tu motivación, tu motor. ¿Ahora qué harás con tu vida?

Si quieres salir de esta adicción o no entrar, busca alguna actividad que te guste y practícala. Empieza por asignarte un horario y si no puedes, marca un máximo de horas semanales. No tiene sentido que quieras hacer más horas para un determinado trabajo, porque nunca serán suficientes.

Un objetivo a conseguir podría ser, aprovechar los días festivos para salir de tu lugar de residencia e ir a conocer nuevos lugares. Esto es importante a tener en cuenta porque, para dejar una adicción hay que adquirir un nuevo hábito. Se sustituye por otro más saludable. Si analizas tu conducta verás que el problema real es que no sabes gestionar el tiempo libre. Es maravilloso tener momentos para no hacer nada, pero cuando no se sabe qué hacer con ellos, es un gran problema.

Por: Omar el Bachiri

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Significado de dependencia emocional: dependo de ti, eres mi amo y señor. Sin ti, no soy nadie. No me abandones. La otra persona te ha manipulado de tal forma que ha conseguido que seas su juguete y estés a sus órdenes. Ni te va a agredir físicamente ni te va a faltar al respeto. Sólo con su presencia o ausencia, tú mismo irás hacia ella o la echarás de menos. Para evitar la dependencia emocional hay que empezar por darse valor a uno mismo. Por respetarse y no permitir que los demás crucen la línea roja. La de tus derechos y valores.

Cuando una persona conoce su valor, no permite que nadie la infravalore. Si conoces el precio del oro, no venderás por menos. Esta dependencia es mucho peor que la económica porque te sientes incapaz de hacer nada sin su consentimiento. La económica es objetiva, la ves y la sientes, sin embargo, esta no la ves venir hasta que ya es demasiado tarde y te ha absorbido por completo. A esta situación llegas por manipulación social (padres, pareja, hijos, amigos, jefe, etc.) No te haces dependiente de la noche a la mañana, esto lleva un cierto tiempo. Es un proceso continuo. Empiezas dejando de lado tus necesidades para satisfacer las de los demás. Puede suceder por dos motivos, que la otra persona sea una manipuladora y desde el principio tenía la idea de menospreciarte hasta conseguir obtener el poder sobre ti o porque tienes baja autoestima y no sabes moverte por la vida sin la aprobación de los demás.

Este artículo lo voy a centra en la persona manipuladora porque ya en otro anterior, hablé sobre la baja autoestima y la forma que tiene de condicionarnos. Para no caer en la dependencia emocional, debes priorizar tu bienestar. Si en alguna situación estás incómodo o sientes que te haces pequeño, aléjate. No permitas que vaya a más. Esto se denomina tiempo fuera y es el tiempo necesario para recapacitar sobre la situación y ver cómo la enfrentas. Así es como empiezan las asociaciones erróneas y acabas pensando que eres incompetente.

Te dejo unas respuestas para contestar mientras piensas qué hacer: – Más tarde lo vemos – Buena idea, luego te lo confirmo – Me parece bien pero hoy o ahora estoy ocupado/a. – Ahora es muy pronto o muy tarde – etc. No estamos dando una respuesta concreta.

Seguramente conocerás a alguien manipulador. Es el que tira la piedra y esconde la mano, te incita a actuar. Luego, si la cosa sale mal, el culpable serás tú. Sin embargo, si sale bien, te recordará que te dio la idea. Es un depredador emocional. Usa la manipulación para beneficio propio. Si hace falta, te destruirá. Buscará tu vulnerabilidad y debilidad para saber cómo entrarte y una vez te tenga en sus garras, te hundirá mentalmente. Lo hará de forma sutil, fingiendo que le importas. Esta persona no tiene un perfil concreto.  Lo importante es reconocerla para no caer en sus garras. Su modo de actuar siempre es el mismo. Sea quien sea. Primero te desestabilizará emocionalmente. Unas veces te hará reír y otras te provocará miedo, tristeza o indiferencia. De esta forma nunca sabrás cómo se comportará y abandonarás cualquier forma de defensa. Te inculcará el sentimiento de culpabilidad. Te sentirás mal por sus desgracias y por tu buena suerte. Vas a empezar a tener un dialogo interno negativo hacia ti mismo (no sirvo para nada, soy torpe, inútil y me merezco todo lo malo que me está pasando). Luego, una vez te tenga dominado y le pertenezcas, hará contigo lo que quiera y cuando se canse, se deshará de ti. Dirá que eres un/una inútil y que por tu incompetencia te deja y si es tu superior, te despedirá. No te lo esperarás, vendrá de golpe y como ya serás dependiente de él, le suplicarás que no se vaya o si es tu superior, estarás dispuesto a cobrar menos por hacer el mismo trabajo. Como pareja, progenitor, hijo o amigo, creerás que has fallado en tu comportamiento y te harás sumiso a ellos.

