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Es una conducta difícil de entender. ¿Cómo alguien puede maltratar psicológicamente o físicamente a la persona que ama? En este artículo te explicaré el proceso que usa la persona agresora. Su objetivo es destruirte y para ello, primero te deshumanizará. Es decir, te quitará la condición de ser humano y lo hará eliminando cualquier emoción hacia ti. No te confundas, no te ama. Segundo, buscará dominarte. Debes saber que esta persona es celosa y posesiva. También decir que es cobarde porque no se atreve a dejarte. Depende emocionalmente de ti. Eres el eje central de su vida pero, malinterpretas las señales que te envía. Nunca irá de frente, usará la subjetividad. Te dirá: – esto que haces me hace sentir mal – Por tu culpa me siento así – Tu forma de vestir o hablar me lastima –

He dicho que usa la subjetividad, porque su intención es que te sientas culpable pero, ten presente que nadie puede decidir sobre el estado anímico de otra persona. Tú sólo eres responsable de lo que dices y haces, no de lo que los demás interpreten. Si esta persona perdiera la vista o se quedara sorda ahora mismo, no se ofendería ni por tu forma de vestir ni por tus palabras. Esto demuestra que es su forma de interpretar las situaciones lo que le está lastimando. No tus conductas. No sabe gestionar su frustración y está buscando culpables.

Es ella la que tiene que cambiar, no tú. Estas malinterpretaciones te llevan a sentirte culpable y a cambiar de hábitos. El proceso no suele ser muy largo, pero si continuo. Dependerá de la víctima. Si es extrovertida y tiene un amplio círculo de amistades o por el contrario, es introvertida y con pocas amistades. Pero el proceso es el mismo en ambos casos. Aislar la persona de su zona de confort y crearle dudas sobre si misma. Sobre sus valores. Es conseguir que esté en un estado de indefensión absoluta. De esta forma no podrá ni huir, ni denunciar. Estará confusa.

Ahora te explicaré los dos pasos del proceso: el aislamiento social y el deterioro de la autoestima. Así es como se consigue que la persona esté a tus órdenes. Le haces creer que no vale para nada y que sin ti, no es nadie. Voy a contarte una historia para que entiendas mejor lo que he explicado. Puede ser una mujer o un hombre. No hay diferencias de sexo en la violencia de género. Ambos lo sufren. La relación puede ser entre dos mujeres, dos hombre o heterosexuales.

Mi pareja empezó por aislarme de mi entorno más cercano, amigos y familia. Dejé de relacionarme con ellos. Vivía sólo para ella y mi hijo. Pasé de ser una persona extrovertida y deportista a quedarme en casa. Empecé a priorizar las tareas del hogar al deporte. Una vez aislada, para degradar mi autoestima, empezó a menospreciar mis logros y a exagerar mis fracasos. Pasó de ser atenta y cariñosa a ser exigente y autoritaria. Cada vez que salíamos, me humillaba en público diciéndome que iba demasiado arreglada para hacer simplemente la compra o ir al parque con el niño. En las reuniones escolares, no me dejaba opinar. Decía que no tenía nada que aportar. Que era una inculta. Las primeras veces no le hacía caso y seguía con mi rutina pero, a base de insistir en mis errores, empecé a dudar de mí misma y me lo acabé creyendo.

Lo que más intranquilidad me producía era cuando llegaba a casa con ganas de descansar y no sabía qué iba a hacer conmigo. Si golpearme o sonreírme. Para justificarse, me decía: – Tú tienes la culpa de mis cambios de humor – y como he dicho antes, me lo acabé creyendo y pensaba que me lo merecía. Que era culpa mía por no satisfacerla como amante ni como madre/padre de su hijo. Unas veces me pegaba por un motivo en concreto y otras veces no me hacía nada. Estaba confundida, no sabía por dónde saldría la próxima vez. A esto se le sumó que en el trabajo no estaba pasando por un buen momento. La baja autoestima me llevó a ser desconfiada y me estaba perjudicando en el desarrollo de mis funciones laborales. Si veía a dos compañeros chismorreando y mirándome, ya daba por hecho que me estaban criticando. Me sentía el centro de atención de todas las miradas. Tenía el ego muy subido, pero como fachada, pues me sentía como una basura. En vez de preguntar, daba las cosas por hechas y si no salían como quería, me irritaba.

Ahora te explico cómo consiguió dominarla y espero que aprendas de sus errores para que no hagas lo mismo: Dejó de hacer lo que le gustaba para complacer a su pareja. Empezó a pensar en los demás antes que en ella. Invertía todo su tiempo y dinero para complacerlos. Dejó de mimarse y cuidarse físicamente. Se creía indispensable (si no lo hacía ella, nadie lo iba a hacer) y dejó de confiar en la gente. Todo este repertorio de conductas la aisló también de su ambiente laboral, quedándose totalmente sola. Sin familiares, ni amigos, ni compañeros de trabajo.

Ten presente que cualquiera que te motive a salir de tu zona de confort, está pensando más en él que en ti. La zona de confort no se abandona, se amplía. Si algo te gusta y te proporciona paz, no lo dejes.

Por Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

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Mi nombre es azúcar pero, vengo en forma de glucosa, fructosa, sacarosa, dextrosa, lactosa, maltosa, melaza, miel, etc. Quiero que sepas que no soy el mismo que se encuentra en los alimentos, ya sea en la fruta, verdura o los cereales. Yo soy el añadido. El que usas para beber tu café o preparar tus pasteles. Debido a los nombres que me han puesto, paso desapercibido y tengo acceso a cualquier persona. Tengas un año o noventa, me deseas y es lógico. Produzco placer y cuanto más me consumes, más me quieres. Soy la alegría de la fiesta y he conseguido que me asocies con bienestar.

Tiene sentido e incluso se podría decir que es normal, porque formo parte de las denominadas drogas legales. Junto al café, el alcohol, el tabaco, los medicamentos psicotrópicos y otros. Fíjate que muchas veces vamos en equipo. Bebes café y me añades, luego fumas y te tomas una copa de cualquier sustancia alcohólica. Soy pura química y afecto a la bilogía de tu cerebro. Actúo en el sistema de recompensa del cerebro. En cuanto llego a esa zona, produzco la segregación de dopamina. Inundo tu cerebro. Es el neurotransmisor común a cualquier sustancia o conducta placentera. Se encarga de que las repitamos. Lo hace por nuestra supervivencia. Se mueve por inercia. No distingue entre perjudicar y favorecer. Si el organismo lo segrega, significa que debe ser útil para la supervivencia. El alimento dulce se asocia a energía y eso es vida.

