La muerte, tu motivación para vivir.

La muerte, tu motivación para vivir.

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La muerte es ineludible, nos recuerda que estamos vivos. Es una carrera contracorriente, en contra de la vida. Si sabes que te vas a morir ¿por qué no haces lo que te hace feliz? Si es por el qué dirán, te recuerdo que en la tumba o en la incineradora estarás tú, no los demás. Nadie tiene el derecho a juzgarte. Sólo la ley tiene ese poder. Así que, cualquier conducta que esté dentro de sus límites, es legal. Cambiar de opinión las veces que quieras, ir con chanclas en invierno, pintarte el pelo de cualquier color, pasear bajo la lluvia sin paraguas, etc.

La muerte no entiende de clases sociales, de género sexual ni de edades. Viene y sin pedir permiso se lleva a quien quiere. Puedes ser tú, él, ella, yo o los cuatro. Por mucho dinero que tengamos, no vamos a poder comprar ni un segundo más de vida. Le da absolutamente igual que hayamos nacido ahora mismo como que tengamos cien años. Le pertenecemos. Durante un tiempo nos ha prestado a su hermana, la vida. El problema es que vivimos en una sociedad de consumo devastadora y sin escrúpulos. Nos quiere hacer creer que somos inmortales. Nos vende cremas para rejuvenecer, tintes para enmascarar las canas, cirugía estética e hipotecas a 40 años. Todo esto hace que muchas personas se olviden de que en la escuela estudiaron historia y como bien dice su nombre, significa pasado. Hoy estás, creas o dices algo y desapareces.

Pues todo este conjunto de creencias, hace que se la infravalore. Ella es la encargada de que disfrutes de tu vida. De vez en cuando te enferma para avisarte de que estás procrastinando demasiado tus objetivos. Te está recordando que en cuanto te recuperes, vayas a por ellos. Cuando te duele la cabeza, una muela, una rodilla, etc. Lo único que deseas es recuperarte para seguir con tu rutina pero cuando estás sano ¿por qué no haces lo que te gusta? Entonces es cuando la vida te vuelve a dar otro aviso. Se lleva a algún ser querido tuyo. Vuelves a reaccionar y afirmas que la vida es una porquería, que no es justa y que a partir de ahora, vas a luchas por tus objetivos. Que la vida son dos días y hay que disfrutarla. Pero pasado un tiempo se te olvida y vuelves a la misma rutina.

Las personas mueren para enseñarnos a los que estamos vivos que hay que vivir como lo sentimos. En vez de enfocarte en la parte negativa, que es la ausencia de esa persona que tanto quieres, enfócate en el mensaje que te ha dejado. Actúa y vive como lo deseas. Si eres creyente, genial, tu ser querido estará con tu dios. El único inconveniente es la ausencia que ha dejado. Tu dios te quiere y te está pidiendo que aproveches el tiempo. Para ello te ha dotado de capacidad de elección y emociones. Con estas dos virtudes, se forma tu actitud. Será buena o mala, tú decides qué hacer. Dios no quiere ni tanto lamento ni tanta resignación. Reza como si todo dependiera de él, pero trabaja como si todo dependiera de ti.

Sácate de la cabeza que sólo se mueren los demás. Si no eres creyente, también es genial. Refuerza tus teorías, cualesquiera que sean. Como he mencionado anteriormente, tienes las capacidades necesarias para vivir como quieres. El mensaje es el mismo: – aprovecha el tiempo que te queda -. Mientras estés vivo, todo es posible. Además, cuando nos morimos dejamos de preocuparnos por satisfacer las necesidades fisiológicas. El hambre, el frío y el sueño. Con lo cual no tiene sentido que te pases el día quejándote, te vas a morir igual. ¿No será mejor disfrutar del poco tiempo que tenemos?

Piensa por un momento qué pasaría si te mueres ahora mismo. La respuesta es que no pasaría nada. Siento informarte pero es la verdad. Tus seres queridos llorarán un tiempo, pero acabarán aceptando tu ausencia. El estado ya tiene recursos para esta situación. Te recuerdo que no serás ni el primero ni el último en morir.

Te dejo un texto de mi libro “Feliz y con ahorros” donde una mujer no es consciente de que el tiempo en la vida es limitado. Se titula: el tiempo y el dinero.

Ana, es una mujer de 35 años, es economista y trabaja para una reconocida firma de ventas por internet. Está felizmente casada y con dos hijos. Trabaja todos los días, incluido los fines de semanas. Su objetivo es  conseguir un millón de euros para llevar la vida deseada y así poder pasar más tiempo con los suyos. Cuando su marido, hijos o amigos le proponen  ir al cine o a tomar algo, siempre les contesta que ahora no puede. Ha de conseguir ese millón para poder luego dedicarse a ellos.

Ana, ahora tiene 55 años y ha conseguido su preciado millón de euros, pero sus amigos ya no la llaman para quedar, su marido la ha dejado y sus hijos ya son independientes. Un buen día tocan al timbre de su casa y abre la puerta, en frente tiene a un ser vestido de negro y sonriente.

Hola, le dice. Soy la muerte y vengo a buscarte. Ha llegado tu hora.

Toda sorprendida le responde, no. No puedes llevarme contigo. Ahora tengo el millón  de euros y puedo hacer lo que quiero. Vamos a hacer un trato le dice, te doy diez mil euros si me das dos años más de vida.

No, le contesta la muerte.

Bueno, cien mil euros, le vuelve a proponer Ana.

La muerte sigue sin ceder un segundo.

Pues medio millón por un mes de vida.

Siendo negativa otra vez la respuesta de la muerte.

Desesperada, le propone darle el millón de euros por unos segundos más de vida, para poder despedirse de sus seres queridos, volviendo a responder la muerte que no. Lo siento. Te ha llegado la hora y te vienes conmigo, le contesta.

 Moraleja de la historia: Ni un millón de euros pueden comprar tan siquiera un segundo de tiempo. La vida es lo que pasa mientras la planificamos.

Si no sabes cuánto tiempo vas a estar vivo, actúa y disfruta de los placeres que esta te ofrece. Quizás no sean los que quieres, pero mientras los consigues, disfruta de ellos.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo y Escritor

Libros de Omar el Bachiri

 

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