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Cada sentimiento conduce a una acción. En psicología lo denominamos causa-efecto. Por ejemplo el sentimiento de culpa es hacer y el de vergüenza es ser. Me siento culpable por haber hecho esto o no haberlo hecho. Sin embargo, me siento avergonzado por ser de esta forma o por no ser de aquella. Estos sentimientos no traen nada bueno. Son negativos. Pero hay un tercero que puede sustituir a ambos y además, nos beneficia. El sentimiento de responsabilidad. Soy responsable de haber hecho esto o de no haberlo hecho. Soy responsable por ser de una forma o por no ser de otra. Una vez acepto mi parte de responsabilidad, sólo queda aprender la lección e intentar no volver a repetirlo. No tengo motivos para sentirme culpable y menos aún avergonzado.

Sería: – voy a intentar reparar mi error – no pagar por él. Esta forma de pensar y actuar es la más acertada. No deja lugar a interpretaciones subjetivas. como por ejemplo: soy torpe, inútil, no valgo para nada, todo lo hago mal, etc. Ten presente que sólo la justicia puede juzgarnos y es objetiva. Nadie más tiene el derecho a hacerlo y para eso hay abogados, para defender nuestra versión de los hechos. Con lo cual, nada es bueno o malo. Siempre dependerá de quien nos defienda o nos ataque.

Si has hecho lo que tenías que hacer, no hay motivo para sentirte culpable. Te puedes haber equivocado, sí. Pero en ese momento pensabas que era lo correcto. La culpa se compensa con otro acto. Pagando por tu error. Es lo que hace la justicia. Te pone una multa o te envía a la cárcel. Es decir, está limitado en el tiempo. Una vez has pagado por tus actos, eres libre y se no te puede volver a juzgar por ellos.

Es más sencillo de lo que parece. Te defino la palabra error: “Hacer algo de una manera diferente a como se tiene que hacer”. Sin embargo, en el ámbito personal no funciona de la misma forma. La culpa puede durar toda la vida. Uno es cruel consigo mismo. Se aplica la pena máxima. Se dice a sí mismo: – me lo merezco y debo pagar por ello – Nunca me lo perdonaré –

¿Pero de dónde vienen estos sentimientos tan destructivos? Tristemente vienen de los tres pilares de la sociedad. La religión, la escuela y nuestros padres. De la religión aprendemos que si no hacemos el bien, el karma nos castigará. A partir de ahora tendremos miedo de equivocarnos. De la escuela aprendemos que las cosas solo se pueden hacer de una forma. Si lo hacemos de otra, nos suspenden el examen y nos acabamos creyendo que no valemos para nada. Cuando en realidad, sólo significa que no somos buenos para una asignatura en concreto pero, podemos ser buenos en cualquier otra. Como puede ser el deporte, las manualidades, el arte dramático, etc.

Otro grave error de la escuela es que en vez de potenciar nuestro talento, nos lo inhibe. De nuestros padres adquirimos sus miedos y creencias. Muchas veces erróneos porque en su época seguramente eran válidos pero, en la actualidad no tienen sentido. Oto añadido de nuestros padres, será el victimísmo. Nos dicen: – con lo que te quiero ¿y así me lo agradeces? – con todo lo que he hecho por ti – tú no me quieres – A estos actos se les denominan chantaje emocional.”

Es la forma que tienen de controlarnos y moldearnos a su gusto. Según ellos, para que aprendamos y seamos seres de provecho en el futuro. Seres responsables y civilizados. No importa tu estatus social ni la cantidad de dinero que puedas tener. Estos tres organismos van a influenciar en tu forma de ser y te van a inculcar miedos que antes no tenías. Que te sientas bien o mal por lo que haces y dices. Que tengas aspiraciones en la vida o no. Que estudies una carrera o un oficio en concreto. Lo harás por no defraudar a tus padres o por darles una alegría. Te dirás: – es lo que esperan de mí – que sea de esta forma – O lo harás para demostrar que estaban equivocados y que vales más de lo que piensan. Pero de todos modos lo harás por ellos.

La culpa nos hace vivir en el pasado y la vergüenza nos imposibilita el presente. Ten en cuenta que la culpabilidad conduce a la frustración porque es puntual y concreta.  Te dices: – He cometido este error y debo pagar por ello. Sin embargo, la vergüenza es general y perdura en el tiempo. Se lleva por dentro, te sientes inútil e incompetente. No busques ser culpable sino, responsable, esto hará que busques alternativas para reparar el daño cometido. Tampoco sientas vergüenza por tu conducta, hazte responsable de ella y asume las consecuencias. De esta forma tu mente lo percibe como algo positivo. No es lo mismo pensar “ – me hago responsable de lo que pienso y hago – ” que decir “ – soy culpable de lo que pienso y hago

Recuerda bien esto que te voy a decir. Eres humano y como tal no puedes hacer feliz, ni infeliz a nadie. Jamás creas que tienes algo que ver en la interpretación de las situaciones de los demás. Esta persona te juzgará según sus creencias, condición física y estado anímico. Haz esta prueba. Pregúntale a una persona ciega, como te sienta tu nuevo vestido o pantalón. Ahora, dile a una persona sorda que eres tartamudo o que te cuesta hablar.

Cuando alguien te diga: – me has defraudado – esperaba más de ti – no eres buena persona – etc. Lo que realmente te quiere decir es que está frustrado y está buscando a alguien a quien hacer sentir culpable. De esta forma está descargando su rabia. Ya sean tus padres, la religión o el sistema escolar.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo y escritor

 

 

 

 

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Mi nombre es VIH. Abreviación de Virus de la Inmunodeficiencia Humana. Si no me conoces, lo encuentro normal pues ya nadie habla de mi. Sin embargo, en los años 90 era el tema principal de los medios de comunicación. Aparecía en cualquier conversación. Se abrían debates sobre mí en los colegios, bares, gimnasios, etc. Estaba por todas partes. No importaba donde fueras, siempre encontrabas información sobre mí. En las salas de urgencias de los hospitales, centros de salud, escuelas e incluso se repartían folletos por la calle. Donde salía información de cómo me podías introducir en tu organismo y de cómo mantenerte alejado de mí. Actualmente, o te interesas por el tema y buscas tú mismo la información o nadie te la facilita y menos aún, se preocupan en que la tengas. Debido a este abandono, se ha incrementado el número de persona portadoras del virus. Haz la prueba, date un paseo por tu ciudad o pueblo y mira si ves información a simple vista. Verás muchos carteles anunciando de todo pero ninguno sobre mí. Me han dejado de lado. Como si ya no existiera.

A día de hoy, le preguntas a cualquier adolescente y seguramente te dirá que ha oído hablar de mí pero, desconoce cómo protegerse para no contagiarse. Muchos creen que tomando la pastilla anticonceptiva ya están a salvo de mí. Pero no. Para que no entre en tu organismo tienes que usar el preservativo. Es la única forma de evitar que te contamine. Te explico las 4 formas de transmisión que tengo. Por la sangre, el semen, el flujo vaginal y la leche materna. Pero este artículo no va de las maneras de transmisión, ni de qué es esta enfermedad. Más bien, te quiero explicar el rechazo social que recibe la persona que la padece.