Si intentas alejarte de mí, te ataco con la abstinencia. Dolor de cabeza, cansancio y ansiedad. Mientras hagas un uso moderado de mí, no te pasará nada, pero si abusas haré que tengas caries, diabetes, obesidad y entres en depresión. Además, por mucho que quieras deshacerte de mí, no te será fácil. Aunque dejes de tomar azúcar refinado, los refrescos o no comas bollería industrial. No me perderás de vista. Estoy por todas partes. Incluso en la comida salada. Supongo que formarás parte de la mayoría de las personas que comen alimentos procesados. Alimentos que pueden ser almacenados durante días o semanas. Legumbres, verduras, salsas, mayonesa, pizzas, carne, pescado, embutidos, etc. Tu paladar se ha acostumbrado al gusto del azúcar por eso no me distingues en dosis pequeñas. La próxima vez que hagas la compra, lee la lista de ingredientes y te sorprenderás. ¡Estoy en ella!

Para que sepas la proporción de azúcar que hay en el producto, fíjate en su orden de aparición. Están en orden descendente. Esto quiere decir que si me ves entre los tres primeros, es que estoy en abundancia. Mi función es hacer de conservante, modificar y potenciar el sabor de los alimentos. Además de crear adicción. Esta última es la más importante porque es la encargada de que vuelvas a consumir el alimento, o por lo menos, que hables bien de él. ¿No te has fijado que el sabor es diferente cuando creas el plato de forma natural? Los alimentos cocinados de forma casera no necesitan conservantes, pero cuando son para la venta al mayor, deben respetar unas normas de seguridad. Pero esto tiene su motivo de ser. La sociedad quiere comida buena, barata y fácil de preparar. Las empresas de alimentación tienen que competir entre ellas para llegar al máximo número de clientes. Es lo que viene a ser la guerra de precios.

¿Cuál es el mensaje que transmiten? Compra mi producto. Es más barato y más sano que los demás. Como he dicho antes, la comida procesada es práctica porque además de ser barata, no hay que cocinar. Simplemente se calienta o descongela y listo. En unos pocos minutos tienes un delicioso plato de comida. Cada día puedes comer alimentos de una cultura diferente y esta forma de alimentarse tiene unas consecuencias. El abuso de azúcar y las enfermedades que eso conlleva.

Se recomienda consumir un máximo de 50 gramos de azúcar diarios. Unas 10 cucharadas de café y la mejor forma de controlar mi consumo es bajo el asesoramiento de un nutricionista. Te explicará las diferencias entre el azúcar añadido y el natural. Pero tranquilo, porque llevando una alimentación variada y practicando deporte regularmente, no tienes nada que temer. Conclusión, hay que hacer caso a Darwin. Tienes que adaptarte al mundo o desparecerás entes de tiempo. El problema no es el uso, si no, el abuso. Aparte de esto, hazte pruebas médicas anualmente y así controlarás tu nivel de azúcar.  No es lo mismo reducir su consumo que tener que privarse.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo y escritor

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Tengo 34 años y estoy lleno de deudas. Una hipoteca, dos préstamos, viajes y los muebles de la casa, financiados por centros comerciales y dos tarjetas de crédito en su límite. Mi vida se podría resumir en trabajar para pagarle al banco y al centro comercial. He investigado un poco y he visto que la palabra hipoteca significa esclavitud. Soy esclavo de la identidad financiera o persona que me presta el dinero. Hasta que no se lo reembolso, no soy libre. ¡Ah! y en el caso de los bancos, el estado se encargará de que devuelvas hasta el último céntimo. No hace mucho, la sociedad luchaba por su libertad y en la actualidad, la vende. En ocasiones, se mueven montañas por firmar un contrato de esclavitud.

Todo empezó cuando tenía 26 años. Mis padres y amigos me incitaron en la compra de una vivienda. No digo que la compra esté mal. Lo que digo es que la compré a un precio muy por encima de su valor real. Me dejé llevar por el miedo de mis padres y la euforia de mis amigos.

He vivido en casa de mis padres hasta los 24 años y nunca he colaborado financieramente. Me decían que el dinero era mío y debía gastarlo como quisiera. Nadie me enseñó a gestionarlo. Con lo cual, con 19 años y con el carnet de conducir en las manos, pedí un préstamo de 20.000€ para un coche. No tenía problemas para reembolsarlo. Toda mi nómina era para mí. Para mis caprichos. Sin darme cuenta estaba entrando en el mundo de las deudas. De las compras a plazos. Llevo trabajando desde los 17. En apenas 3 años liquidé el préstamo. Cuando cumplí los 24, conocí a la chica que actualmente es mi mujer y la madre de mi hijo. Ella también era de las que no colaboraba financieramente en casa. Sus padres le decían que tenía toda una vida por delante para ahorrar. Que tenía que vivir la vida. También estaba endeudada, la adquirió con su expareja. Ascendía a 26.000€. Ella tenía que pagar la mitad y también la liquidó sin problemas porque cuando se separó de él, volvió a casa de sus padres.

Nadie nos habló de la importancia de adquirir y potenciar la inteligencia emocional y la financiera. Ambas importantísimas para no caer en las deudas y sobretodo para no dejarse llevar por la opinión de los demás. Para empezar, mi vivienda está alejada del centro. Dependo totalmente de mi vehículo. No tengo ninguna parada de transporte público a menos de un kilómetro. Tampoco un comercio. Esto ya es un indicativo de que he pagado demasiado por ella. Mi mujer no tiene vehículo y para no depender de mí, nos metimos en el préstamo de uno. Viendo nuestra experiencia pasada y lo sencillo que fue devolverlo, pedimos 20.000€ y al mismo tiempo me di un capricho y pedí otro de 16.000€. Para una moto. Cuando llegaron las vacaciones, también las financiamos. Esto lo hicimos durante los 4 años siguientes. Viajar a crédito. Tirar de tarjetas. Cada uno teníamos una. Nos sentíamos los reyes del mambo. Quiero esto o aquello, lo compro y ya lo pagaré. A los dos nos han enseñado que debemos vivir el ahora. Que el mañana no existe. Que ahorrar es de agarrados. Cuando no hay dinero, se pide un préstamo y se devuelve a plazos y si tengo una tarjeta de crédito, que haga lo mismo. Gastar hasta llegar al límite y después devolverlo en cómodas cuotas. ¡Para eso trabajamos!

Todo iba viento en pompa hasta que llegó un día en que las cuotas a devolver superaban los ingresos. A partir de aquí, se instaló la ansiedad en casa y hasta día de hoy, no se ha ido. De vez en cuando nos visita también la depresión. y nos recuerda la importancia de las inteligencias financiera y emocional. El banco se ha apiadado de nosotros y ha cedido a juntar todas las deudas en la hipoteca. Ahora sólo tenemos una cuota a devolver. Más elevada pero por lo menos, podemos hacerle frente.

 

Volviendo a la hipoteca, la cuestión del transporte público es un aspecto que pasé por alto y que ahora estoy pagando por ello. Hace dos meses me rompí un pie y actualmente voy a recuperación. Tengo que caminar dos kilómetros para llegar a la parada de transporte público. Esto lo hago con muletas. Imagínate qué calvario estoy sufriendo. Durante los dos meses que he llevado el pie inmovilizado, he sido prisionero de mi casa. He dependido totalmente de mi mujer. Luego, mi hijo depende de nosotros para ir al colegio. No puede ir ni a pie, ni en transporte público. Como no tenemos inteligencia, financiera, desconocemos la diferencia entre un interés variable y otro fijo. Nos hemos metido en uno variable y la cuota a devolver varía cada año. No tiene nada que ver la que empezamos pagando, con la estamos pagando ahora. Casi se ha duplicado.

