¿Qué es el éxito?

¿Qué es el éxito?

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El éxito es subjetivo, es conseguir los objetivos que me marco y ser consciente de ello. Porque muchas veces lo alcanzamos y no nos damos cuenta. Yo lo defino como ir consiguiendo los objetivos y saborearlos. Es decir, no menospreciarlos, en su momento fueron una fuente de alegría y motivación. Ahora, esto sólo será posible si le damos un valor emocional al tiempo que le dedicamos para alcanzarlo.

Me explico: cuando alcanzas una meta sin esfuerzo, no la valoras tanto, sin embargo, si te ha costado un esfuerzo, le das un valor añadido. Las horas sin dormir, la angustia, los nervios, etc.) Esta forma de pensar e interpretar la vida, viene condicionada por tu forma de ser. Si eres perfeccionista o ambicioso. Porque depende de cómo seas te ofrecerá estrés, ansiedad y depresión o por el contrario, te ofrecerá alegría y tranquilidad. El éxito es un arma de doble filo. Te proporcionará tranquilidad por haber conseguido lo que querías o ansiedad, porque podría haber sido mejor.

La perfección: me lleva a la baja autoestima porque veo que no consigo lo que me propongo o por lo menos, como yo quisiera que fuera. Esto me lleva a la frustración y pierdo autoconfianza. En consecuencia me vuelvo pesimista y abandono los objetivos. Con el paso del tiempo puedo caer en la medicación antidepresiva o el abuso de ansiolíticos. Para calmar mi ansiedad. Además, seguramente que adquiriré un TOC (trastorno obsesivo compulsivo). Lo voy a comprobar todo varias veces.

Ambicioso: Cuando me marco un reto, siempre me pregunto: ¿es realista y si no lo consigo, me voy a frustrar?

Lo que realmente importa, ya no es haber conseguido el objetivo marcado, sino, la persona en que nos hemos convertido durante el proceso. Adquieres cultura y otros conocimientos que antes desconocías. A lo mejor, no alcanzas aquello que te propusiste en un primer momento porque ahora tienes más conocimientos y otra forma de pensar. Quizás prefieras cambiar de idea e ir a por otra cosa. Pero mientras vas consiguiendo tus metas, las saboreas y nunca las menosprecias. No les restas valor. 

Frente al mismo problema interpretaremos la situación según nuestra forma de ser.

Si soy perfeccionista, me diré a mí mismo: tengo poca capacidad, no sé hacerlo y soy torpe. Con esta forma de pensar, te volverás rancio, amargado y estarás frustrado porque con todo el esfuerzo que has dedicado, nunca es lo suficiente bueno. Sin embargo, si soy ambicioso, me diré: tengo un problema con el objetivo. Exteriorizo el problema. No es mío. Pensaré: ¿Qué puedo hacer para encontrar una solución? Yo he hecho lo que debía. Convierto el fracaso en un reto.

Muchas veces no depende sólo de nosotros, vivimos en sociedad y eso quiere decir que hay más gente luchando por el mismo objetivo. Así que ojo, con no saborear el éxito y no darle su justo valor. El objetivo es tuyo y tú has marcado las pautas para conseguirlo. Es tu obra de arte, no la desprecies.

Aunque hayan pasado 30 años. Siendo ambicioso, esto nunca te pasará. Siempre estarás agradecido por lo que has conseguido. Te dejo un ejemplo para que entiendas mejor la frase «exteriorizar la culpa»

Ejemplo del carnet de coche: el examen era muy difícil pero sabía que si me esforzaba, tarde o temprano iba a aprobarlo. Porque eso sí que dependía de mí. Sin embargo, si durante el trayecto de mi casa al lugar del examen hay un accidente de tráfico y llego tarde y no puedo examinarme, ya no es culpa mía, porque no depende de mí. «Es externo a mi voluntad»

Otra diferencia entre ambos es que el perfeccionista, hasta que no lo tiene todo, no actúa. Sin embargo, el ambicioso, en cuanto tiene algo, ya se mueve.

Digamos que ambos tienen un jardín. El perfeccionista hasta que no lo tiene, no hace nada. sin embargo el ambicioso, ya ha comprado las herramientas y está pensando en cómo cortará el césped y cada cuándo regarlo.

Mucha gente piensa que el éxito es tener dinero, un buen trabajo, un cochazo. Pues bien, si para esa persona, ese es su significado y consigue acumular fortuna, hay que decir que sí, es exitosa. Como bien he dicho, el éxito es alcanzar tus objetivos.

Ahora bien, tu actitud es la que determinará el éxito. Por mucho dinero que tengas o vivas en un país rico o tengas una gran familia, si no tienes una buena actitud, no tienes nada que hacer.

– Definición de buena actitud: Tendencia a ver e interpretar lo que ocurre a nuestro alrededor de forma positiva o de una forma favorable. Se enfocan las situaciones como retos para afrontar y superar. 

– Esta actitud se divide en dos factores: la capacidad para gestionar la frustración y la constancia.

– Saber gestionar la frustración: influirá en mi autoconcepto: puede ser positivo o negativo. Es la opinión que tengo sobre mismo, cómo percibo mi forma de pensar, amar, sentir y de comportarme con los demás. Desempeña un rol importante en cómo enfrento las situaciones diarias. Me va a incitar a abandonar lo que empiezo o a seguir con ello.

– La constancia: influirá en la resiliencia. Esta es la capacidad que tenemos para recuperarnos después de una mala situación. La hemos superado y volvemos a estar como antes, si éramos una persona alegre, volvemos a ese mismo estado. No es ser inmune a los acontecimientos de la vida, como puede ser la muerte de un ser querido, una ruptura sentimental, una mala situación laboral, sino, que aceptas los reveses de la vida, no vas en contra de ellos. Lo que te ha pasado, te ha marcado pero no te condiciona.

Durante el camino al éxito habrán baches que superar y te dirás, paro aquí y lo dejo estar. Vas a empezar a buscar excusas para abandonar. Pero con una buena resiliencia, harás justo lo contrario. Buscarás motivos para seguir. Te preguntarás: ¿cómo me sentía cuando me propuse este reto? Me sentía bien, ¿verdad? Pues sigo hacia adelante. Además, sabía que no iba a ser fácil, entonces, ¿de qué me quejo? 

Para acabar, dejo un breve resumen de las diferencias entre ser perfeccionista y ser ambicioso: 

La persona perfeccionista: es una persona insegura, duda mucho de sí misma, de ahí que compruebe tantas veces lo que hace. Se marca unos retos demasiado altos y cuando no los alcanza, se juzga irrealmente. Se declina por los extremos. O esto es muy bueno o es muy malo. No tiene término medio. Para esta persona lo importante es llegar, de la forma que se propuso desde un principio. No es flexible. Sin embargo, la persona ambiciosa, nunca se juzga desde los extremos, se dirá: no está mal o podría ser mejor. Acepta la frustración y la usa como motor para superarse. Se marca retos realistas y sigue una ruta para alcanzarlos. Pero tiene la capacidad de amoldarse y de cambiar la ruta. Es flexible. Se dirá ¿por qué no pruebo esta forma de trabajar en vez de esta? Lo que importa es llegar, no cómo.

 

Omar el Bachiri Psicólogo y Escritor

 

 

 

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