Rechazo causado por la poca y errónea información que tiene la gente. Ten en cuenta que nadie está a salvo de esta enfermedad. Tanto tú, como yo estamos expuestos. Aunque tengas pareja estable. Si te es infiel y se acuesta con alguien que tenga la enfermedad, tú también la contraerás. Una vez que te la diagnostican, tu vida cambia por completo. Básicamente porque desconoces qué es esta enfermedad y lo que implica vivir con ella. Además, en pocos días sabrás quien son realmente tus amigos. Los que no van a juzgarte y te van a apoyar en todo momento. Los demás te van a señalar y a criticar. Dirán que eres una persona no precavida y que te lo has buscado. No tienen ni idea de cómo has adquirido la enfermedad pero, es igual. Creen que tienen el derecho a hacerlo. Su miedo actúa por ellos. Su desinformación. ¿Pensabas que la muerte era lo peor? Pues no. Es la soledad que sentirás. La desilusión te invadirá cuando veas la crueldad de la sociedad.

Una crueldad incentivada por el miedo y el desconocimiento. Actualmente, con la medicación disponible, la persona con VIH puede llevar una vida igual que cualquier otra. Es más, muchas veces la carga viral es tan baja que si mantiene relaciones sexuales sin preservativo, el riesgo de contagio es casi inexistente. Te voy a contar la historia de Lucía, para que entiendas mejor esto que he escrito. Esta mujer tiene 42 años y ha sido diagnosticada como portadora del VIH hace unos meses. Tiene un hijo de 10 años y está felizmente casada o eso pensaba ella.

En una ocasión su marido le fue infiel y se contagió. Consecuentemente, ella también lo ha adquirido. Lo curioso del caso es que la mujer con la que se acostó el marido, no sabía que era portadora y así podría seguir una gran cadena de personas. Muchas veces uno no es consciente de que es portador del VIH, hasta que se hace la prueba y los resultados salen positivos. De ahí la importancia de usar preservativo hasta que tengas confianza con la persona, y podáis haceros las preguntas pertinentes.

Aquí es donde te preguntas por qué la vida es tan injusta y te pone tantas piedras en el camino. Con lo buena persona que es Lucía y su marido le ha arruinado la vida. Antes de que sigas divagando y sacando conclusiones anticipadas, ten en cuenta que nunca se ha dicho que la vida sea justa. Simplemente, llega un momento en que decide cambiarte el rumbo de la vida. Lo hace sin tener en cuenta tu opinión. Tú solo puedes adaptarte o morir. Es justo lo que dice Darwin. En su teoría de la evolución. El mundo lo tenemos en frente y somos nosotros los que tenemos que adaptarnos a él. A los cambios que nos esperan.

En estas situaciones es donde te das cuenta de tu capacidad de reacción y de la actitud que tienes frente a la vida. Haber contraído esta enfermedad ¿Es malo, horroroso o simplemente es una enfermedad más? También podías haber desarrollado un cáncer y morir en menos de seis meses. Como ves, tu actitud marcará el rumbo de tu vida.

Amigo/a, según lo que interpretes de la enfermedad, así la enfrentarás y así te condicionará. Contesta a esta pregunta para ver cuál es tu miedo.

Qué te preocupa realmente más de la enfermedad. ¿El rechazo social que recibirás o la medicación de por vida que tendrás que tomar? Si es por el primer motivo, debes saber que cambiando de actitud, tu forma de ver e interpretar los sucesos será diferente. Esto es justo lo que ha hecho Lucía.

Los primeros meses fueron devastadores. No levantaba cabeza. No se lo podía creer. Se cuestionó toda su vida. Qué había hecho ella para merecer tal castigo y sobretodo, qué iban a pensar los demás. Pero gracias a la terapia psicológica entendió que el problema era su forma de entender la enfermedad. Se trata de aceptarla y aprender a vivir con ella.

Ahora que ya sabes un poco más sobre la enfermedad, ¿te das cuenta de lo injusto que es juzgar a las personas y sobre todo, aislarlas por su condición de ser portadores de una enfermedad en concreto?

Por Omar el Bachiri

Psicólogo y escritor 

 

Conocer su diferencia es crucial para no frustrarse, si no se consigue el objetivo. Porque nuestra mente le asignará una emoción e intensidad diferente, según su significado.

Para que me entiendas mejor voy a poner los tres ejemplos más típicos: el vehículo, la vivienda en propiedad y la pareja sentimental. Seguramente sigues este orden. Necesitas el vehículo para desplazarte, deseas una vivienda en propiedad y quieres una pareja sentimental.

Si hacemos caso a la biología, esta nos dice que sólo necesitamos alimentarnos y descansar, para no morir. Todo lo demás son preferencias. Pero en términos utilitarios es algo diferente. Definiré la necesidad como ese objetivo a conseguir para que te facilite la vida. Luego, el deseo viene a ser las ganas inmediatas de conseguir ese objetivo y por su parte, el concepto querer, es el más complejo porque implica movimiento. Esto se traduce en esfuerzo. Tanto físico, como emocional. Quieres ese objetivo porque te aporta bienestar y vas a hacer todo lo posible por conseguirlo. Por eso, según cómo interpretes cada concepto, expresarás una emoción u otra. La no satisfacción del acto te generará tristeza, depresión o simplemente indiferencia. Cada concepto genera un sentimiento diferente.

– Desear: está compuesto por la ilusión con lo cual, si no se consigue no genera frustración. Deseo ser rico, esa casa o esa persona pero, ahí se queda. No me genera ninguna angustia no obtenerlo porque es eso, un deseo. No implica ningún esfuerzo.

– Querer: como ya he dicho antes está compuesto por movimiento, además de la ilusión por conseguirlo. De ahí que genere frustración cuando no se consigue. Se ha invertido tiempo, esfuerzo y dedicación. Quiero estar con esa persona, quiero ese vehículo, esa vivienda y si no lo consigo me enfado. Tiene sentido porque me está condicionando el modo de vida o de movimiento. El deseo implica carencia, sin embargo, el quiero implica presencia. La diferencia radica en la motivación para conseguirlo. Cuando lo queremos es porque lo estamos viendo y sabemos que haciendo un esfuerzo podemos conseguirlo. La principal diferencia que les separa es el sentimiento que nos puede generar.

Si quiero algo y no lo consigo, me frustro, pero en cambio, cuando deseo algo y no lo consigo, me sabe mal, pero ya está. No hay males mayores. Esta diferencia radica en que cuando queremos algo y no lo conseguimos, pensamos que la culpa es nuestra, porque no nos hemos esforzado lo suficiente. El sentimiento de culpabilidad es el peor que se puede padecer. Te destruye poco a poco y te anula como persona. Esto sucede porque la mayoría de veces la persona no tiene en cuenta que no todo depende de ella.