Si tuviéramos estas inteligencias, la opinión de los demás no nos hubieran influenciado. Primero, porque no hubiera hecho caso a lo que me decían sobre el mercado inmobiliario. Que una vivienda nunca pierde valor. – Si la vendo ahora, no me dan ni la mitad de lo que he pagado.  – Segundo, no me hubiera dejado llevar por el miedo que me transmitían mis padres. – O me compras una vivienda o cuando te jubiles no tendrás donde vivir – Mis padres, igual que la mayoría de personas de su edad están convencidos de que un alquiler es tirar el dinero a la basura. No se han parado a pensar que una hipoteca, supone pagar intereses y que una propiedad, también supone pagar una comunidad de vecinos e impuestos al estado.

A mi hijo le voy a inculcar el hábito de ahorrar el 20% de sus ingresos anuales y disfrutar del 80% restante. Si empieza a hacerlo a los 20 años, cuando tenga 50, se podrá comprar una vivienda. La podrá pagar al contado o por lo menos, tendrá para más de la mitad de la hipoteca. Esto se consigue razonando antes de gastar. ¿Por qué lo quiero, para qué y cuánto tiempo lo haré servir?

Por: Omar el Bachiri

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El alcohol es la segunda droga legal con más adictos. Sólo superada por el tabaco. Ambas tienen más adictos que cualquier droga ilegal. Antes de empezar el artículo, definiré las palabras droga y adicción. La primera significa: sustancia que una vez en el organismo crea o modifica una conducta. Puede ser azúcar, café, té, medicamentos psicotrópicos, tabaco, cocaína, heroína, cannabis, etc. Por su parte, la segunda significa: ser esclavo de la sustancia, la persona dedica todos sus recursos materiales y/o económicos para satisfacer la necesidad. Todo lo demás queda en segundo plano (familia, amigos y trabajo).

Quiero dejar claro que nadie quiere ser alcohólico y depender de una sustancia para funcionar. Se llega por asociaciones erróneas. Se empieza por el uso, luego le sigue el abuso y acaba en la adicción. Se empieza por el placer de beber pero, se mantiene por necesidad. Para no sufrir la abstinencia. Es una adicción donde no hay culpables, si no, víctimas. La sociedad entera sufrimos el mal, pero al mismo tiempo es la que incita a beber, para luego juzgarnos y llamarnos borrachos. Se ha normalizado su consumo. Se encuentra por todas partes. – Acudes al centro comercial o bar, lo compras y te lo bebes – Así de simple. No te piden receta médica ni carnet de identidad para conseguirlo. No es como una droga ilegal, donde vas a prisión por su compra.

El proceso del alcoholismo no es muy largo, pero si continuo. Depende mucho del ambiente que te rodea, si es protector o precipitante. Es decir, si te facilita su acceso o no. También influye la genética. Viene a ser un 50% herencia y otro 50% ambiente. Si tus padres son o han sido alcohólicos, tienes más probabilidades de caer adicto. El motivo es que eres sensible al alcohol. No es que haya un gen del alcohol. Digamos que eres alérgico a él. Si tus amigos necesitan cinco cervezas para desinhibirse, tú necesitas sólo dos.

Para entender mejor la relación con el alcohol hay que conocer la diferencia entre el uso, el abuso y la dependencia. Hay que entender que el alcohol no es el problema, sino, nuestra relación con él. Podemos ser su esclavo o ser simplemente amigos. Vernos de vez en cuando. De aquí la importancia de ser consciente de su consumo. Saber el motivo del porqué de se hace. ¿Qué busca la persona del alcohol? -¿El sabor, el placer de beber? -¿La euforia y la desinhibición? – ¿Pasar el tiempo muerto, combatir el aburrimiento o, por el contrario, olvidar sus problemas?

– Uso: puede ser esporádico o continuo pero la cantidad consumida no tiene incidencia sobre el organismo. Ni a nivel mental, ni físico. Se está buscando satisfacer una necesidad. Puede ser disfrutar del sabor, desinhibirse o estar eufórico. En cuanto se consigue, se deja de consumir

– Abuso: afecta a la salud mental, física o a ambos. Tu entorno te está diciendo que bebes demasiado. Lo aceptas pero, aun así te compensa porque buscas la euforia o la desinhibición. No llegas a tener temblores y además tienes cierto control sobre el impulso de beber. Pero empiezas a tener cuadros de ansiedad, estados depresivos, cambios bruscos de humor e insomnio. Esto se debe a la tolerancia. Es lo contrario a la sensibilidad. Ahora tienes que consumir más cantidad para sentir los mismos efectos. También, puede ser que estés buscando olvidar. Si el motivo es esta última opción, vas muy equivocado. Hay mejores terapias y menos perjudiciales.

– Dependencia, adicción: haces lo que sea por consumir. No hay placer en beber, sino, necesidad. Lo haces para frenar la abstinencia. Te tiemblan las manos, el cuello, vomitas y bebes para calmarte y funcionar. Para volver a ser el de antes.

Esta persona con el tiempo se queda sola. Su familia ha quedado destruida. Entre la depresión y la ansiedad sufridas al ver que no se deja ayudar. Lo han intentado de todas las formas posibles pero, si el adicto no reconoce su problema y decide poner remedio, no hay nada que hacer por él. Además, la persona adicta es policonsumista. Es decir, tiene varias adicciones. Tabaco, medicamentos psicotrópicos, cocaína, cannabis, heroína, etc. Es capaz de salir de casa el jueves por la noche y no volver hasta el lunes por la tarde. Con el tiempo se ha vuelto mentirosa y se inventará cualquier excusa para justificar su desaparición.

¿Pero por qué causa efectos de euforia, relajación y sueño? Esto sucede porque es química y afecta a la biología de nuestro organismo. Es un depresor del sistema nervioso central (SNC). Igual que los barbitúricos y la benzodiacepinas (ansiolíticos, calmantes, somníferos). Su función es proporcionar bienestar. En dosis bajas o moderadas, segrega serotonina. La causante de la euforia y la tranquilidad. En dosis elevadas, segrega dopamina. La causante de la actividad y de motivarnos a actuar. Luego, en dosis más elevadas, segrega el GABA. Es el causante de la relajación y del sueño. Vendría a ser el ejemplo del denominado borracho de bar. El que se queda dormido apoyado en la barra. Debido a estos efectos tan parecidos a los medicamentos psicotrópicos, muchas personas usan el alcohol para conseguir estos mismos efectos. Le cambia su función. Usan el alcohol, para olvidar, relajarse o estar contentos. Cuando se consume por su sabor o por compartir un momento entre amigos, es casi imposible entrar en el alcoholismo. El problema surge cuando se hace por los otros motivos, porque no podrás parar de consumir. Nunca estarás satisfecho porque te harás tolerante al alcohol. Si antes con tres cervezas o tres copas de whisky ya encontrabas el punto de relajación, ahora tienes que beber seis o más.