Les dedicarás todo tu tiempo y atención. Con los años tu autoestima estará tan hundida que necesitarás de su aprobación para decidir qué hacer, cómo, cuándo y dónde. Tus hijos van a dirigir tu agenda semanal, tu pareja antepondrá sus necesidades a las tuyas, tus amistades sólo te llamarán cuando necesiten algo de ti y tu superior te humillará para que pienses que no sabes hacer tu trabajo y así no quieras irte a la competencia o que no le pidas un aumento salarial. Como ves, la manipulación puede venir por cualquier sitio. De ahí la importancia de darte el justo valor. Tienes que saber cuánto vales y no permitir que nadie rebaje tu precio. Nuestros valores sociales son nuestro pilar para tener y disfrutar del bienestar. Cuando los demás perciben tu esencia y tu forma de enfocar los sucesos de la vida, es cuando se plantean respetarte o no.

Si a tus hijos, desde que son pequeños les enseñas que cuando dices no, es no. Dejarán de insistir. Si en las primeras semanas de relación con tu pareja, dejas claras tus intenciones y tu postura, raramente te podrá manipular. De igual forma en el trabajo, ya sea con los compañeros o el superior. Si dejas claro que vas a trabajar y no a hacer amigos y menos aún, a escuchar sus penas, tampoco pensarán en manipularte. Pocas veces se manipula a una persona fría, se suele manipular a alguien sentimental. Que se deja llevar por las emociones y no por el razonamiento.

Así que, antes de actuar piensa, – ¿Estoy haciendo esto por placer o por complacer a alguien? – Si no cumplo lo que he dicho, – ¿me sentiré mal porque me he defraudado a mí mismo o a los demás? –

 

Por: Omar el Bachiri

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Si no tuvieras variedad de alimentos pero, sabes que hay un organismo oficial encargado de controlar la calidad de la comida, ¿te la comerías? Si tu respuesta es afirmativa, quiero que sepas que hay un departamento del gobierno que se dedica a esto. A controlar el estado de la alimentación.

¿Qué es la ortorexia? Pertenece al grupo de los trastornos de la conducta alimentaria, igual que la anorexia y la bulimia pero, se diferencia en que la obsesión no es la cantidad, sino, la calidad de los alimentos. Afecta al 25% de la población en los países desarrollados. Este dato es bueno conocerlo porque nos está diciendo que cuando no tienes donde elegir o no tienes suficiente comida, lo realmente importante es nutrirte. Estas personas centran su bienestar exclusivamente en la alimentación. Piensan que la salud es sinónimo básicamente de alimentación, sin tener en cuenta otros factores como el deporte, jugar o socializar con los demás. Estos tres factores sí que son sinónimos de bienestar y felicidad.

Hay personas que ven al diablo en la carne o el pescado y ven la gloria en las verduras y frutas o viceversa, también hay personas que glorifican la carne y basan su dieta en ella. Se denomina dieta paleolítica. El ser humano es omnívoro y esto significa alimentarse de animales y vegetales. De buscar un equilibrio en la variedad. De conseguir ciertas proteínas, minerales y vitaminas. Tenemos una dentadura que nos permite morder, arrancar y triturar y un paladar que se encarga de las preferencias de los alimentos. Las personas obsesivas dejan el paladar de lado y se centran en los nutrientes que contiene el alimento pero sobre todo su origen. Si es orgánico. En el caso de las ortoréxicas, van más allá. Van en busca de la pureza sin tener en cuenta que ya la tierra en sí no es pura, pues en ella conviven gusanos, bacterias, microbios y animales que dejan sus excrementos como abono.