Otra diferencia entre ambos es que en cuanto satisfaces el deseo, pierdes el interés hacia ese objetivo. Es una satisfacción momentánea. Esto pasa porque eres consciente que es un deseo y como tal, sabes que quizás no lo consigas.  En cambio, cuando quieres algo o a alguien, el sentimiento se mantiene en el tiempo porque, eres consciente del esfuerzo que has dedicado para conseguirlo.

Por su parte la necesidad,  está compuesto por la dependencia. No hay más remedio que tenerlo y su pérdida o no adquisición produce un estado de impotencia y eso genera mucha rabia. Necesito sacar un 7 en el examen de mañana o suspendo. Necesito ese vehículo para ir a trabajar. Necesito el aumento salarial para poder llegar a fin de mes.

Explicado esto, verás que no es lo mismo desear, querer o necesitar algo o a alguien. Antes de frustrarte por no conseguirlo, piensa y analiza bien qué buscas y a partir de aquí sabrás qué emoción expresar. La sensación es la misma para los tres conceptos pero, la expresión emocional puede y debe ser muy distinta. No es lo mismo comer por necesidad que hacerlo por placer. Cuando es por la primera opción, te comerás lo que te pongan o lo que te encuentres en el suelo.

Sin embargo, cuando es por la segunda, serás capaz de pagar una fortuna por un simple trozo de carne o de pescado. También, cuando necesitas un vehículo para desplazarte, te comprarás uno que se adapte a tus necesidades. Sin embargo, cuando es un deseo o simplemente lo quieres, no escatimarás en añadirle extras. Serás capaz de gastar más en piezas extras que en el valor propio del vehículo. Pero, en el amor es todavía peor. Cuando necesitas a alguien para ser feliz o sobrevivir, sólo te espera el malestar y la desgracia. Porque dependerás de ella. Te dejarás humillar con tal de conseguir su aprobación. Te necesito, sin ti no puedo respirar, alimentarme o tener donde resguardarme del mal tiempo.

Creo que es exagerado, ¿verdad? No necesitamos a nadie para este fin pero, muchas veces la persona se abandona a su suerte y acaba siendo dependiente de otros. Ahora fíjate en tu entorno más cercano y verás cuanta gente está llena de deudas por no saber distinguir entre estos tres conceptos. Necesito este coche para ser alguien, necesito ser propietario de una vivienda para no ser inferior a mis vecinos, necesito ir vestido con la ropa más cara para ser respetado por los demás. Etc.

Amigo/amiga. Te recuerdo que sólo necesitamos alimentarnos y descansar para no morir. Ahora, es tu decisión cómo gestionar estos tres conceptos y qué valor y significado le quieras dar. Recuerda que no es lo mismo querer, desear o necesitar a alguien, tener vehículo o ser propietario de una vivienda.

Por Omar el Bachiri

Psicólogo y escritor

 

 

 

 

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Si quieres no olvidar a alguien o recordar una situación o lugar en concreto, asócialo con música. Esta asociación será de por vida. Cada vez que oigas dicha música o canción, te vendrá a la mente ese recuerdo. Revivirás el estado emocional en el que te encontrabas, de lo que hacías y qué emociones estabas sintiendo. Mejor aún, sentirás melancolía o alegría. Según el significado que le asocies. Es lo bueno de las emociones. Que pueden ser condicionadas y manipuladas según nuestros objetivos. La sensación es innata y no se puede moldear pero el significado que le damos sí. Esto es la emoción. Puede ser tristeza, alegría o miedo.

Esta capacidad de moldeamiento la conocen bien la industria del cine y la del comercio. Recuerda la banda sonora de una película de terror y seguramente se te pondrán los pelos de punta. Luego, la próxima vez que vayas a un supermercado fíjate en la música que ponen y verás que es diferente en cada sección y también según la hora del día. Cuando se aproxima la del cierre, la música te causará estrés. Para que te apresures a comprar e irte pero, sin embargo cuando es a media mañana o media tarde es más suave para, que te quedes más tiempo y acabes comprando más.

Para que me entiendas. Si hoy practicas deporte y mañana sientes molestias corporales, pensarás que son debidas al ejercicio realizado y además estarás orgulloso pero, si no practicas deporte y sientes molestias, te preocuparás y estarás angustiado pero, la sensación es la misma. Sólo cambia el significado que le das (la emoción). Porque puedes llorar de alegría o de pena como también puedes fingir estar alegre y en realidad estar deprimido. La emoción es el significado que le das a la sensación. Pues con la música sucede exactamente lo mismo. Si eres capaz de relacionarla con los sucesos que quieres recordar, los tendrás de por vida. Jamás los olvidarás, en cuanto oigas dicha canción, no importa ni el lugar, ni el momento. Te vendrá de nuevo a la mente.

¿Qué pasa por tu mente cuando escuchas la famosa canción de Rocky?  

Seguramente lo estás visualizando corriendo en las vías del tren o subiendo las famosas escaleras. La música tiene la capacidad de cambiar nuestro estado de ánimo, si lo deseamos. Altera el ritmo cardíaco. Puede activar cada una de nuestras estructuras emocionales.  Especialmente el núcleo accumbens y este altera el resto. Cuando escuchamos música se produce un incremento del neurotransmisor dopamina, modificando la producción de serotonina y este a su vez influye sobre la segregación de las endorfinas.

Este conjunto de moléculas se denominan las tres sustancias de la felicidad. Es como cuando nos enamoramos. Vamos drogados de estos neurotransmisores. Tenemos más cantidad de lo habitual y por eso nos sentimos tan eufóricos y nos vemos capaces de afrontar cualquier reto.

La dopamina es la causante de las adicciones porque es el neurotransmisor responsable de que repitamos las conductas placenteras. Por eso escuchamos una y otra vez la misma canción. También permite prestar atención a lo que pasa a nuestro alrededor y es un factor clave en la motivación. Todo aquello que produzca placer, hace que el organismo libere dopamina y por eso nuestro estado mental se altera. (Alegría, tristeza o miedo). Por su parte, la serotonina puede segregarse teniendo recuerdos felices. Estamos eufóricos y nuestro organismo la segrega.

Decir que en la depresión hay una falta de este neurotransmisor. Luego las endorfinas son la morfina del organismo. Actúan como un potente analgésico que inhibe el dolor y causa sensación de bienestar. Euforia, alegría y tranquilidad. Son segregadas cuando tenemos emociones placenteras. Entonces, vuelve a entrar en juego la dopamina. Como verás es un bucle. Unos influyen sobre otros.

Este proceso es inconsciente y un buen ejemplo es el rock and roll. En cuanto oímos una canción de este género musical se nos va el pie sin querer o nos balanceamos. Aunque no entendamos el idioma en el que está la canción. Esto es debido a un reflejo corporal. Tampoco hace falta saber qué dice la letra. Lo importante es el ritmo del sonido. Pues si eres capaz de controlar este reflejo, también eres capaz de controlar la emoción que le sigue.