 

Por: Omar el Bachiri

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Trabajo, entonces existo. Cuando el trabajo se vuelve mi única identidad, cuando soy lo que hago laboralmente. Estoy traspasando la línea entre el modo de subsistir y el modo de percibirme como persona. Mi trabajo es lo más importante de mi jornada diaria, lo antepongo ante cualquier momento de ocio u obligación.

Hay que diferenciar entre un momento puntual y un modo de vida. No es lo mismo hacer horas extras con el objetivo de ahorrar para conseguir algo en concreto, que trabajar para evadirse. Cuando se ha normalizado la segunda situación, empieza la adicción y es como cualquier otra. Te acabará aislando. Te arrebatará la familia y las amistades. Decir que no es fácil salir de esta adicción porque la persona quiere reducir el ritmo y no puede, quiere hacer menos horas y tampoco puede. Cada vez que lo intenta tiene el sentimiento de culpabilidad, ansiedad o de incompetencia. Se ha convertido en una necesidad. Tiene que rendir más que nadie y ser la mejor. Es comprensible porque ha fusionado el trabajo con su personalidad. Se ha convertido en superman/woman, pero sin los poderes. Cara a los demás es un ejemplo a seguir. Menos para su familia y amigos, que no paran de recordarle que dedica mucho tiempo al trabajo y los está descuidando.

A esto se le añaden los cambios de humor y problemas de salud. Como no puede dormir correctamente, se irrita fácilmente. Para compensarlo abusa de los ansiolíticos y los antidepresivos y en ocasiones, de drogas psicoestimulantes (tabaco, café, alcohol, cocaína, anfetaminas, etc.) Para poder aguantar las jornadas maratonianas. Agravando todavía más su salud. El alcohol es un tema particular, porque lo usa más bien para relajarse. Se convierte en una vía de escape. Su pensamiento es: “como dedico muchas horas al trabajo, soy mejor persona que los demás”. Con esta definición ya habrás visto que la persona adicta al trabajo tiene un problema de autoestima o quiere suplir una carencia emocional. No se encuentra a gusto consigo misma y quiere demostrar al mundo que es capaz de hacer bien su trabajo. Está confundiendo trabajar muchas horas, con trabajar bien. Está obviando que el buen trabajador es la persona que hace el mayor trabajo en el menor tiempo posible. De esta forma hay más beneficios. Tanto para él como para la empresa. Él dispondrá de más tiempo libre y la empresa ganará más dinero. Es el matrimonio perfecto.

Esta persona trabaja eufóricamente porque tiene miedo. Es una forma de no expresarlo y al mismo tiempo, de no pensar en él. Le sirve de máscara porque esta adicción tiene una peculiaridad que las demás no tienen y es que socialmente, está bien vista. Cuando se dice que alguien trabajo mucho y duro, se asocia con alguien valiente y decidido. En ningún momento se cuestiona. Simplemente se acepta como algo digno de admirar.

No es miedo a la muerte ni a ningún peligro real. Es miedo a enfrentarse a sí misma. A su vacío interior. En su mente sólo existe la palabra trabajar. Si no lo hace, tiene la sensación de estar perdiendo el tiempo, además de sentirse inútil y que no vale para nada. Es curioso porque muchas veces su intención es avanzar trabajo, para después tener tiempo libre pero, se choca de frente con la realidad. No tiene vida fuera del trabajo. Se ha quedado sin círculo social. Sólo tiene a los compañeros de trabajo. Durante la jornada laboral se siente pleno, disfruta de lo que hace y socializa con los demás. Se ríe y disfruta de buenos momentos pero cuando llega la hora de irse y todos abandonan su puesto, ella se queda pero, la sensación de placer se transforma en angustia y desesperación. Ya no disfruta porque trabaja contrarreloj. Quiere acabar algo en concreto y en cuanto lo hace, le surge otro nuevo y así sucesivamente.

Es la primera en llegar y la última en irse. Le gusta la sensación de poder y de control. Cree que controla el tiempo y que tiene poder sobre su entorno social. También se siente indispensable pero, lamentablemente nadie lo es, ya seas empleado o autónomo. Si te mueres ahora mismo, en menos de una hora ya habrá alguien ocupando tu puesto. Vivimos en una sociedad de consumo y la máquina no se detendrá ni por ti, ni por nadie. Con lo cual, empieza a analizar qué buscas de tu trabajo y qué te aporta. Seguramente lo que buscabas al principio ya no es lo mismo que buscas ahora. Antes buscabas ganar más dinero y ahora que ya lo tienes, sólo buscas calmar la ansiedad o aumentar tu ego. El trabajo se ha convertido en tu ocio, tu pasatiempo y eso es un grave error. Tomas las decisiones en base a él. Tu personalidad se ha modificado y tu forma de relacionarte con los demás depende de cómo te vaya en la jornada laboral. Van pasando los meses, años y paralelamente vas envejeciendo. Cuando te quieres dar cuenta, llega la hora de jubilarte o la empresa te ha despedido. El efecto es el mismo. Te has muerto anímicamente. Te han arrebatado tu motivación, tu motor. ¿Ahora qué harás con tu vida?

Si quieres salir de esta adicción o no entrar, busca alguna actividad que te guste y practícala. Empieza por asignarte un horario y si no puedes, marca un máximo de horas semanales. No tiene sentido que quieras hacer más horas para un determinado trabajo, porque nunca serán suficientes.

Un objetivo a conseguir podría ser, aprovechar los días festivos para salir de tu lugar de residencia e ir a conocer nuevos lugares. Esto es importante a tener en cuenta porque, para dejar una adicción hay que adquirir un nuevo hábito. Se sustituye por otro más saludable. Si analizas tu conducta verás que el problema real es que no sabes gestionar el tiempo libre. Es maravilloso tener momentos para no hacer nada, pero cuando no se sabe qué hacer con ellos, es un gran problema.

Por: Omar el Bachiri

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Significado de dependencia emocional: dependo de ti, eres mi amo y señor. Sin ti, no soy nadie. No me abandones. La otra persona te ha manipulado de tal forma que ha conseguido que seas su juguete y estés a sus órdenes. Ni te va a agredir físicamente ni te va a faltar al respeto. Sólo con su presencia o ausencia, tú mismo irás hacia ella o la echarás de menos. Para evitar la dependencia emocional hay que empezar por darse valor a uno mismo. Por respetarse y no permitir que los demás crucen la línea roja. La de tus derechos y valores.