Comer sano es la mejor opción para alejarse de las enfermedades pero, las personas que sufren este trastorno perciben la palabra alimentación sana diferente a como lo hacen los especialistas de la alimentación. Lo interpretan a su manera. Obtienen la información de revistas, libros e internet. Es un tipo de hipocondría, donde la persona está convencida de que está enferma o enfermará si come esto o aquello. Sin ninguna base científica. Es como cualquier otra adicción. En este caso, o comen sano o se ponen ansiosos. Están obedeciendo ciegamente los intereses de alguien o alguna empresa dedicada a este tipo de alimentación.

Generalmente se suelen obsesionar en algún aspecto en concreto de la alimentación. Los aditivos, los pesticidas, el tipo de alimentos, pescado, carne y derivados o agua no embotellada. Es algo contradictorio porque defienden que esta alimentación les desintoxica el organismo, pero sin embargo muchas de ellas fuman, beben alcohol, consumen bebidas azucaradas, etc. Lo peor de todo, es que la mayoría no practican deporte. Lo que al principio es un cuidado de la salud, se convierte en una obsesión por la calidad de la alimentación.

Se hacen vegetarianos o veganos y acaban por borrar de su vocabulario la palabra animal. Muchas veces se pasan a los alimentos en polvo, pensando que son más sanos que los tradicionales. Como en todos los trastornos, siempre hay un problema emocional detrás. Algún trauma, miedo o asociación errónea de bienestar. Esta forma de alimentarse condiciona su relación con los demás. Se aíslan de su entorno social y familiar. Están condicionados por la alimentación, cuando van de viaje dedican mucho tiempo en buscar lugares para comer. Si en alguna ocasión las invitan a comer fuera de casa, se preocupan tanto por la calidad de la comida que van a ingerir, que estarán unos días comiendo menos cantidad para compensar. Puede ser anterior o posterior al día en concreto. Con el paso del tiempo dejan de salir con los demás, para evitar estas situaciones.

Respeto a la familia, dejan de comer con ellos. Lo hacen antes, después o come aisladamente. Esta conducta potencia la adquisición de un TOC, trastorno obsesivo compulsivo. En este caso, el de comprobación. Comprobar que el alimento sea verdaderamente orgánico y no haya sufrido ninguna manipulación posterior. Dedican mucho tiempo en pensar en la comida de la toda la semana. Tienen que acudir a centros específicos para comprarla. Con el coste económico que ello comporta porque curiosamente, es más cara que la tradicional. Este repertorio de comportamientos lleva a ser perfeccionista. Ser menos flexibles con la alimentación.

Con el tiempo surge la frustración y esto mismo lleva a la baja autoestima. Creen que cambiando radicalmente la forma de alimentarse van a tener una mejor percepción de sí misma. Cuando en realidad, lo que están haciendo es empeorarlo porque el cambio no llega nunca. Puede que bajen de peso, pero su problema no radica ahí. Está en su forma de pensar y esto mismo produce que juzguen a todo aquel que no siga su estilo de vida. Aunque su objetivo no sea bajar de peso, por lógica, si se eliminan ciertos productos grasos o energéticos, la tendencia es perder de peso.

Generalmente este modo de alimentación tiene efecto rebote. En cuanto la persona abandona esta dieta, recupera el peso perdido y algunos quilos de más. No ha aprendido a comer, simplemente ha cambiado de alimentos pero no se ha informado de qué es una proteína, un carbohidrato, la grasa y sus funciones en el organismo.

Si quieres estar sano practica deporte un mínimo de 4 veces por semana y acude a un especialista de la alimentación para que te explique qué debes consumir y cómo afecta a nuestro organismo. Ten presente que estamos hechos de carne y hueso y por lo mismo, enfermamos. Por mucho que te cuides, caerás enfermo en alguna ocasión. Aceptando esta verdad, evitarás la ansiedad por la alimentación.

Por: Omar el Bachiri

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