Por eso cualquier recuerdo que despierte un sentimiento (tristeza, alegría o miedo) es más fácil de recordar. Sabiendo esto te recomiendo asociar música a cualquier momento que quieras recordar de por vida (tus padres, familiares, pareja, amigos, un lugar en concreto, etc.) Por ejemplo, mientras estoy escribiendo estas líneas, está sonando una canción de Elvis Presley (Suspicious mind) y me viene a la mente mi hermana pequeña. Es una canción que siempre escuchaba mientras estudiaba y ella me venía a ver a la habitación. Se quedaba un rato hablando conmigo y luego se volvía a ir. Pues como estas situaciones, muchas más. Siempre he sido conscientes del poder de recuerdo que tiene la música. Otra canción que para mí tiene un gran significado emocional es Reach out (I´ll be there). Cuando la escucho me viene a la mente una mujer muy especial para mí. En este caso la asociación ha sido conscientemente porque, no quiero olvidarla jamás.

Ahora sabiendo esto. La próxima vez que te reúnas con un ser querido, apaga el televisor y enchufa la radio o pon música. De esta forma estarás inmortalizando un momento.

Por Omar el Bachiri

Psicólogo y escritor

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Antes de empezar el artículo, responde a esta pregunta. ¿Cómo es tu relación de pareja?

1) De buenos amigos.

2) De amigos con derecho a roce.

3) De amantes.

Te explico la diferencia entre las tres opciones. En la primera predomina el amor y el respeto, viene siendo un 80% cariño y un 20% sexo. En la segunda opción predomina el sexo. Un 80% sexo y un 20% cariño. Sin embargo en la tercera, el porcentaje viene consensuado por ambos. Dependerá de cada pareja pero, viene siendo un 50% cada concepto y sobre todo no existe el rechazo. Hoy por ti, mañana por mí. Todas las opciones son igual de buenas y aceptables. Sólo cambia el objetivo de la relación. ¿Ambos buscáis el mismo?

Ahora analiza tu conducta y encontrarás la respuesta a tu relación de pareja. Dicho esto, empiezo con el artículo. La falta de sexo en la relación de pareja es unos de los motivos de separación más comunes. Unas veces porque uno de ellos comete una infidelidad y otras veces porque no quiere cometerla y prefiere separarse. Hasta aquí es sencillo y no pasa nada. La situación se agrava cuando hay una hipoteca y/o hijos de por medio. La persona quiere separase pero no puede. Sería peor el remedio que la enfermedad. Esto supone perder tiempo de calidad con los hijos, pagar una pensión, abogados, notarios, etc. Entonces deciden dormir en camas separadas. Para no tener la tentación y así ahorrarse el malestar del rechazo. Tú aquí y yo allí. La falta de sexo en la relación de pareja produce ansiedad. Tanto para la persona que sufre el rechazo como para la que lo provoca. La que es rechazada tiene un sentimiento de abandono y de menosprecio. No entiende cómo la persona que se supone que la ama, le prive de algo tan natural. Sin embargo, la que crea el rechazo tampoco está bien porque se siente acosada constantemente. En este artículo no voy a entrar en detalles buscando los motivos de la pérdida del apetito sexual. Son varios y prefiero escribir sobre las emociones sentidas por ambos miembros de la pareja.

Estos sentimientos son el desprecio y la indiferencia. Que sumados llevan a la indefensión aprendida. La persona cuando ha sido rechazada tantas veces por su pareja, deja de insistir y abandona. Entonces comete una infidelidad o simplemente, se resigna y deja pasar los días. Es una situación devastadora. Si no eres fuerte mentalmente puede acabar contigo. Esto es la indefensión aprendida. Has aprendido a no defenderte frente a esta situación y la generalizas a cualquier ámbito de tu vida. El trabajo, el ocio y el hogar. Sólo quieres desaparecer, sin tener en cuenta que el mundo es enorme y hay otras personas que desean estar contigo. Valoran en ti lo que tu pareja desprecia o pasa por alto, (desprecio e indiferencia). Tu pareja ni quiere tocarte, ni quiere que la toques. (Te rechaza sexualmente).

Pero vamos por partes. Doy por hecho que has hablado del tema con ella y sus respuestas son las de siempre. Me encuentro mal, estoy cansado/a, ahora no tengo ganas, luego lo hacemos y así sucesivamente. Como he dicho antes, llega un punto que desistes y dejas de insistir pero lo peor no esto. No, lo peor es que te asegura que te quiere. – Te quiero pero no te hago el amor – Sin embargo, os separáis y se lo hace a su nueva pareja. Esto significa que el amor que había entre vosotros ha llegado a su fin pero, él/ella, no lo reconoce o no se da cuenta porque, se ha acomodado al estilo de vida que lleváis. Se siente cómodo/a y no quiere cambiarlo. Hay muchos motivos para actuar así pero, no voy a entrar en ellos. No es el objetivo del artículo. Cuando eres tú el rechazado, eres el que peor lo pasa porque tienes ganas de estar con tu pareja y ella te rechaza. Al principio te lo dice sutilmente. Te pone excusas pero, con el tiempo te lo dice literalmente -No tengo ganas – ¿No querrás que lo haga forzado/a?

Ante esta respuesta, te desmoronas y tienes que decidir qué hacer. ¿Si seguir con él/ella o alejarte y dejar la relación? La persona te gusta y te llena como ser humano pero la falta de sexo y las formas de hablarte te lastiman. Por tu mente están pasando muchos recuerdos y momentos agradables con ella pero tu razonamiento, te está demostrando que lo mejor es partir y empezar de nuevo. Ya sea en tu soledad o con otra pareja. La soledad buscada es muy placentera y gratificante.

Como he dicho antes la relación amorosa se compone de sexo y amor. No importa el orden, cada pareja es diferente. En cuanto falta uno de los dos, empiezan a salir grietas. De aquí la importancia de mantener el vínculo amoroso. Es tu pareja y debes cuidarla. Estás con ella por placer, no por obligación. El acto sexual en pareja se convierte en hacer el amor. Porque se mezclan las ganas de disfrutar y compartir con la otra persona. Es un conjunto de conductas no verbales. Miradas, gestos y caricias. De nada sirve repetirle a tu pareja que la quieres y que es lo más hermoso que te ha pasado en la vida, si no lo demuestras con hechos. La conducta no verbal dice más que cualquier palabra. Haz la prueba, intenta explicar qué es la sonrisa con palabras y verás que es más fácil explicarla si la otra persona te ve sonriendo. Dirás, esto que estás viendo se llama sonrisa. Pues en la pareja dirás, como te quiero, te hago el amor. Me entrego a ti.

Y para acabar, todas las parejas tendrían que revisar su contrato cada 5 años. Digo contrato porque al fin y al cabo es un acuerdo verbal. Se revisa para ver si todavía buscan el mismo tipo de relación. A partir de aquí negociar una ruptura, una continuidad o cambiar las reglas del juego. Para no frustrarse. No es lo mismo jugar a futbol que a baloncesto.