Cuando una persona conoce su valor, no permite que nadie la infravalore. Si conoces el precio del oro, no venderás por menos. Esta dependencia es mucho peor que la económica porque te sientes incapaz de hacer nada sin su consentimiento. La económica es objetiva, la ves y la sientes, sin embargo, esta no la ves venir hasta que ya es demasiado tarde y te ha absorbido por completo. A esta situación llegas por manipulación social (padres, pareja, hijos, amigos, jefe, etc.) No te haces dependiente de la noche a la mañana, esto lleva un cierto tiempo. Es un proceso continuo. Empiezas dejando de lado tus necesidades para satisfacer las de los demás. Puede suceder por dos motivos, que la otra persona sea una manipuladora y desde el principio tenía la idea de menospreciarte hasta conseguir obtener el poder sobre ti o porque tienes baja autoestima y no sabes moverte por la vida sin la aprobación de los demás.

Este artículo lo voy a centra en la persona manipuladora porque ya en otro anterior, hablé sobre la baja autoestima y la forma que tiene de condicionarnos. Para no caer en la dependencia emocional, debes priorizar tu bienestar. Si en alguna situación estás incómodo o sientes que te haces pequeño, aléjate. No permitas que vaya a más. Esto se denomina tiempo fuera y es el tiempo necesario para recapacitar sobre la situación y ver cómo la enfrentas. Así es como empiezan las asociaciones erróneas y acabas pensando que eres incompetente.

Te dejo unas respuestas para contestar mientras piensas qué hacer: – Más tarde lo vemos – Buena idea, luego te lo confirmo – Me parece bien pero hoy o ahora estoy ocupado/a. – Ahora es muy pronto o muy tarde – etc. No estamos dando una respuesta concreta.

Seguramente conocerás a alguien manipulador. Es el que tira la piedra y esconde la mano, te incita a actuar. Luego, si la cosa sale mal, el culpable serás tú. Sin embargo, si sale bien, te recordará que te dio la idea. Es un depredador emocional. Usa la manipulación para beneficio propio. Si hace falta, te destruirá. Buscará tu vulnerabilidad y debilidad para saber cómo entrarte y una vez te tenga en sus garras, te hundirá mentalmente. Lo hará de forma sutil, fingiendo que le importas. Esta persona no tiene un perfil concreto.  Lo importante es reconocerla para no caer en sus garras. Su modo de actuar siempre es el mismo. Sea quien sea. Primero te desestabilizará emocionalmente. Unas veces te hará reír y otras te provocará miedo, tristeza o indiferencia. De esta forma nunca sabrás cómo se comportará y abandonarás cualquier forma de defensa. Te inculcará el sentimiento de culpabilidad. Te sentirás mal por sus desgracias y por tu buena suerte. Vas a empezar a tener un dialogo interno negativo hacia ti mismo (no sirvo para nada, soy torpe, inútil y me merezco todo lo malo que me está pasando). Luego, una vez te tenga dominado y le pertenezcas, hará contigo lo que quiera y cuando se canse, se deshará de ti. Dirá que eres un/una inútil y que por tu incompetencia te deja y si es tu superior, te despedirá. No te lo esperarás, vendrá de golpe y como ya serás dependiente de él, le suplicarás que no se vaya o si es tu superior, estarás dispuesto a cobrar menos por hacer el mismo trabajo. Como pareja, progenitor, hijo o amigo, creerás que has fallado en tu comportamiento y te harás sumiso a ellos.

Les dedicarás todo tu tiempo y atención. Con los años tu autoestima estará tan hundida que necesitarás de su aprobación para decidir qué hacer, cómo, cuándo y dónde. Tus hijos van a dirigir tu agenda semanal, tu pareja antepondrá sus necesidades a las tuyas, tus amistades sólo te llamarán cuando necesiten algo de ti y tu superior te humillará para que pienses que no sabes hacer tu trabajo y así no quieras irte a la competencia o que no le pidas un aumento salarial. Como ves, la manipulación puede venir por cualquier sitio. De ahí la importancia de darte el justo valor. Tienes que saber cuánto vales y no permitir que nadie rebaje tu precio. Nuestros valores sociales son nuestro pilar para tener y disfrutar del bienestar. Cuando los demás perciben tu esencia y tu forma de enfocar los sucesos de la vida, es cuando se plantean respetarte o no.

Si a tus hijos, desde que son pequeños les enseñas que cuando dices no, es no. Dejarán de insistir. Si en las primeras semanas de relación con tu pareja, dejas claras tus intenciones y tu postura, raramente te podrá manipular. De igual forma en el trabajo, ya sea con los compañeros o el superior. Si dejas claro que vas a trabajar y no a hacer amigos y menos aún, a escuchar sus penas, tampoco pensarán en manipularte. Pocas veces se manipula a una persona fría, se suele manipular a alguien sentimental. Que se deja llevar por las emociones y no por el razonamiento.

Así que, antes de actuar piensa, – ¿Estoy haciendo esto por placer o por complacer a alguien? – Si no cumplo lo que he dicho, – ¿me sentiré mal porque me he defraudado a mí mismo o a los demás? –

 

Por: Omar el Bachiri

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Si no tuvieras variedad de alimentos pero, sabes que hay un organismo oficial encargado de controlar la calidad de la comida, ¿te la comerías? Si tu respuesta es afirmativa, quiero que sepas que hay un departamento del gobierno que se dedica a esto. A controlar el estado de la alimentación.

¿Qué es la ortorexia? Pertenece al grupo de los trastornos de la conducta alimentaria, igual que la anorexia y la bulimia pero, se diferencia en que la obsesión no es la cantidad, sino, la calidad de los alimentos. Afecta al 25% de la población en los países desarrollados. Este dato es bueno conocerlo porque nos está diciendo que cuando no tienes donde elegir o no tienes suficiente comida, lo realmente importante es nutrirte. Estas personas centran su bienestar exclusivamente en la alimentación. Piensan que la salud es sinónimo básicamente de alimentación, sin tener en cuenta otros factores como el deporte, jugar o socializar con los demás. Estos tres factores sí que son sinónimos de bienestar y felicidad.

Hay personas que ven al diablo en la carne o el pescado y ven la gloria en las verduras y frutas o viceversa, también hay personas que glorifican la carne y basan su dieta en ella. Se denomina dieta paleolítica. El ser humano es omnívoro y esto significa alimentarse de animales y vegetales. De buscar un equilibrio en la variedad. De conseguir ciertas proteínas, minerales y vitaminas. Tenemos una dentadura que nos permite morder, arrancar y triturar y un paladar que se encarga de las preferencias de los alimentos. Las personas obsesivas dejan el paladar de lado y se centran en los nutrientes que contiene el alimento pero sobre todo su origen. Si es orgánico. En el caso de las ortoréxicas, van más allá. Van en busca de la pureza sin tener en cuenta que ya la tierra en sí no es pura, pues en ella conviven gusanos, bacterias, microbios y animales que dejan sus excrementos como abono.

Comer sano es la mejor opción para alejarse de las enfermedades pero, las personas que sufren este trastorno perciben la palabra alimentación sana diferente a como lo hacen los especialistas de la alimentación. Lo interpretan a su manera. Obtienen la información de revistas, libros e internet. Es un tipo de hipocondría, donde la persona está convencida de que está enferma o enfermará si come esto o aquello. Sin ninguna base científica. Es como cualquier otra adicción. En este caso, o comen sano o se ponen ansiosos. Están obedeciendo ciegamente los intereses de alguien o alguna empresa dedicada a este tipo de alimentación.