Por Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

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Es curioso como hay personas que sienten la necesidad de hacerlo todo por los demás. Sacar la casa adelante, cuidar de la familia, ser la mejor en el trabajo, quedar bien con los amigos y así con todo. Suele ser una persona que vive en pareja y tiene dos hijos. Tiene la creencia de que todos dependen de ella. Luego, cuando algo no sale como previsto se frustra y se siente culpable. Añadir que no sabe delegar, ya no es que no quiera. Es que no tiene la capacidad de hacerlo. Siempre que los hijos o la pareja tienen algún problema, ella es la que busca la solución. Esta situación lleva al estrés, la ansiedad y finalmente a la depresión. Si te sientes identificado, te voy a explicar por qué actúas de esta manera.

Lo haces básicamente por dos motivos: el primero, es porque eres el hermano/a mayor y tus padres te han inculcado que tu obligación es cuidar de tus hermanos. Tu cruz empezó el día que nació tu hermano/a. Desde ese momento dejaste de ser niño/a para convertirte en adulto. Ya no se te permitía llorar ni cometer errores. Debías ser el ejemplo a seguir por tu hermano/a. Lamentablemente, es un error que comenten muchos padres. Delegar en el hijo/a la enorme responsabilidad de cuidar del hermano. Está muy bien cuidar de los hermanos pero, durante unas horas al día. No todo el tiempo. Esta labor es de los padres. Luego, a medida que vas creciendo, dejas de lado tus aficiones para centrarte en las de tus hermanos. Para que no les falte de nada. Aunque tengas 17 años. Te sientes en la obligación de hacerlo aunque ya nadie te lo diga. Has adquirido el rol de padre/madre. Además, a base de ser tan exigente contigo mismo/a, te has vuelto perfeccionista y no toleras la frustración. Eres rígido en tu forma de pensar y no aceptas las críticas de nadie. ¡Aquí mando yo y se hace a mi manera!

Luego, el segundo motivo es totalmente diferente al anterior. Seguramente en algún momento de tu vida (entre los 35 y los 45 años), has adquirido miedos y estos condicionan tu comportamiento. Ahora sientes la necesidad de ser el protector de los tuyos. Para que no les suceda nada malo. Has adquirido el rol de supermán/woman. Si analizas tu vida, verás que te gusta demasiado el orden. Igual que en el primer caso puedes ser desordenado o no le des demasiada importancia al orden, en este te vas al extremo. Es casi una obsesión. Te dejas llevar por el miedo a equivocarte y a recibir críticas (no las soportas, te recuerdan que eres incompetente).

Ahora te voy a dejar un par de fórmulas para deshacerte de tus creencias irracionales. Antes de nada, ten presente que a la vida venimos solos y nos vamos solos. Esto quiere decir que una familia es como un equipo de fútbol. Así que, si tú eres el portero, no hagas la función del delantero. Te recuerdo que la vida es una suma de momentos y la tuya está compuesta sólo de malos. Ya es hora de restarlos y sumar algunos buenos.

La primera fórmula es la independencia del ser humano. Somos individuos que vivimos en sociedad. Esto significa que todos debemos colaborar para que esta funcione. Cambia de rol. Debes escoger uno diferente para cada faceta de tu vida. Es decir, en el trabajo, en casa, con los amigos, etc. Elige el que menor esfuerzo hace y acomódate al rol. Nadie te va a decir nada porque todos esperan esa misma conducta de él.

Es decir, si adquieres el rol de vago, los demás verán normal que no hagas nada y no quieras responsabilidades. Lo más adecuado, para empezar es que escojas el rol de buen amigo. Es el que te escucha siempre pero no le afectan tus problemas. Para que me entiendas. Si tu hijo suspende un examen, no te enfades con él ni te sientas culpable por ello. Asiente y asume que es su futuro el que está en juego, no el tuyo. Tu única responsabilidad es recordarle que tiene que colaborar en casa y respetarte. Así que una vez haya hecho sus tareas del hogar, date por satisfecho/a. Eres un buen padre o una buena madre. Si tus hermanos no quieren comer o no quieren bañarse, más de lo mismo. Tú les pides que lo hagan y si no quieren, no pasa nada. El problema es de ellos. Tú come y asaete. Ellos que hagan lo que quieran. Es decir, te preocupas por su bienestar pero sabes distinguir entre tú y los demás. Primero vas tú y luego el resto del planeta porque, si no tienes no puedes dar. Imagínate que enfermas. – ¿Qué podrás aportar a la sociedad? – Poca cosa o nada. Sin embargo, cuando tienes, puedes ofrecer. Luego, Somos individuos que vivimos en sociedad, no individuos partidos en trozos. También, cuando tu pareja no sepa hacer algo, ayúdale pero no lo hagas tú. Le enseñas cómo se hace y así la próxima vez, lo hará ella. Con esta forma de conducta estás marcando un respeto. Estás demostrando que tu tiempo es tuyo y no te importa compartirlo pero que cada uno se haga cargo de las consecuencias de sus conductas. Como he dicho antes, si en el equipo de futbol eres el portero, por muy bueno que seas, si los demás no marcan goles, el equipo nunca pasará del empate.

-Te has fijado que hablo de un equipo, ¿verdad? Porque tu familia es esto. Un equipo y tú eres el entrenador. No el presidente. Esto significa que tienes que educarlos. Darles obligaciones y derechos y sobre todo hacerte respetar. Tienen que sentir que eres independiente y que haces las cosas porque los amas, no porque sea tu obligación. Actuando de esta forma tu mente tiene el control y se aleja de la ansiedad.

Por Omar el Bachiri

Psicólogo y escritor

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La organización mundial de la salud (OMS), la reconoce como enfermedad desde el 1992 pero, cada país tiene la potestad de aceptarla o no. Se define como una patología de reumatismo no articular. La persona sufre un dolor crónico y generalizado. Acompañado de cansancio y de sueño no reparador. Es decir, la persona está agotada. Le duele todo, desde las uñas de los pies hasta la raíz del pelo. Mismo un abrazo, le causa dolor. Es hipersensible. Le duelen los músculos, los tendones, las articulaciones, los lumbares, la cabeza, etc. El organismo está pidiendo reposo absoluto. Lo curioso de esta enfermedad, es que nunca estás bien. Esta palabra no existe en tu vocabulario. Tienes días malos y días peores. Dices: – hoy estoy mejor o peor que ayer. Además, por muchas pruebas médicas que te hagas, siempre salen negativas. Es decir, te duele todo el cuerpo pero, no tienes nada lesionado.

Se desconoce su origen y afecta al 4% de la población mundial. Esto quiere decir que seguramente todos conocemos a alguien con fibromialgia. Quizás no diagnosticado pero sí que la sufre. Lo curioso es que afecta principalmente a mujeres. Hablamos de un 80% de los casos. No hay ninguna prueba objetiva que permita diagnosticarla. Pero se ha llegado a un acuerdo para intentar hacerlo. Es una prueba universal. No científica. Los puntos dolorosos. Son 18 y están repartidos por todo el cuerpo. Si sientes dolor en 11 de ellos, el médico puede diagnosticar la enfermedad. A partir de ellos, se harán las pruebas médicas, para descartar cualquier lesión. Para que se pueda considerar la enfermedad como tal, los dolores tienen que ser continuos durante mínimo tres meses. Estos puntos son necesarios para que el médico tenga una idea del posible diagnóstico. Imagínate que eres médico y te llega un paciente quejándose de dolores por todo el cuerpo.  Algo tendrás que decirle. ¡No hay nada peor que desconocer qué te pasa!