Generalmente se suelen obsesionar en algún aspecto en concreto de la alimentación. Los aditivos, los pesticidas, el tipo de alimentos, pescado, carne y derivados o agua no embotellada. Es algo contradictorio porque defienden que esta alimentación les desintoxica el organismo, pero sin embargo muchas de ellas fuman, beben alcohol, consumen bebidas azucaradas, etc. Lo peor de todo, es que la mayoría no practican deporte. Lo que al principio es un cuidado de la salud, se convierte en una obsesión por la calidad de la alimentación.

Se hacen vegetarianos o veganos y acaban por borrar de su vocabulario la palabra animal. Muchas veces se pasan a los alimentos en polvo, pensando que son más sanos que los tradicionales. Como en todos los trastornos, siempre hay un problema emocional detrás. Algún trauma, miedo o asociación errónea de bienestar. Esta forma de alimentarse condiciona su relación con los demás. Se aíslan de su entorno social y familiar. Están condicionados por la alimentación, cuando van de viaje dedican mucho tiempo en buscar lugares para comer. Si en alguna ocasión las invitan a comer fuera de casa, se preocupan tanto por la calidad de la comida que van a ingerir, que estarán unos días comiendo menos cantidad para compensar. Puede ser anterior o posterior al día en concreto. Con el paso del tiempo dejan de salir con los demás, para evitar estas situaciones.

Respeto a la familia, dejan de comer con ellos. Lo hacen antes, después o come aisladamente. Esta conducta potencia la adquisición de un TOC, trastorno obsesivo compulsivo. En este caso, el de comprobación. Comprobar que el alimento sea verdaderamente orgánico y no haya sufrido ninguna manipulación posterior. Dedican mucho tiempo en pensar en la comida de la toda la semana. Tienen que acudir a centros específicos para comprarla. Con el coste económico que ello comporta porque curiosamente, es más cara que la tradicional. Este repertorio de comportamientos lleva a ser perfeccionista. Ser menos flexibles con la alimentación.

Con el tiempo surge la frustración y esto mismo lleva a la baja autoestima. Creen que cambiando radicalmente la forma de alimentarse van a tener una mejor percepción de sí misma. Cuando en realidad, lo que están haciendo es empeorarlo porque el cambio no llega nunca. Puede que bajen de peso, pero su problema no radica ahí. Está en su forma de pensar y esto mismo produce que juzguen a todo aquel que no siga su estilo de vida. Aunque su objetivo no sea bajar de peso, por lógica, si se eliminan ciertos productos grasos o energéticos, la tendencia es perder de peso.

Generalmente este modo de alimentación tiene efecto rebote. En cuanto la persona abandona esta dieta, recupera el peso perdido y algunos quilos de más. No ha aprendido a comer, simplemente ha cambiado de alimentos pero no se ha informado de qué es una proteína, un carbohidrato, la grasa y sus funciones en el organismo.

Si quieres estar sano practica deporte un mínimo de 4 veces por semana y acude a un especialista de la alimentación para que te explique qué debes consumir y cómo afecta a nuestro organismo. Ten presente que estamos hechos de carne y hueso y por lo mismo, enfermamos. Por mucho que te cuides, caerás enfermo en alguna ocasión. Aceptando esta verdad, evitarás la ansiedad por la alimentación.

Por: Omar el Bachiri

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En una relación sentimental, cada año hay que replantearse los objetivos marcados y asegurarse de que su cumplen. Es como un contrato laboral. Si una de las dos partes no cumple lo pactado, se rompe. La vida es evolución y hay que adaptarse a los cambios. Con cada experiencia vamos aprendiendo y adquiriendo nuevas formas de pensar y comportamientos. Quizás lo que ayer me gustaba, hoy ya no me gusta. El problema no eres ni tú, ni yo. Es nuestra forma de entender la vida y enfrentarnos a ella. Cuando empezamos una relación tenemos ciertas expectativas sobre ella pero, nadie nos asegura su evolución y menos aún su duración. Así que mientras estemos juntos, lo voy a disfrutar al máximo. Las preguntas que me hice para decidir si seguía con la relación o no, fueron. ¿Qué me aporta?

1) Amor

2) Cariño

3) Estabilidad económica y/o emocional.

Cuando vi que ya no me aportaba ninguna de las tres respuestas, decidí dar el paso y separarme. Durante bastante tiempo me aportó bienestar y seguridad emocional pero empezó a cambiar y descuidó nuestra relación. Éramos más amigos que pareja sentimental. No fue fácil tomar la decisión pero, no podía permitir que mi vida siguiera por ese rumbo. A nivel económico sufrimos los dos. Ambos miembros de la pareja nos hemos empobrecido porque ha sido un divorcio movido por el rencor y el odio. Han sido 3 años de abogados y litigios. Ahora, a nivel emocional ha sido un gran alivio. La separación me ha devuelto las ganas de vivir y de hacer cosas.

Actualmente tengo 43 años y dos hijos. Una niña de 10 años y un niño de 8. No voy a entrar en detalles de mi separación porque todos tenemos algo parecido pero nos afecta de modo diferente. Me separé con 40 años y puedo decir que estoy viviendo realmente como lo deseo. Con la cabeza tranquila y sin angustias. Vuelvo a dormir toda la noche de un tirón. Tengo mi independencia emocional asegurada. La económica ya es un tema más difícil porque dependo de las ayudas del estado, para los gastos escolares y las actividades de ocio de los críos. Sin embargo, no puedo contar con la pensión de mi ex-pareja porque es irregular. La paga cuando le apetece. La verdad es que no me preocupa mucho porque trabajo duro para sacar a mi familia adelante. Es lo realmente importante, que a mis hijos no les falta de nada. Tienen la comida y las actividades extraescolares aseguradas. Un crio no puede quedarse encerrado en casa, tiene que jugar y practicar deporte a diario. Después de la escuela, es saludable que tenga una rutina aeróbica.

Siendo padre o madre soltero/a,  es más difícil educar a los hijos porque tengo que hacer el rol de ambos. Ser el poli bueno y el malo al mismo tiempo pero, disfruto muchísimo. Estos críos se las saben todas. Intentan manipularme con caras tristes o alegres para conseguir sus objetivos. Es verdad que he dejado mi vida personal de lado. Me dedico exclusivamente a ellos pero, no descuido mi imagen. Me he hecho socio/a de la biblioteca del pueblo y leo dos libros al mes. Un hábito que había perdido y he vuelto a recuperar. Tenía dos opciones, seguir con la rutina adquirida estando en pareja o volver a la que tenía cuando era soltero/a. Es una forma de evasión, económica y al mismo tiempo me permite viajar alrededor del mundo. Me adentro en los personajes y sus historias. Son libros de cultura general y aprendo mucho con ellos. Son de aventuras, viajes, historia, geografía, política, de todo un poco. Estoy mejorando mis conocimientos sobre muchos sucesos históricos. El motivo de las dos guerras mundiales, algo sobre la prehistoria, la primera revolución industrial, los países de cada continente y sus respectivas capitales, etc. También veo videos tutoriales de matemáticas y biología.