No se puede hablar de herencia genética pero, se ha visto que cuando alguien es diagnosticado de fibromialgia, se percata de que en su familia siempre había alguien que se quejaba de dolor crónico. Esto quiere decir que la genética predispone y la historia personal la desencadena.

La teoría actual defiende que se desencadena por situaciones traumáticas. Ya sean físicas o psicológicas. Puede ser un golpe en la cabeza, romperse un brazo, una pierna o simplemente una operación de cualquier cosa. Y también puede ser debido a un periodo prolongado de estrés. Un día cualquiera empiezas a sentir que te duele el cuerpo y no encuentras explicación. Es una situación de desamparo. Vas de médico en médico. Al neurólogo, al endocrino, al reumatólogo, etc. Vas a todos. Quieres descartar cualquier daño posible. Claro, esto dificulta tu jornada diaria, sobre todo la laboral. No importa tu profesión (economista, camarera, vendedora, policía, periodista, abogada, etc.) Lo peor de todo es que los mismos compañeros y amigos no te creen. Entonces aparte de sufrir dolor, sufres el rechazo de los demás. Te señalan y te tratan de vaga. Te diagnostican la enfermedad de la perezosa.

Con el paso del tiempo, se adquieren asociaciones de acción-dolor. Te anticipas a él. Aunque sea un abrazo de tu pareja o hijos. Les dices: – no me toques -. Causas rechazo. Tampoco te acercas a las barandillas, para no rozarte con ellas, porque te duele. Vives constantemente en un estado de alerta, agravando todavía más la situación. De aquí la importancia del ocio. De practicar alguna actividad física porque, nos distrae la mente (Mindfulness). Significa ser consciente de lo que estás haciendo en ese preciso momento. Desde respirar a caminar. Saborear cada instante, sin ponerle ningún adjetivo calificativo. A nivel físico la persona está tan cansada que no le apetece hacer nada. Pero tampoco quiere dormir, porque sabe que no es efectivo. Aunque duerma 12 horas, se levantará cansada y sin fuerzas. Esta enfermedad muchas veces conduce a la depresión. Porque te puede aislar si no la manejas adecuadamente. Dejas de quedar con los amigos y la cabeza empieza a dar vueltas. A pensar por qué te pasa esto, lo injusto que es y entonces caes en el victimismo. Otro añadido al problema es el cambio de humor. Te vuelves irascible, agresiva o todo lo contrario. Dejas de discutir, todo te da igual. Sientes tanto dolor que lo único que quieres es paz.

Hasta hace poco se pensaba que era una enfermedad reumática y las investigaciones han ido por ese camino pero, ahora ya se empieza a decir que es más una enfermedad neurológica porque, afecta al sistema nervioso central (SNC). El organismo percibe e interpreta el dolor de una forma exagerada y esto hace que esté siempre en alerta. De ahí viene la ansiedad, el estrés, la depresión, los dolores musculares, los dolores de cabeza, etc. El malestar generalizado. Porque es un bucle. No duermes, no descansas y el organismo no se recupera. Decir también que las personas activas son las que más sufren esta enfermedad porque por lo general las pasivas, no se inmutan. Encuentran normal sentir dolor después de una determinada edad. De ahí la famosa frase que dice: después de los 40 es normal que te duela el cuerpo. Si no es la pierna, es la cabeza o la espalda. Las activas, en cuanto perciben que su rendimiento está bajando sin motivo aparente, acuden al médico. Quieren recuperarse, para seguir con el mismo nivel de exigencia.

Para acabar, daré el perfil de la persona afectada: es diagnosticada entre  los 20 y 40 años. Mayoritariamente es mujer y activa. Va de aquí para allí. O es deportista o simplemente no para quieta. Empieza a darse cuenta de que cada vez le cuesta más mantener ese ritmo. Duerme mal, entonces no descansa. Las manos o la espalda nunca le han dolido y ahora empieza a sentir molestias. Le viene algún que otro dolor de cabeza. Pasados uno meses se generaliza y se vuelve crónico. Migrañas, problemas estomacales, poca tolerancia a la luz y al ruido, dolor en las articulaciones, etc.

Por Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

 

 

 

 

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¿Cómo reacciono si mi hijo me dice que es homosexual? ¿Acepto una hija lesbiana o un hijo gay?

La respuesta tendría que ser la misma que si me dijera que es heterosexual pero, lamentablemente no siempre es así. Esta reacción viene condicionada por la cultura y las creencias de cada uno.

Por los estereotipos sexuales y los prejuicios. Es muy importante conocer cómo se crean estos dos conceptos para comprender la respuesta de los padres. También es un factor importante saber qué facetas del hijo se valoran más. Si su orientación sexual o su capacidad para ser feliz. Porque la orientación sexual no se elige, viene determinada por la biología de cada uno.

Está plenamente demostrado por la ciencia. Ser homosexual no es una elección, es una condición igual que ser heterosexual o bisexual. Sin embargo ser feliz, si que es una elección y tu hijo ha optado por esta última. Seguramente no ha sido fácil para él reconocerte su orientación sexual. No es lo mismo informar a los amigos que a los padres. Si tienes intención de preguntarle desde cuándo siente que es homosexual, piensa en tu caso. ¿Desde cuándo sientes que eres heterosexual? Verás que la respuesta es la misma para ambos. No hay diferencia.

Ten presente que cuando juzgas a alguien, estás haciendo un juicio introspectivo. Estás confrontando la realidad social con tus creencias propias. Estás mostrando tus prejuicios sociales.

Predominan tus ideas preconcebidas sobre el significado de la homosexualidad y estás reflejando tu rigidez mental hacia la heterosexualidad como única vía de relación entre dos personas.

Estas ideas vienen condicionadas por la información que tienes en ese momento. Una información no contrastada científicamente, sino, basada en estereotipos y conversaciones entre amigos. Se generaliza cualquier conducta y se asocian entre ellas. Te lo explico con un ejemplo para que lo entiendas mejor: ves a dos chicas bailando juntas o agarradas de la mano y piensas que es algo normal. Que son amigas.

Sin embargo, eso lo hacen dos chicos y automáticamente piensas que son gays. En ningún momento piensas que puedan ser hermanos o padre-hijo.

Hay muchos padres/madres que se preguntarán en qué momento de su educación han fracasado. Cómo es que su hijo no ha salido normal. Lo aceptarán pero sentirán pena por él, por ser diferente y están convencidos de que le espera una vida desgraciada. Otros, sin embargo lo rechazarán.