Gracias a invertir el poco tiempo libre que me queda en adquirir cultura, puedo ayudar a mis hijos con sus deberes escolares. Cada vez que tengo un momento libre, nos dedicamos a jugar al trivial o al ajedrez. No vemos la televisión, eso ya lo hacen cuando están con el otro progenitor. Con el juego se aprenden y potencian los valores sociales. También se adquiere capacidad para gestionar la frustración. Te das cuenta de que no siempre puedes ganar y que muchas veces las cosas no salen como quieres. Aprendes a adaptarte y esto hace que mis hijos lleven mejor la separación. Entienden que no es culpa de ellos. Si no, de las circunstancias de la vida en pareja. Una cosa es ser la pareja y la otra es ser el hijo/a. El día que tenga pareja de nuevo, mis hijos no se sentirán desplazados de lugar, ni se pondrán celosos porque entienden la diferencia. Yo soy su padre o madre y ellos son mis hijos. La otra persona será mi pareja. Nada que ver, no hay rivalidad posible.

Me he unido a un grupo de padres y madres separados. Un día a la semana nos juntamos para cenar. Todos traemos algo de comer y hacemos un pica-pica. La mayoría tenemos la custodia compartida y los 15 días que no tenemos a los hijos, se hacen largos. Es una forma de distracción social porque nos relacionamos y hablamos de cómo llevamos la situación y además, es muy económica. Cada uno aporta lo que puede. Nos divertimos mucho. Siempre había oído que la separación era un fracaso y que la persona que se separaba era una cobarde. Ahora que he pasado por ello y he conocido a más personas en la misma situación, puedo afirmar que es todo lo contrario. La persona que decide dejar una relación que le está perjudicando, es una persona inteligente y decidida. Prefiere tomar el riesgo de probar otra forma de vida antes que seguir en una relación confortable pero perjudicial mentalmente. Mi separación me ha devuelto la vida. Vuelvo a tener las riendas y yo decido el tumbo.

Por: Omar el Bachiri

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Te quiero y por eso juntaremos las cuentas bancarias.

Hay gente que se empeña en mezclar el dinero con el amor. Cuando en realidad no tienen nada que ver. El amor se puede demostrar con lo que se consigue con el dinero. Bienestar, salud y seguridad económica. Es decir, con su función instrumental pero no por el hecho de juntar las cuentas bancarias.Tu pareja no te va a querer más. Antes de dar este paso hay que ser conscientes del significado del dinero para cada uno. Conocer sus miedos e ilusiones.

-¿Qué significa juntar las cuantas bancarias? –

¿Que puedo gastar mi dinero y también el tuyo y tú puedes hacer igual?  Entonces es una competición, a ver quién gasta más de los dos. Cuando nos hagamos un regalo, ¿tiene que ser del mismo valor económico?  Si tú me regalas un reloj valorado en 1.000€, ¿Mi regalo también tiene que ser del mismo valor ? Pero claro, si sale de la misma cuenta, ya no es un regalo. Es un gasto más, solo que llamado regalo. ¿O por el contrario,  significa que yo puedo gastar lo que quiera pero, tú no?  Lo que vendría a ser, lo tuyo es nuestro y lo mío es mío. Si estás dispuesto a perder tu libertad financiera y/o tu dinero y que te controle los gastos mensuales, junta las cuentas bancarias. Digo perder tu dinero porque, si quiere puede vaciar la cuenta e irse a otra ciudad o país y dejarte sin nada. Si aún así las vas a juntar, asegúrate de que no tenga deudas. No se deberían pagar las deudas del otro. Esto siempre trae recuerdos del pasado.

Tu pareja ha tenido una vida antes de estar contigo y adquirió deudas, pues que las pague. Igual que las disfrutó, también las puede liquidar. No eres ni un banco ni el gobierno. Eres su pareja y por eso, el amor se puede acabar y entonces llega el rencor y el odio. En una pareja sólo se discute por dos motivos. Por la falta de amor y por la falta de dinero.

Anulando el dinero ya tenemos media batalla ganada. Para no discutir sobre este tema, la mejor solución es no juntar las cuentas bancarias. Si hay escasez económica, el problema será de uno de los dos pero, no de la pareja. Aparte de esto, nunca oirás la típica frase  -“Es que gastas demasiado y en cosas innecesarias” – Además, teniendo las cuentas separadas, cualquier detalle económico es un regalo (un café, una pizza, una joya, un viaje, etc.)

– ¿Entonces, es un beneficio o un problema juntar las cuentas bancarias? –

Es un tema muy curioso porque cada uno tenemos nuestra propia fuente de ingresos. Ya sea un negocio, una inversión bancaria, inmobiliaria, una nómina, etc. Sin embargo, hay personas que una vez establecen una relación amorosa juntan los ingresos. Sin tener en cuenta qué significa para cada uno el dinero. Su función. Para qué lo quieren. Compartir el dinero no significa que sea de los dos. Es tuyo o mío y ambos lo disfrutamos.

Hay personas que lo quieren para invertir y que se multiplique. Para no tener  que trabajar para él, sino, con él. Crear nuevas fuentes de ingresos. Otras, prefieren ahorrar para poder hacer frente a cualquier gasto imprevisto y no verse limitadas en su rutina diaria o no tener que cambiar los planes a última hora. Es decir, vivir tranquilas.

Luego están las personas que el dinero les quema en las manos. Sólo piensan en gastar. Es recibir el dinero y gastarlo. En menos de 10 días ya no les queda nada. Y para acabar, están las personas que viven a crédito. Tienen hipotecas y préstamos varios. Prefieren la satisfacción inmediata a tener que postergarla unos meses o años. Van a una entidad financiera y piden un préstamo. Capricho satisfecho al instante.

Es importante conocer estas diferencias sobre la gestión del dinero porque si tu pareja no coincide contigo, sólo te esperan discusiones o la separación. Ten presente que el problema no es la pareja, sino, su gestión del dinero. ¿Qué hacéis con él? Si ambos sois iguales, se pueden juntar sin miedo a los conflictos. No habrán.

Pero vamos al caso contrario, que uno de los dos tenga miedo excesivo a quedarse sin dinero y pasar hambre, porque ha tenido una infancia traumática. Sin embargo, el otro viene de una familia derrochadora y que solo piensa en gastar. Le han enseñado que el dinero está para esto. Para disfrutarlo al máximo, sin pensar en el mañana y cuando ya no queda, se deja de pagar el alquiler y las obligaciones o se pide un préstamo para hacer frente a los próximos tres meses. Entrando en un bucle sin salida. Es lo que viene a ser el crédito revolving.