Por ignorancia, desconocimiento sobre cómo funciona la biología o simplemente por vergüenza ajena. Por el qué dirán los demás. Familiares, amigos y conocidos. Por suerte, esto es una minoría de los casos. Actualmente, en el año 2019 ya es un tema aceptado y la mayoría de padres/madres aceptan incondicionalmente a su hijo. Prestan más atención a otras facetas de su vida. Como por ejemplo que sea feliz y esté bien de salud, dejando en segundo plano la orientación sexual. Al final es lo que importa. Que tu hijo esté sano y disfrute de la vida.

Responde a esta pregunta:

¿Por qué la das tanta importancia a la orientación sexual? Si es porque no te hará abuelo/a, te recuerdo que también puede ser estéril y aunque fuera heterosexual tampoco te daría un nieto o también, si elige ser sacerdote, tampoco de lo dará.

Si hablas con él, verás que tenéis muchas cosas en común y vas a renunciar a él simplemente porque no comparte tu orientación sexual. Es tu hijo, no tu mini yo. Es un ser independiente y con capacidad de decisión. No lo juzgues por no seguir a la mayoría. Ámalo por sus ideas. No por las tuyas.

Dicho esto paso a definir que son los estereotipos y los prejuicios. Los primeros son creencias generales sobre alguna clase social o grupo en concreto. Es la forma de trabajar que tiene nuestra mente. Lo hace para ahorrar energía ya que su capacidad de procesamiento es limitada.

De esta forma con solo ver o ir algo referente a ese grupo, sabe cómo interactuar con él. Esto permite que se juzgue por igual a cualquier persona perteneciente a esa clase o grupo. Se les achaca ciertos aspectos físicos, formas de vestir y de comportamiento. Hasta cierto punto es factible pero, el problema es que se deja de lado la mente crítica. No se analiza la información obtenida ni su origen. Se usa la mente reactiva. Dando lugar a muchos errores de juicio. De aquí surgen los prejuicios. Estos son opiniones anticipadas.

Se juzga a la persona, clase social o grupo antes de conocerlos. Son juicios basados en los estereotipos. Se sigue la idea de causa-efecto. Sin tener en cuanta otros factores. Te voy a dejar un ejercicio para que veas cómo nos influyen los estereotipos a la hora de juzgar. Visualiza esta imagen. Joven de 25 años con un Ferrari viviendo en Colombia, viviendo en Hollywood o en Andorra.

Seguramente, para el primero te ha venido a la mente un narcotraficante, para el segundo, has pensado en un actor famoso y para el tercero, un hijo de papá o youtuber. En ningún caso has pensado que pueda ser un joven empresario o un brocker de la bolsa. Pues en los estereotipos sexuales sucede exactamente lo mismo. Las personas que se aferran a ellos sin cuestionarlos, juzgarán a la gente que se salen de su estandarte.

Ahora que ya sabes cómo funcionan, no juzgues a tu hijo por no ser heterosexual. Júzgalo por su personalidad y lo que aporta a la sociedad. Pero sobretodo, por el amor y respeto que te tiene.

Por Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

 

 

 

 

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El duelo es una etapa de la vida por la cual todos pasamos. Ya sea por la pérdida de un ser querido, por la pérdida de un trabajo, de un animal de compañía o por el abandono de la pareja. No importa el motivo, el proceso es el mismo en todos los casos. Es un sentimiento de indefensión. Estás viendo que no puedes hacer nada por cambiar el resultado. Este proceso te puede destruir, si no lo afrontas de la manera adecuada. Primero, hay que aceptar que si estás vivo significa que tarde o temprano morirás. Es una realidad y no va a cambiar. A partir de aquí según tus creencias, cultura y experiencias  personales, te afectará de una forma o de otra. Siendo consciente de esta realidad, te ahorrarás muchos problemas y vivirás más en el presente. La vida nos lo está recordando a diario. Nacemos solo y morimos solo. Cada día nace y muere gente.

Pues el duelo es el proceso de separación. En este caso en particular, te das cuenta de que nunca más volverás a ver a tu ser querido. Si la relación ha sido la adecuada, no será tan doloroso. Con esto quiero dejar claro la diferencia entre estar con alguien por voluntad propia o por necesidad. Según el motivo, tendremos una sensación u otra. En la primera opción hablamos de amor, has escogido estar con él porque te gusta su forma de tratarte. En cambio, en la segunda, estabas con él por alguna carencia, ya sea emocional o material. Cuando es la segunda opción, el duelo es más difícil de superar.

En este artículo me centraré en la primera opción. La del amor. Este proceso se compone de 5 fases. Negación, Ira, Negociación, Depresión, Aceptación, (NINDA). La depresión es la variable independiente porque si la negociación surge efecto, se pasa directamente a la aceptación. Es importante ser consciente de estas fases, para no asustarse cuando lleguen.  Ten presente que lo pasarás muy mal, no entenderás qué te está pasando y seguramente te cuestionarás el sentido de la vida. Te preguntarás para que venimos al mundo si al final, tenemos que morir. Anímicamente estarás yendo de un extremo al otro. Habrán días en los estarás como si nada y habrán otros en los que no podrás parar de llorar. Pero,  tranquilo/a, este proceso dura unos 6 meses. Es el tiempo necesario para adaptarte a tu nueva situación. No debe interferirse con medicación. Hay que dejar fluir estos sentimientos porque fortalecerán tu personalidad. Adquirirás herramientas y estrategias para afrontar nuevas situaciones delicadas.

También aumentarás tu umbral al dolor emocional. Tan importante para gestionar la frustración. Además, decir que sufrimos el duelo por una razón, tenemos motivos para estar tristes. Ahora, si transcurrido este tiempo, tu estado anímico no mejora, pide ayuda profesional. Acude al psicólogo. En este caso, quizás, si que te medicarás, porque el motivo ya es diferente. Es posible que no sepas vivir sin este ser querido. Te has hecho dependiente emocionalmente.

Cómo he dicho antes, la primera fase es la negación: no te crees lo que te está pasando. Te resignas a aceptarlo. No puede ser que te haya pasado a ti. Si eres buena persona y no haces daño a nadie. Después llega la fase de la ira: estás enfadado con el mundo. No es justo y nadie te comprende. Te encuentras perdido, nada tiene sentido. Te sientes culpable y piensas, – si hubiera hecho esto o aquello, podría haberlo evitado – Tu cabeza no para de dar vueltas al asunto. Seguidamente, entras en la tercera fase.

La negociación: dejas volar la imaginación. Quieres pactar con quién sea para que la situación vuelva a ser la de antes. Estás dispuesto a hacer cualquier sacrificio. Aquí es cuando entras en la fase de la depresión: estás viendo que tus súplicas no tienen efecto. Te das cuenta de que tienes que asimilar tu nueva realidad. Te hundes, tu mundo ha cambiado y tienes miedo de volver a empezar. Echas de menos tu vida anterior. Seguidamente llega la última fase. La aceptación: has superado el estado depresivo y haces frente a tu nueva realidad. Eres consciente de que no lo volverás a ver nunca más.