Seguramente en alguna ocasión has pensado en adquirir una hipoteca o pedir un préstamo para comprar un vehículo. Está muy bien pero que no lo hagas a medias. Si en el futuro te separas, es tu ruina financiera. A partir de aquí, tendrás que pagar por tu vivienda de alquiler, la mitad de la hipoteca y la mitad del préstamo por el vehículo. Pero esto tiene una explicación lógica. Según los economistas y los bancos, tu hipoteca no puede superar el 30% de tus ingresos. Si juntas las cuentas estás sesgando la información porque ya tendría que ser el 60%. Digamos que no haces caso a esta información y te hipotecas a medias. Cada uno tenéis unos ingresos de 1.400 € mensuales. Vienen siendo 2.800€. La cuota de la hipoteca real no podría superar el 30% de 1.400€, que son 420€. Pero como lo hacéis por 2.800 te hipotecas por 840€. Aquí está la explicación. Cuando te separas, tus ingresos reales son de 1.400€ y con esta cantidad, no puedes hacer frente a tantos gastos.

Viendo este panorama, piensa bien si te compensa juntar tu cuenta bancaria con la de tu pareja.

Por: Omar el Bachiri

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Primero explicaré qué significa ser pobre en una sociedad capitalista y consumista. Es cuando tus ingresos no llegan al salario mínimo. Es la cantidad necesaria para sobrevivir. Tener el bienestar cubierto. La fija el estado, de esta forma se asegura que en el país no haya mendigos ni gente pasando hambre. Trabajando 40 horas semanales, nadie puede percibir un sueldo inferior a este. Decir que hay países donde no existe. Este hecho conduce a la esclavitud del trabajador porque no tiene asegurado el mínimo de ingresos para subsistir. Para este artículo lo voy a fijar en 1.000€.

La clase obrera es la que gana entre 1.000 y 2.000€. Esta persona, ya gana para vivir y darse algunos caprichos y aún así le queda dinero a final de mes, por si quiere ahorrar. Después viene la clase social acomodada. Es la persona que gana entre los 2.001 y los 5.000€. Se puede dividir en tres grupos. La clase baja, media y alta. Si ganas entre los 2.001 y los 3.000 € eres de clase baja. Si estás entre los 3.001 y los 4.000 € eres de clase alta y si estás entre los 4.001 y los 5.000 € eres de clase alta. A partir de esta cantidad, ya se puede decir que eres rico.

Personalmente, no me siento cómodo dependiendo de otros para mantener mi bienestar, por eso siempre he ahorrado. Soy precavido y prefiero asegurármelo. La semana pasada cumplí 65 años y mañana me jubilo. A partir de ahora mis ingresos van a verse reducidos. Voy a pasar de cobrar 1.500€ a recibir 800€. De la noche a la mañana bajo de escalón social. Por suerte, tengo mis ahorros, pero mi compañero de trabajo, no. Con lo cual, no puede jubilarse. Ha llegado a un acuerdo con la empresa y seguirá trabajando hasta que no le queden fuerzas o se muera.

El problema de ganar el salario mínimo es que no alcanza para el ocio y sin él, aparecen los trastornos mentales como la depresión y la ansiedad. «Mens sana in corpore sano»  Además, tampoco alcanza para hacer frente a ningún gasto imprevisto. Más ansiedad para el cuerpo.

Gracias a mi actitud, esta pérdida de poder adquisitivo no me supone un gran cambio. Desde que tengo 19 años, he ahorrado el 20% de mis ingresos anuales. Es decir, un 80% para saborear del presente y un 20% para disfrutar el futuro. Mi lema era, si no ahorras durante tu etapa trabajadora, no podrás disfrutar de tu etapa de jubilación. No ha sido fácil porque mucha gente me ha intentado desmotivar. Curiosamente, gente arruinada o endeudada. Siempre he sido consciente de que no hay que depender del 100% del estado, ni de nadie (familia). He luchado por mi libertad financiera y por fin la tengo. A mis 65 años puedo decir que con la pensión del estado me alcanza para el alquiler. Y, con lo que tengo en el banco, me alcanza para la comida, el ocio y hacer frente a cualquier imprevisto. Tengo mi bienestar asegurado.

Empecé a trabajar con 18 años, en una panadería y ganaba el sueldo base, pero es una cantidad que no da para nada. Decidí no quedarme así, me esforcé en mejorar y aprendí el oficio. En menos de un año ya superaba el sueldo mínimo y empecé a ahorrar. Mis padres me enseñaron cómo hacerlo. Ahorrar antes de gastar y a partir de aquí nos adaptamos con lo que nos queda. Porque más ganamos, más gastamos. Una vivienda más cara, un vehículo más caro, ropa más cara, etc. Si en nuestra mente no está la palabra ahorrar, será misión imposible hacerlo. Además, si con 1.500€ se vive justo, con 800€ es imposible. Es un hecho a tener en cuenta y que muchas personas no se paran a pensar.

No puedes ganar durante tu vida laboral el sueldo mínimo o un poco más. En cuanto interiorizas la palabra ahorrar, te vuelves una persona proactiva y decides tomar las riendas de tu vida. No la dejas al azar ni en manos de los demás. Sabes que una gran parte depende de tu esfuerzo y esto te motiva a luchar por tus objetivos. Te das cuenta que el dinero es emocional. Cuando tomamos una decisión relacionada con él, nos dejamos llevar por las emociones. Tenemos miedo o nos ponemos contentos. Hace 15 años ya anunciaban en los medios de comunicación que las pensiones de jubilación peligraban e iban a sufrir recortes.

Mi compañero en vez de ser previsor y ahorrar, pidió un préstamo de 20.000€ para comprarse un coche y otros 5.000 € para cambiar los muebles de su casa. Ambos préstamos los financió a 5 años. A un interés de un 9%. Cualquiera que sepa un poco de números verá que es demasiado pero, cuando no tienes mente de ahorrador, no te fijas en la cantidad de dinero que se pierde con los intereses bancarios. Su mujer es la secretaria de la panadería y tampoco podrá jubilarse. A ella le queda una pensión de 500 €. Luego está mi vecino del tercero. Este también es ahorrador pero lo ha hecho de otra forma. Hace 25 años se metió en una hipoteca y ahora es  propietario de su vivienda. Se jubila el año que viene y también le quedará una pensión de 800 €. Pero al no tener que pagar un alquiler, le alcanzará para vivir sin preocupaciones y disfrutar de su jubilación.

La finalidad de este artículo es que seas consciente de que con la pensión del estado, sólo podrás pagar la comida o la vivienda pero no ambos. Ahorra o adquiere una hipoteca pero no vivas al día y si lo haces, atente a las consecuencias. Cuando te hipotecas, estás invirtiendo y tu mente se convierte en ahorradora. Serás previsor y pondrás cada mes algo de lado, para pagar la comunidad y hacer frente a cualquier gasto imprevisto. Además, si ahorras durante toda tu vida laboral, tendrás la opción de vivir de los intereses bancarios generados o comprar una vivienda al contado y no tener que pagar un alquiler. Otra opción es vender la vivienda y con el dinero que ganes irte de alquiler. Ahorrar sólo tiene ventajas.

Por: Omar El Bachiri
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