Ahora que ya sabes lo que te espera cuando pierdas a tu ser querido, no dejes pasar una sola ocasión para demostrarle cuánto lo quieres o aprecias. Haz la prueba e imagínate cómo sería tu vida sin esta persona que tanto te importa. Haz lo mismo con tu trabajo o mascota. No esperes a perderlo para recordar los buenos momentos. Créalos. Sal a pasear, habla durante horas, discute si hace falta.

No tienes por qué pensar igual. Esto es lo que echarás de menos cuando ya no esté. Ten presente que después de una sensación viene una emoción pero, está condicionada. Cómo he dicho antes, dependerá de tus creencias.

Quiero que entiendas que las puedes cambiar. Muchas veces ves a alguien llorar y cuando te acercas, te das cuenta que está llorando de risa. A partir de ahora cuando te venga a la mente el recuerdo de tu ser querido, en vez de llorar o estar triste, intenta sonreír y agradece a tu cerebro por haberlo traído a ti. Estás alegre por haber pensado en él. No triste porque no está contigo. La mejor forma de enfrentar estas etapas es siendo conscientes de las emociones que estamos sintiendo.

Es muy importante identificarlas y entenderlas porque son fruto de las sensaciones. La emoción es dual. Es buena o mala. Según la interpretes, así te condicionará. Todas tienen su función. Ya sea la tristeza, la ira, el miedo, la sorpresa, la alegría o el asco. Te calmarán o te excitarán. Si aun así no lo puedes superar, practica la técnica de la silla vacía. Coges una silla y te imaginas que tu ser querido está sentado en ella. Exprésale tus sentimientos y explícale cómo te sientes y que harás para superarlo. Lo tienes que hacer cada día, te servirá de motivación para hacer frente a tu realidad. Llegará un momento que lo encontrarás tanto ridículo que dejarás de hacerlo pero, ya te sentirás mejor y con las fuerzas necesarias para continuar sin él.

Por Omar el Bachiri

Psicólogo y escritor

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Es una conducta difícil de entender. ¿Cómo alguien puede maltratar psicológicamente o físicamente a la persona que ama? En este artículo te explicaré el proceso que usa la persona agresora. Su objetivo es destruirte y para ello, primero te deshumanizará. Es decir, te quitará la condición de ser humano y lo hará eliminando cualquier emoción hacia ti. No te confundas, no te ama. Segundo, buscará dominarte. Debes saber que esta persona es celosa y posesiva. También decir que es cobarde porque no se atreve a dejarte. Depende emocionalmente de ti. Eres el eje central de su vida pero, malinterpretas las señales que te envía. Nunca irá de frente, usará la subjetividad. Te dirá: – esto que haces me hace sentir mal – Por tu culpa me siento así – Tu forma de vestir o hablar me lastima –

He dicho que usa la subjetividad, porque su intención es que te sientas culpable pero, ten presente que nadie puede decidir sobre el estado anímico de otra persona. Tú sólo eres responsable de lo que dices y haces, no de lo que los demás interpreten. Si esta persona perdiera la vista o se quedara sorda ahora mismo, no se ofendería ni por tu forma de vestir ni por tus palabras. Esto demuestra que es su forma de interpretar las situaciones lo que le está lastimando. No tus conductas. No sabe gestionar su frustración y está buscando culpables.

Es ella la que tiene que cambiar, no tú. Estas malinterpretaciones te llevan a sentirte culpable y a cambiar de hábitos. El proceso no suele ser muy largo, pero si continuo. Dependerá de la víctima. Si es extrovertida y tiene un amplio círculo de amistades o por el contrario, es introvertida y con pocas amistades. Pero el proceso es el mismo en ambos casos. Aislar la persona de su zona de confort y crearle dudas sobre si misma. Sobre sus valores. Es conseguir que esté en un estado de indefensión absoluta. De esta forma no podrá ni huir, ni denunciar. Estará confusa.

Ahora te explicaré los dos pasos del proceso: el aislamiento social y el deterioro de la autoestima. Así es como se consigue que la persona esté a tus órdenes. Le haces creer que no vale para nada y que sin ti, no es nadie. Voy a contarte una historia para que entiendas mejor lo que he explicado. Puede ser una mujer o un hombre. No hay diferencias de sexo en la violencia de género. Ambos lo sufren. La relación puede ser entre dos mujeres, dos hombre o heterosexuales.

Mi pareja empezó por aislarme de mi entorno más cercano, amigos y familia. Dejé de relacionarme con ellos. Vivía sólo para ella y mi hijo. Pasé de ser una persona extrovertida y deportista a quedarme en casa. Empecé a priorizar las tareas del hogar al deporte. Una vez aislada, para degradar mi autoestima, empezó a menospreciar mis logros y a exagerar mis fracasos. Pasó de ser atenta y cariñosa a ser exigente y autoritaria. Cada vez que salíamos, me humillaba en público diciéndome que iba demasiado arreglada para hacer simplemente la compra o ir al parque con el niño. En las reuniones escolares, no me dejaba opinar. Decía que no tenía nada que aportar. Que era una inculta. Las primeras veces no le hacía caso y seguía con mi rutina pero, a base de insistir en mis errores, empecé a dudar de mí misma y me lo acabé creyendo.

Lo que más intranquilidad me producía era cuando llegaba a casa con ganas de descansar y no sabía qué iba a hacer conmigo. Si golpearme o sonreírme. Para justificarse, me decía: – Tú tienes la culpa de mis cambios de humor – y como he dicho antes, me lo acabé creyendo y pensaba que me lo merecía. Que era culpa mía por no satisfacerla como amante ni como madre/padre de su hijo. Unas veces me pegaba por un motivo en concreto y otras veces no me hacía nada. Estaba confundida, no sabía por dónde saldría la próxima vez. A esto se le sumó que en el trabajo no estaba pasando por un buen momento. La baja autoestima me llevó a ser desconfiada y me estaba perjudicando en el desarrollo de mis funciones laborales. Si veía a dos compañeros chismorreando y mirándome, ya daba por hecho que me estaban criticando. Me sentía el centro de atención de todas las miradas. Tenía el ego muy subido, pero como fachada, pues me sentía como una basura. En vez de preguntar, daba las cosas por hechas y si no salían como quería, me irritaba.

Ahora te explico cómo consiguió dominarla y espero que aprendas de sus errores para que no hagas lo mismo: Dejó de hacer lo que le gustaba para complacer a su pareja. Empezó a pensar en los demás antes que en ella. Invertía todo su tiempo y dinero para complacerlos. Dejó de mimarse y cuidarse físicamente. Se creía indispensable (si no lo hacía ella, nadie lo iba a hacer) y dejó de confiar en la gente. Todo este repertorio de conductas la aisló también de su ambiente laboral, quedándose totalmente sola. Sin familiares, ni amigos, ni compañeros de trabajo.

Ten presente que cualquiera que te motive a salir de tu zona de confort, está pensando más en él que en ti. La zona de confort no se abandona, se amplía. Si algo te gusta y te proporciona paz, no lo dejes.

Por Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

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